Cañizares: “Componer y tocar para orquesta sinfónica, ahora la OBC, da un gusto flamenco”

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Juan Manuel Cañizares (Sabadell, 1966) lo ha hecho todo en el flamenco, y también mucho más allá de este género. Formado entre su Ca n’Oriac natal y el conservatorio local, cuando aún estaba en el Casal Pere Quart, y acto seguido en el Superior de la calle Bruc, con 15 años ya le llamaba Morente, con quien compartió grandes invenciones (“Omega”, “Lorca”…) Por más de doce fue el segundo de Paco de Lucía, en la mejor época del maestro. Y frecuentó la world músic junto a Peter Gabriel o el jazz mano a mano con Al diMeola, Pardo o Brecker.

Pero ningún guitarrista flamenco vivió nunca como ahora él la experiencia de tocar con las grandes orquestas sinfónicas y, además de solista, como compositor, escribiendo él mismo las partituras de cada músico. “Imagínate lo que se puede hacer con tanta gente”, suelta en una broma digna de un banco de la plaza del Pino, su lugar de la infancia que no pierde de vista. Escenario de trabajo, esfuerzo y vecindad, donde nadie es más que nadie. Además del barrio, y con él Sabadell, un respeto que también va con la música, y el trato con músicos.

A eso va, “a disfrutar con otros músicos de la música”, en la triple cita de este fin de semana en l’Auditori (viernes, sábado y domingo), con su Concierto para guitarra y orquesta n. 2, “Mediterraneo” compuesto por encargo de la OBC (de Barcelona i Nacional de Catalunya) que ha programado el estreno en su temporada regular y con su titular a la batuta, Kazushi Ono. Además, él y la OBC son viejos amigos, Han compartido decenas de conciertos, giras y salas como el Musikverein de Viena. Quizá sólo Victòria dels Àngels frecuentó tanto la OBC.

Entonces fue con el “Concierto de Aranjuez” de Rodrigo. Cañizares llegó a él por invitación de la Filarmónica de Berlín en 2011 (500 millones telespectadores en directo), y antes aún gracias a Paco de Lucía, a quien el de Ca n’Oriac ayudó cuando aquél resolvió el reto de ser el primer flamenco en tocarlo. Desde entonces, centenares de conciertos, con decenas de orquestas entre las mejores. La OBC, con la que más. Incluso una vez con la Simfònica local, para la que sólo parece existir el Sabadell rancio, excluyente. Pero Cañizares lo disfrutó, en casa.

Y si en su concierto n, 1. Al Ándalus de subtítulo y “homenaje a Paco de Lucía” en la apostila, encargo de la ONE (Orquesta Nacional de España) y más en concreto de su entonces titular Josep Pons, ahora en el Liceu, “me caen lágrimas en el segundo movimiento“, adagio como es debido, en este n.2 y con el maestro Rodrigo como inspirador, va al encuentro de la luz, del aire, de la vida. “Es una música muy sencilla, transparente, tonal, diría que fresca“, dice el de Sabadell de su estreno de hoy. Y, tal como lo cuenta, también de homenaje a la OBC.

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Cañizares en pleno ensayo con la OBC. Foto: Mariko Ogura

Busca los duos con la madera, la flauta y el oboé. No sólo en homenaje a Rodrigo, en su rol de guitarra solista se da a tratos casi camerísticos. Tras la fiesta o el drama, y ahí su anterior concierto compuesto en recuerdo de Paco, viene el recogimiento. La única frase melódica debida al maestro Joaquín Rodrigo, en el segundo movimiento que en costumbre o rigor clásico va en temp de adagio, la resuelve a duo con el píccolo, en la orquesta el flautín dicho en castizo. “Sí, al componer pensé en los solistas de la OBC. Va por ellos”, dice en flamenco.

Desde sus tiempos con Paco de Lucía, a quien bien acompañó en acercarse a otros géneros, a Cañizares le fascina la cultura musical de lo clásico, en nada lejana a la del flamenco que, como música popular moderna, le debe sus orígenes tal como la música contemporanea le debe mucho al flamenco, Debussy y con él Falla mediante. En 1998, el de Sabadell llevó a su guitarra las Sonatas de Albéniz, en un disco espectacular. Siguió con su suite “Iberia”, Premio de la Música al mejor intérprete clásico en 2007. Y asimismo Granados, Falla o Scarlatti.

Con el maestro Rodrigo como inspirador, va al encuentro de la luz, del aire, de la vida. “Es una música muy sencilla, transparente, tonal, diría que fresca”, dice el de Sabadell de su estreno de hoy. Y, tal como lo cuenta, también de homenaje a la OBC.

Y al maestro Joaquín Rodrigo, a quien sectores de la crítica o de la historiografia tildaron de autor menor, a Cañizares no sólo le agradece su vindicación de la guitarra, y de ahí “Aranjuez” que precisamente estrenó con la Ciutat de Barcelona, dirigida por Eduard Toldrà, en el Palau y con Regino Sainz de la Maza de solista, tan vinculado asimismo al Sabadell de Francisco Tàrrega, el de su discípulo Fernando Gausente, el del Musical, y, con él, el ilustre fotógrafo Joan Vilatobà, a quien como buen guitarrista y flamenco le llamaban El Serrano.

Aunque aún no se ha programado en ningún concierto, ahora toco a menudo para mi las “Danzas andaluzas” de Rodrigo. Y disfruté con su Concierto Andaluz para cuatro guitarras que toqué, hará cinco años, con tres guitarristas clásicos: Espí, Villegas y Kannari. Además de ser un gran compositor, hizo una labor excepcional en favor de la guitarra, un instrumento que todavía se considera humilde”, considera Cañizares. Como flamenco, bien sabe de esa humildad. El tocaor siempre pendiente del cante o del baile, más que de sí mismo.

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Cañizares con la Orqueste Nationalle de Lille, hace una semana en la Philarmonie de Paris. Foto: Ugo Ponte

Paco de Lucía, en la estela de Agustín Castellón, Sabicas, dio otros espacios y lugares a la guitarra flamenca. Como solista y, a la vez, con otros grupos instrumentales, entre los cuales la Orquestra de Cadaqués dirigida por Edmon Colomer en aquel primer “Aranjuez” tocado por un flamenco. Pero no sólo viene de ahí que Cañizares, por encargo de la ONE (Orquesta Nacional de España) le dedicara su concierto n.1, estrenado hace tres años en el Auditorio Nacional de Madrid y programado después por una docena de orquestas.

Tocar con tantos músicos también da un gusto a un flamenco“, siente y, ante todo, confiesa que “a estas alturas de la vida, tampoco me siento obligado a demostrar nada. Seré lo que sea que soy“. Es músico, como tal artista.

La última, de momento, la Nationalle de Lille, una de las mejores de Europa, hace sólo una semana en la Phillarmonie de Paris, la mejor sala de conciertos del mundo hoy por hoy. “A Paco le debo mucho, sobre todo convivir con él en tantos años de gira y trabajo“, reconoce. Cada vez que toca el concierto n.1 que le dedicó le saltan las lágrimas. “Recuerdo cuando en su entierro me llamaron para que llevara su baul a hombros“. Con su música, Cañizares le devuelve un algo a la vida, creando de nuevo a partir de su legado, sin embargo inabarcable.

El concierto que hoy estrena, y sigue en cartel todo el fin de semana, tiene otras claves. “No sé si es más clásico que flamenco, lo cual tampoco es que me importe mucho. Es guitarra, y con una gran orquesta sinfónica”, señala. Van también otros paisajes y sensaciones, las del Mediterraneo que le da título. Y se siente a gusto. “Tocar con tantos músicos también da un gusto a un flamenco”, siente y, ante todo, confiesa que “a estas alturas de la vida, tampoco me siento obligado a demostrar nada. Seré lo que sea que soy“. Es músico, como tal artista.

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