Cañizares con la OBC, un deleite de sabiduría y virtuosismo

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Cuando, al frente de la Filarmónica de Berlín, Sir Simon Rattle requirió a Cañizares para interpretar con él el Concierto de Aranjuez, subrayó el sentir dramático que a su entender alienta esta obra, aparentemente amable y refinada. Se refirió a la guerra civil y la mundial cercanas al estreno, y a desgracias familiares sufridas entonces por Joaquín Rodrigo, quien aún así nunca perdió la sonrisa, su afán de superación ni el gusto por lo bello en el arte.

“A la memoria del maestro Joaquín Rodrigo”, señala la dedicatoria de este Concierto para guitarra y orquesta n. 2, Mediterraneo, que Cañizares ha compuesto para la OBC (Orquestra de Barcelona i Nacional de Catalunya),y con la que este viernes lo estrenó. Va, en efecto, un gusto por lo bello en el arte, y con él en la vida. Por así decir es como si el de Ca n’Oriac le hubiera dado la vuelta a Aranjuez, al modo de los calcetines, en una reconciliación póstuma.

Este “Mediterraneo” no incluye ninguna frase, ningún detalle melódico, donde se reconozca al maestro Rodrigo. En este sentido, justo lo contrario del Concierto para guitarra y orquesta n.1 (2016) que Cañizares dedicó a Paco de Lucía, abundante en citas para nada tópicas. Aqui no, ni eso. Y, sin embargo, este Mediterraneo suena a Rodrigo desde el primer compás. Está ahí aunque la voz sea muy distinta, y Rodrigo nunca imaginara la guitarra de Cañizares.

Tal como en 2019 el acontecimiento musical sabadellense del año será el estreno en el Gran Teatre del Liceu de la primera ópera de Benet Casablancas, “L’enigma di Lea”, el de este 2018 habrá sido este concierto de Cañizares

El maestro Rodrigo está en lo sensible y, sobre todo, en la relación de la guitarra con cada uno de los instrumentos de la orquesta y con ella en su conjunto. Fue una de sus grandes aportaciones. No en vano, por difícil dada la acústica del instrumento más que sus recursos y expresividad, el repetorio de conciertos para guitarra y orquesta es tan reducido, Y ahí, en tanto que compositor para música sinfónica, Cañizares domina el oficio y la artesanía.

Ante el legado de Rodrigo, Cañizares se comporta en este concierto como un relojero entre los péndulos y engranajes que marcan las horas en la catedrales. En la historia, mira esta vez al pasado, lo cual también es muy moderno. Hasta Mendelssohn nadie recordaba a Bach ni a su familia, y la revalorización de la música antigua no se dio hasta entrado el siglo XX. Y si existen otras alternativas, no es que Cañizares sea ajeno a ellas ni que las desconozca.

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En su Concierto n.1 la mirada era más hacia lo coetaneo, con guiños incluso berstenianos y a su vez cercanos a la relación de Paco de Lucía, o aún más de Cañizares, con el jazz. Asimismo, la primera experiencia de Cañizares con orquesta simfónica fue a partir de la obra que para él compuso el vanguardista Mauricio Sotelo, y estrenó con la Nederlands Philharmonish, quien volvió a requerirle en su monumental ópera “El Público”, sobre textos de Lorca.

Y, contados estos detalles más de entretelas que de corte, lo de verdad importante: Este “Mediterraneo” de Cañizares es una obra deliciosa, luminosa y a la vez de gran intensidad emotiva. Así arranca el allegro con spirito del primer movimiento. Lo flamenco emerge en el adagio central. Alguna falseta hay. Y en el allegro final su guitarra exhibe momentos del mas extremo virtuosismo. Se trata de Cañizares. Pero bien encajados en la orquesta, sin alardes.

Este “Mediterraneo” de Cañizares es una obra deliciosa, luminosa y a la vez de gran intensidad emotiva. Con momentos del mas extremo virtuosismo. Se trata de Cañizares. Pero bien encajados en la orquesta, sin alardes ni banalidades, con buen oficio de compositor

Ciertas sensibilidades sabadellenses cultivadas, y por ello libres de prejuicios rancios, incluso podrían evocar en este último movimiento imágenes de aquellas fiestas mayores que en los setenta tanta categoría tuvieron en Ca n’Oriac, las del entoldado con los más famosos y, lo mejor, aquel ambiente popular, vital y creativo. La música no funciona a base de relatos o estampas. Encaja mal las citas, y aquí ninguna. Pero, en las sensaciones, puede llegar hondo.

En el programa, tuvo el contrapunto final en el Falla de la Jota del “Sombrero de Tres Picos”, mucho más efusiva e impetuosa, a gran orquesta. Se abrió con “Dante”, obra juvenil de Enric Granados. Y en medio Cañizares que, en el bis y a solas, remató con un tema,” A mi mujer Marichan”, de su último disco flamenco, El mito de la Caverna. Y el primero en felicitarle fue el compositor también sabadellense Benet Casablancas, amigos además de compañeros.

Tal como en 2019 el acontecimiento musical sabadellense del año será el estreno en el Gran Teatre del Liceu de la primera ópera de Benet Casablancas, “L’enigma di Lea”, el de este 2018 habrá sido este concierto de Cañizares. Si llegan a tiempo, este domingo a las 11 lo emite Catalunya Música. Vale la pena por el programa, por la OBC a la batuta de Kazushi Ono, su titular (realmente a gran nivel), y por Cañizares, desde luego, y con él un algo de Sabadell

1 COMENTARI

  1. He escoltat amb interés el Concert. Està molt ben escrit i respira bastant Rodrigo en el color i el tractament instrumental. El segon moviment és el més lliure i virtuosístic, molt més que el Concierto de Aranjuez de Rodrigo.Rodrigo no era guitarrista, com ho és Cañizares. Per fer segons què, s’ha de ser l’ofici. Penso i desitjo que aquest concert se seguirà interpretant arreu del món. Enhorabona

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