Buscando soluciones a la suburbialización de Sabadell (I)

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No basta con poner el dedo en la llaga, hay que procurar que ésta cure y cicatrice. El análisis de la decadencia económico y social de esta ciudad, decadencia que también lo es en lo moral y sobre todo en lo político, donde, a diferencia de la vecina Terrassa o ciudades similares a la nuestra, en Sabadell hay abundancia de aspirantes a cabezas de ratón y escasez de aspirantes a cola de león y así tenemos la fragmentación política que tenemos, con el hecho curioso de que son los ratoncillos quienes quitan y ponen al León y lo manejan a su antojo, lo cual hace que la ciudad no siga unos objetivos claros, sino que vaya a remolque del grupo de ratones dominantes en un momento dado.

La queja, por muy acertada que sea, es estéril si no va acompañada con propuestas de solución. ¿Cómo paramos la decadencia y renacemos de las cenizas, si es que realmente queremos volver a ser algo?. Empezaré diciendo que los términos municipales son creaciones medievales, como creaciones medievales son los condados en el mundo anglosajón, ligados a la situación propia del feudalismo: Un señor, un castillo, un territorio más o menos grande adscrito al castillo y una población adscrita al territorio. Esto en el siglo XXI, con toda la movilidad actual de población y mercancías ya no se sostiene y ha de ser superado; si el siglo XIX fue el siglo en que, a finales, las grandes ciudades derriban las murallas que las encorsetaban y no las dejaban crecer, el siglo XXI, en sus inicios, ha de ser el tiempo en que se replanten los términos municipales, sobre todo aquellos que encorsetan a las ciudades y no las dejan respirar.

Durante la campaña de las elecciones municipales de 2011, ya mostré mi opinión de que esta ciudad había entrado en la senda de las ciudades dormitorio y que para poner freno a ello lo primero que habría que hacer era la ampliación del término municipal (ya agotado) mediante la anexión al mismo de los pueblos limítrofes que funcionan cual satélites de la ciudad, de manera que todo lo que había sido el partido judicial de Sabadell se constituyera en una única ciudad. Lo de que Sabadell iba camino de ser una ciudad dormitorio fue entonces negado categóricamente, incluso objeto de alguna burla, hoy ya se habla abiertamente de ello por personas mejor informadas.

De lo de la anexión de los pueblos circundantes llegaron a decirse auténticas barbaridades  por personas que, con ello, no hacían sino manifestar su desconocimiento de cómo se han formado las actuales grandes ciudades como Madrid o Barcelona y asimismo desconocen cuál ha sido el origen y crecimiento geográfico de Sabadell, que como tal, es poco más que la plaza Sant Roc, siendo todo lo demás lo que podríamos llamar territorio conquistado. Dejando de lado que la Arrahona romana estaba al otro lado del río Ripoll, en terrenos de lo que hoy es La Salut, el Sabadell que nace en la edad media tenía por el norte su límite en lo que hoy es la plaza Marcet (la ronda Zamenhoff se llama ronda y no calle por algo). No hace aún ni 100 años que de plaza Marcet para arriba, es decir, la mitad de la ciudad, eran terreros de San Pedro de Terrassa, no de Sabadell, ni tampoco de Terrassa estrictamente. Por la zona sur, el barrio de la Creu de Barberá fue segregado de Santa María de Barberá (hoy Barberá del Vallés) y agregado a Sabadell en los años 50 del siglo pasado, y en los años 70, también del pasado siglo, con motivo de la construcción de la autopista Terrassa-Barcelona, una pequeña porción de Sant Quirze del Vallés pasó a ser de Sabadell. Por lo tanto los que se escandalizaron con la palabra anexión, deberían pensar en esto, que Sabadell, geográficamente hablando, es la plaza Sant Roc y aledaños y, como he dicho, todo lo demás no es sino “tierra conquistada”.

La unión de todos estos pueblos con sus términos municipales y sus aproximadamente 350.000 habitantes en una única ciudad, tendría muchos efectos benéficos, uno de ellos, nada desdeñable, es acabar con la ciudad dual; me refiero a la dualidad centro-barrios, que otras ciudades parecidas a la nuestra hace tiempo que lo tienen superado y que entre nosotros ya dura demasiado. Otro efecto y primordial es que la ciudad adquiriría potencial de crecimiento y contrapeso respecto de la ciudad de Barcelona de la que ahora carecen los distintos pueblos por separado.

Puede que haya otras soluciones, que no he explorado, pero lo cierto es que seguir como hasta ahora es ir acercándonos poco a poco a ser un suburbio de Barcelona, como lo acredita el reciente acuerdo de traslado a la capital de los servicios de oncología infantil, hasta ahora y desde sus inicios, prestados por el Taulí.

Cierto que esto también supondría un único Ayuntamiento y el prescindir de la cosa esa del “sabadellenquismo” (palabro éste del que nunca he entendido su auténtico significado, si es que lo tiene, y creo no ser el único). Ello, al mismo tiempo, supondría una concentración y racionalización de servicios y con ello también un gran ahorro en gasto, así como una racionalización de impuestos; al respecto  y por poner solo un ejemplo, es absurdo que Sant Cugat, uno de los pueblos con mayor renta per cápita de España, tenga mayores bonificaciones en el impuesto de plusvalía por causa de fallecimiento, de manera que viudas y descendientes casi no pagan nada y en cambio en Sabadell, un pueblo de pobres en comparación con Sant Cugat, la bonificaciones en el impuesto de plusvalía por causa de fallecimiento son ridículas y sangrantes para los afectados.

Naturalmente que ello necesitaría un liderazgo político fuerte que venciera las muchas resistencias que sin duda pondrán los ratoncillos cuando vean que esto, que no es sino una adaptación a las exigencias de los nuevos tiempos, supone para ellos la pérdida de sus trocitos de queso.

 

 

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