En el Día D: El olvidado vecino de Merinales que desembarcó en Francia y capturó al criminal nazi Von Neurath

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Oficiales de la Legión francesa en el desembarco de Provenza

Ramon Ciuraneta se jubiló como inspector-revisor en los autobuses de Sabadell, cuando los regentaba la empresa Martí, y vivió en su modesto piso de los Grupos Arraona, Merinales, hasta que falleció en 1996. Pero con galones de cabo (brigadier) y al volante de su jeep por delante de los tanques, a la vanguardia del avance aliado, en 1944 desembarcó en Francia.

Nunca la ostentó en Sabadell, pero fue condecorado nada menos que con la Croix de Guerre con palmas y estrella, tras dos citaciones a su valor en combate: una en el orden del día de su brigada, en el histórico 1er. Regimiento Extranjero de Caballería (Legión Francesa), y otra en el orden del ejército, mucho más importante aún. Se expenden diplomas para exhibirlo.

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Carnet de Ramon Ciuraneta, como excombatiente de la Legión francesa

Su mayor acción, haber capturado con vida y tras combatir a su escolta formada por tropas de las SS, nada menos que a Konstantin Von Neurath, general SS, gobernador entonces de Chequia (Protectorado de Bohemia y Moravia) y que antes fue, además, el primer ministro de Exteriores de Hitler, entre su mentor Von Pappen y Von Ribbentrop, que le sucedió.

Se trataba de un pez muy gordo y, aunque diplomático de formación, no se entregó por las buenas. El combate sucedió en Lindau, junto a la frontera entre Baviera, Austria y Suiza. Superados por el ataque que Ciuraneta encabezó, y dejando bajas sobre el campo, el resto de los SS de escolta huyeron, y así abandonaron a quien intentaron proteger, aún en el principio del fin: El hundimiento.

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Konstantin von Neurath, el jerarca nazi que capturó el sabadellense Ramon Ciuraneta

Acabó juzgado en Nuremberg como criminal de guerra, y condenado por ello a 15 años en la prisión de Spandau. Falleció antes de cumplirlos, en 1954. Siempre recordó al “español” que le apresó y que, sin saberlo, vivía ya entonces en Sabadell. En Sabadell, en cambio, apenas nadie supo lo histórico de Ramon Ciuraneta, ni apenas nadie le recuerda salvo su familia.

Su hija, Encarna Ciuraneta, lleva de cabeza escribir “algo, pero de ficción” sobre el padre. Fue profesora en el IES Sabadell, ya jubilada. Aunque se pierda entre temas militares (armas, grados, honores…) queda el lado humano, y más tan de cerca: “Una persona muy sencilla, de izquierdas, claro, a quien no le gustaba nada hablar de la guerra“, durísima para él, claro.

No presumía, ni siquiera, de haber combatido al fascismo y el nazismo, ni de la victoria a la que contribuyó en primera linea de fuego. Quizá también porque Ramon Ciuraneta venía de la derrota. En Palma d’Ebre, su pueblo aunque en realidad nació en la Vilella Alta, se alistó voluntario al Ejercito Popular tras la Batalla del Ebro, con solo 16 años. Aquí, solo la retirada.

Su historia forma parte de la de una generación, la de la Quinta del Biberón a pesar que él era incluso algo más joven todavía. Parecida a la del también sabadellense Robert Pujol, con quien sin conocerse entonces, coincidió en el campo de Argelés. Ambos se alistaron allí a la Legión Extranjera, por hambre y por jóvenes. Aunque voluntarios, no escogían a cualquiera.

“No sé por qué mi padre fue voluntario. Tal vez la adolescencia: Salir del pueblo, ver mundo. También una inquietud política: era de izquierdas. Pero entonces era casi un niño, y después no le gustaba hablar de aquello“, lamenta su hija porque en ello siente un hueco en la historia familiar, y seguramente aquello que el suyo no era un padre como los demás. Habia algo.

Hay otros datos, casi intuitivos. La Palma d’Ebre fue, en parte por cercanía a la batalla, de los municipios catalanes más castigados por la represión franquista en guerra No tanto como otros extremeños o andaluces en 1936, donde fue más brutal. De 956 vecinos, 16 fusilados, y otros 30 detenidos. Y en 1939. Entre las víctimas, familiares directos de Ramón Ciuraneta.

Como a Robert Pujol, a Ramon Ciuraneta le marcó la durísima instrucción de los aspirantes a legionarios. “Marche ou crêve”, camina o revienta. En Sidi bel Abes (Tùnez), en el desierto hostil, marchas de 50 kilómetros al día cargando mochilas cargadas de piedras. “Le cafard”, en literal la cucaracha: Peor que la depresión. Abundaban los sucidios, como bien supo.

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Tropas de la legion francesa de instrucción en Sidi bel Abés, en la década de los 40

De eso sí hablaba, y del bautismo de fuego frente al Africa Korps en Túnez: Aquellos con sus panzerdivision y la caballería de la Legión Francesa, y allí él, aún con caballos, como en la I Guerra Mundial. Pero entre los legionarios, y muy apreciado por los españoles, significó no obstante el salto a los aliados, la Francia Libre. Antes, sus jefes, seguían órdenes de Vichy.

Ramon Ciuraneta no desembarcó en Normandía. Lo hizo en Provenza, en concreto la playa de Saint Raphael cercana a Tolón, apenas dos meses después. En Francia se conmemora casi tanto como el de Normandía. Aquél fue el de ingleses, americanos y canadienses, y el de la Provenza más francés, aun con predominio de las tropas coloniales y la legión extranjera.

Y allí, Ramon Ciuraneta al volante de su jeep en patrulla siempre avanzada. Tras él los halftrack y los tanques sherman con los que Estados Unidos equipó a la caballería francesa. Como consta en la bandera del 1er Regimiento de Caballería Extranjera, entrarón en Alemania por Colmar, Alsacia (cruenta batalla), y de ahí a Stuttgart. Y Lindau, claro está. Diez cruces de guerra, entre las cuales la que ganó Ciuraneta.

Se licenció en 1946, con la nacionalidad francesa que se concede a los exlegionarios. Ramon Ciuraneta pudo ser alguien muy respetado en Francia, pero aún así volvió a Catalunya y, con la frontera todavía cerrada. Detención, interrogatorios y un futuro para nada halagüeño en la “España de Franco”. ¿Por qué regresó tan pronto? Seguramente se añoraba, dice su hija.

Trabajos y oficios diversos, por tanto inestables. La dificultad por sobrevivir en la vida civil y normal, en los medios obreros españoles de la época. Y él, aquí, como uno más, y además anónimo. A la muerte de Franco le ilusionó votar al PSUC, los comunistas. “No era militante pero sí de izquierdas”, cuenta Encarna Ciuraneta. Y formó familia, hijos… No menos heróico.

En actos de excombatientes, animados por el consulado francés en Barcelona (Francia, agradecida), coincidió con Robert Pujol, otro sabadellense excombatiente en la Legión. Se les ve juntos, en fotos de aquellos encuentros. A Encarna Ciuraneta, en cambio, no le consta. Ni sabía que su padre tenía un compañero de armas en Sabadell. Un pasado difícil para todos.

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Ramon Ciuraneta, segundo a la derecha, en primera fila. Tras él, con chaleco blanco, Robert Pujol, en un homenaje a los supervivientes de la Legión francesa celebrado en 1989 ante el monumentoa los voluntarios catalanes en la I Guerra Mundial, en el cementerio de Montjuïc

A Robert Pujol, hijo de un metalúrgico sindicalista de L’Obrera y primo de la radiofonista Odette Pinto, le tocó la Quinta del Biberón. Tras el traumático Sidi bel Abés, le destinaron a Conchinchina, primero contra los japoneses y después el Vietminh, porque le alcanzó hasta la Guerra del Vietnam, entrados los 50. Y su padre, mientras, preso político en la Modelo.

Regresó a Sabadell gracias a Marcet, el de la plaza que ahora quitan. Le arregló los visados y le dio un primer trabajo de socorrista en su piscina. Robert Pujol militó en el PSC, valiente. Y, caballero no solo por legionario, cada mediodía hacía tertulia en la Granja Urpí junto a los pintores Ramon Noé y Molins de Mur, y el topógrafo Tomàs, historia viva del Círcol Federal.

Robert Pujol citaba a Nietzsche, en quien vio reflejada su experiencia vital tan al límite. Entre Sabadell, Vietnam y Sabadell, 10 años con el Día D en medio. Antes de regresar a casa, trabajó un tiempo enterrando cadáveres de soldados en Normandía. Prefirió regresar a Sabadell, aunque como Ciuraneta fuera casi un proscrito durante el franquismo. Pero consiguieron rehacer sus vidas, en casa.

A Ramon Ciuraneta le bastó el carnet de cartón que, con foto y sello, atestigua su Croix de Guerre. “Para tenerla en medalla, los franceses hacen pagar el coste”, cuenta su hija. La pidió y pagó ya de mayor, cuando ya en democracia se redescubrió como “veterano” y reencontró viejos compañeros. Debería pedir también los diplomas de las citaciones. “Lo daré todo al Museu Memorial de La Jonquera”, el del exilio. La historia, la sufre quien la sufre, pero es de todos.

1 COMENTARI

  1. Josep muy buen relato. Cuando quieras te cuento la historia de mi familia, cuatro muertos y desaparecidos , uno fue alcalde de Sierra de Yeguas en Málaga, del PSOE. TODOS MUERTOS Y DESAPARECIDOS.

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