La familia, el alumno y el maestro, piedras angulares de la educación

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Hay diseñadores para todo; no podemos quejarnos por falta de ellos. ¡Cómo proliferan! Los de formación y desarrollo –que los hay- cuentan con sus ventanas informativas y, por ellas, van suministrando cuanto ofrecen con la intención de hacernos aceptar su mercancía. Mas ojo al dato cuando traten de temas como son la educación y la enseñanza, por ser mucho lo que nos jugamos tanto en las familias, de forma particular, como en la sociedad a la que pertenecemos, como conjunto de convivencia.

Cierto que en los colegios se está viviendo “época nueva” y no me estoy refiriendo al alejamiento del maestro de tiza y encerado; pero, sin miedo a los cambios, hay que arbitrar soluciones concretas para lograr un renacimiento de valores al ver que, por ese dejar hacer, valores tan necesarios como la disciplina, la responsabilidad y ese tan importante del respeto mutuo, que siempre fueron básicos para realizar este trabajo, han ido desapareciendo.

En la familia, son los padres, por derecho propio y por el que las leyes les otorgan, los verdaderos responsables de la tutela y educación de sus hijos, quedando colegios y maestros en colaboradores precisos de esa responsabilidad. Bien apuntaba Séneca al tratar el tema: …largo es el camino de la enseñanza por medio de las teorías; breve y eficaz por medio del ejemplo”. En una sociedad tan materializada, donde el consumismo –de lo que sea- es un hábito. Donde tantos y tantos casos se dan con violencia de sexo (Manadas) o cosas parecidas. Donde, cada día, va apareciendo la degeneración con situaciones, entre otras, de pornografías, drogas y violencia de género. Con esa mixtura, conocida por todos y con las consecuencias consiguientes, por fuerza, van haciendo derrumbarse hasta el que se cree más fuerte. ¿Qué decir entonces, de aquellos que, por su edad, están en periodo formativo?

Familia y colegio, cada uno en su lugar, le corresponde una responsabilidad compartida, pero ¿quién podrá cuestionar que fuera en el hogar y en el seno familiar donde deberían nacer hábitos que, sin llegar a dictatoriales, fueran cauce para crear un orden de comportamiento y responsabilidad?

Al alumno, desde el comienzo de su aprendizaje hay que considerarlo como lo que es: persona, y esa esencia hay que respetarla siempre dentro de unas normas que estarán de acuerdo con su proceso evolutivo.

Llegado al colegio, será entonces cuando al maestro le corresponda la competencia de indicar caminos, para que el alumno descubra valores. Y, sin pararse ahí, el maestro con su ayuda, irá haciendo que el alumno vaya adquiriendo conocimientos y conductas con el aprendizaje necesario para su proceso educativo. A esta meta, jamás se llega con argumentos y programas contemplados a través de cristales de colores partidistas.

Al alumno, desde el comienzo de su aprendizaje hay que considerarlo como lo que es: persona, y esa esencia hay que respetarla siempre dentro de unas normas que estarán de acuerdo con su proceso evolutivo. Entre esas normas y, desde comienzo, el alumno debe tener de forma clara sobre su mesa deberes y responsabilidades adecuadas a las circunstancias y no sólo derechos. Mahatma Gandhi, político y defensor de los derechos de la comunidad india, siempre que la ocasión lo requería, exhortaba a sus oyentes diciéndoles: “Todo derecho que no lleva un deber no merece que se luche para defenderlo”.

De ahí que, al hablar en la educación de derechos, en platillo semejante se deben pesar también obligaciones y responsabilidades; porque en ocasiones, en los centros, por miedo a aplicar esta receta se está pagando el error. Al alumno hay que descubrirle sus verdaderos intereses para que él con su laboriosidad vaya aplicando sus iniciativas. Familia y maestro deberán estar dispuestos a servirles en el planteamiento de sus dudas, tanto en la parte de positiva, cuidándoselas; como en su parte negativa, corrigiéndolas.

“El estímulo más eficaz para el alumno radica en su admiración por el valor espiritual y la pureza de vida de su maestro” (Juan L. Vives humanista español) el maestro debe ser el depositario tanto de la educación como de la instrucción por parte de la familia, de ese bien primordial como son los hijos. Esto implica una responsabilidad que él por vocación y profesión deberá aceptar. No obstante, siempre deberá ser la familia “el cimiento de ese edificio”.

La responsabilidad aceptada por el educador, junto a los ingredientes que deben acompañarle de “predisposición”, ”comportamiento”, “confianza” “amor” y “cumplimiento” en los que Pestalozzi pedagogo suizo y el educador italiano, hoy conocido como San Juan Bosco coincidían. Todo eso y, a más y más su necesaria vocación y experiencia, deberían ser motivos suficientes para su libertad de acción dentro de cauces legales y reglamentarios y alejándoles de ser considerarlos como robot (tan de moda hoy) dispuestos para hacerlos ejecutores de particulares fines.
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