Borja Holgado, paleontólogo del Crusafont, descubre y describe el mayor réptil volador de la península.

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Recreación en vida de diversos de la nueva espècie, Iberodactylus andreui (Hugo Salais-López, Metazoa Studio)

Se trata de un pterosaurio, reptiles voladores que sin embargo no eran dinosaurios aunque convivieran y dominaran el cielo en aquellos tiempos del Mesozóico. Este, que ha recibido el nombre de Iberodactilus andreui, vivió hace 125 millones de años, en el ahora municipio de Obón (Teruel), y de punta a punta de las alas alcanzaba 4 metros de envergadura. Las otras tres especies conocidas en la Península Ibérica eran de menor tamaño.

Borja Holgado, del Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont y vinculado asimismo al Museo Nacional de Rio de Janeiro, el más antiguo de Sudamérica, lidera el equipo científico internacional que acaba de dar a conocer la nueva especie en la revista Scientific Reports.

Además de otros paleontólogos sabadellenses, participan en él la Universidad de Zaragoza, que conserva los fósiles correspondientes. Pero el centro de la investigación ha radicado en la calle Escola Industrial de Sabadell, la gran referencia en dinosaurios y faunas del Mesozoico.

La especie más próxima a este Iberodactilus andreui se localiza en el nordeste de China. Seria el Hamipterus tianshanensis. El registro fósil de pterosaurios es muy escaso, entre otras razones porque, en su condición de voladores, tenían las huesos ligeros y frágiles.

Entre los fósiles que han permitido describir y caracterizar la nueva especie destaca el de un craneo y, en este, una extraña cresta, sin motivos funcionales aparentes. Los palentólogos la relacionan con un dimorfismo sexual. Y el pico, con una dieta a base de peces y amfibios.

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El craneo fósil del pterosaurio . Iberodactylus andreui (ICP Miquel Crusafont)

“La premaxila presenta algunas hileras de dientes cónicos, los cuales nos indican que se alimentaba de peces” detalla Jose Ignacio Canudo, del grupo Aragosaurus de la Universidad de Zaragoza. Otros pterosaurios cazaban vertebrados terrestres, y los hubo mayores aún.

Se conocen un centenar de especies de pterosaurios que incluyen los animales voladores más grandes de todos los tiempos. Quetzalcoatlus, por ejemplo, que con 11 metros tenía la envergadura de una avioneta. Todos se extinguieron al mismo tiempo que los dinosaurios.

En Sabadell se da casi por habitual que el Crusafont descubra a menudo nuevas especies y géneros. Las otras instituciones participantes en la investigación la han vivido, sin embargo, con mayor emoción y grandes esperanzas. Muy en especial el Museo Nacional de Rio de Janeiro, victima este verano de un terrible incendio

Los pterosaurios fueron el primer grupo de vertebrados que desarrolló el vuelo activo. La estructura de sus alas era parecida a la de los murciélagos actuales, pero con la diferencia que estaba sujetada por un dedo hipertrofiado y no toda la mano como los murciélagos.

En Sabadell se da casi por habitual que el Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont descubra a menudo nuevas especies y géneros. Las otras instituciones participantes en la investigación la han vivido, sin embargo, con mayor emoción y grandes esperanzas.

El Museo Nacional de Rio de Janeiro, cuya monumental sede histórica fue destruída hace apenas meses por un terrible incendio, ha querido hacer constar al pie del estudio, en el que participa, esta apostilla: “El Museu Nacional vive a través de investigaciones como ésta“.

La trascendencia científica de esta nueva especie no es anecdótica. Iberodactylus andreui da pie a la creación de una familia de pterosaurios, con la china Hamipterus tianshanensis: los Hamipteridae según el nombre se le ha dado, precisamente por el extremo de sus alas.

La investigación también se centra en la evolución y diversificación del linaje Anhangueria, que, además de los hamiptéridos, incluye otros grandes pterosaurios piscívoros con cresta, como Anhanguera piscator o Tropeognathus mesembrinus. Fauna del mundo perdido, claro.

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