Banc Sabadell: Oliu busca su reelección pese a que pagará el dividendo más pequeño en cinco años

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Josep Oliu rendirá cuentas ante los accionistas (propietarios) de Banc Sabadell el próximo jueves durante la Junta Ordinaria de Accionistas que por segundo año consecutivo no se celebra en Sabadell (ahora, en Alicante), y con su reelección entre los principales puntos del orden del día. Para ello, el presidente de la entidad ha intentado mantener el pago de dividendos en los niveles máximos permitidos en forma de redención, aunque dicha retribución no podrá hacer olvidar a los asistentes (y al resto de inversores) el mal año que ha padecido la firma.

Si el 2018 ha sido un año nefasto para el banco, no lo ha sido menos para sus accionistas, ya que han sido uno de los grandes perdedores de la bolsa española. El primer golpe a sus finanzas lo han sentido a través del propio precio de los títulos que poseen, ya que en apenas un año han perdido cerca de la mitad de su valor, y lo peor de todo es que no parece que vaya remediarse a corto plazo. Aunque ahora toca asumir un segundo golpe una vez se apruebe el dividendo con cargo a 2018, y éste será mucho más palpable.

La propuesta de la entidad del Vallés es abonar un dividendo de 0,03 euros por cada título, de tal manera que los accionistas de Banco Sabadell recibirán en 2019 hasta un 57% menos de lo que cobraron hace exactamente un año. Además, el golpe a los inversores va más allá, puesto que se trata de la retribución más pequeña ejecutada por la entidad en los últimos cinco años, ya que para encontrar un pago tan modesto en efectivo se debe remontarse al aprobado en 2013. Dicho de otra manera, la firma reembolsará a sus inversores con una cifra que no se veía desde tiempos de crisis.

Diez mil acciones del Sabadell eequivalían hace un año a 17.310 euros (con un dividendo de 700 euros), mientras que ahora apenas alcanzan un valor de 9.600 euros (incluidos  los 300 de dividendo en este 2019). Los accionistas están perdiendo dinero

Para hacerse una idea del agujero en los ahorros producido bajo la gestión del equipo directivo de Banco Sabadell en los últimos años, se pueden realizar unas sencillas cuentas: tomando como ejemplo un accionista que tiene 10.000 acciones, su inversión valía el 31 de marzo de 2017 unos 17.680 euros (incluido el pago de 500 euros en dividendos). En la misma fecha para 2018. La inversión ascendía a 17.310 euros (con un dividendo de 700 euros), mientras que ahora apenas alcanza un valor de 9.600 euros (incluido los 300 euros que cobrará en 2019). Lo anterior supone, que prácticamente cualquier accionista de la firma de Sabadell está perdiendo dinero en la actualidad.

A pesar de que las cifras comparadas dejan en muy mal lugar la gestión de la entidad, Oliu y su equipo ha intentado forzar todo lo posible el pago al alza, lo que dada la situación del banco podría ser peligroso. El esfuerzo que realiza una empresa a la hora de retribuir al accionista no se mide a través de la cifra que paga, sino en comparación con los beneficios obtenidos (es lo que se denomina técnicamente ‘payout’). En este caso, los más de 168 millones que abonará la entidad  supone superar el 51% de las ganancias en el año, y es el porcentaje más alto en los tres últimos años. Por lo que Oliu pretende hacer olvidar el mal momento del banco con el pago del mayor dividendo posible dados los bajos beneficios obtenidos en 2018.

El desastre de TSB y el desplome del capital del Sabadell

En condiciones normales, dentro de una empresa cotizada, la caída en el dividendo distribuido se debe a tres razones, aunque se puede deber a una de ellas, a dos o a las tres. La primera es una exigencia de los acreedores que temen que el capital que sale de la compañía la descapitalice, se trata por ejemplo de DIA en el último año que retribuyó a sus accionistas con más de 100 millones en forma dividendos, que luego dejó a la compañía sin margen para actuar. En segundo lugar, estaría que la empresa no pueda permitirse seguir pagando la cifra anterior, una situación que si se acerca a lo que ha sucedido en el Sabadell. Los beneficios del banco se redujeron con fuerza en el pasado ejercicio a consecuencia del agujero, de casi 400 millones de euros, que le hizo su filial británica, TSB. Obviamente, los dividendos solo pueden provenir de los beneficios (si se pagan con deuda es una mala señal), por lo que al final la aventura inglesa apadrinada por Oliu ha tenido un coste visible y palpable para los inversores del banco.

Además de las dos razones anteriores, existe una tercera que consiste en que la empresa en cuestión está necesitada de capital para acometer nuevas estrategias. Pese a ser la última, tiene una importancia vital que se acrecienta en el caso de los bancos, ya que el regulador exige a las entidades mantener un colchón de seguridad para posibles imprevistos. El problema es que Oliu ha forzado el pago de dividendos, por la mala marcha del negocio, en un momento en el que la firma no va sobrada de fondos propios.

Por último, JP Morgan también prevé que de cara a los próximos años el capital del Sabadell no se recupere hasta el 12% previsto, sino que se quede en el rango del 11,7%. En otras palabras: ‘agárrense, que vienen curvas’

Lo anterior podría estimarse en cierta medida como una temeridad, por dos razones distintas. Por un lado, porque en el último año el capital de máxima seguridad que mantiene el banco en el balance, denominado CET 1 Fully Loaded, se derrumbó del 12,8% con el que cerró el 2017 al 11,1%. Una caída que se aprecia todavía más en el volumen de fondos propios que mantiene la entidad del Vallés, ya que los 12.544 millones que tenía a 31 de diciembre de 2018 es la cifra más baja en los últimos 20 trimestres.

Por otra parte, porque la generación de capital para el 2019 y en adelante va a ser complicada para el banco, lo que pone en más tensión el balance. Así, según las estimaciones de JP Morgan los fondos propios del banco “se verán afectados por los obstáculos regulatorios este año. Dado el índice actual (del 11,1%) en el cuarto trimestre, vemos un riesgo potencial de que el capital CET1 caiga por debajo del 11% (nuestra estimación es de aproximadamente el 10,9%), lo que podría incomodar al mercado”. Por último, el gigante también prevé que de cara a los próximos años el capital no se recupere hasta el 12% previsto, sino que se quede en el rango del 11,7%. En otras palabras: ‘agárrense, que vienen curvas’.

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