Una sola cuchillada en la femoral: Parece más homicidio que asesinato, y más atraco que reyerta

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En la opacidad informativa que distingue a los Mossos d’Esquadra desde su implantación, y en su inicial insolvencia para la investigación criminal que causó daño en general y en Sabadell en particular (el de Calzados Acín no es el único caso en la ciudad), lo del pasado sábado en la calle Gracia ha dado lugar a relatos periodísticos diversos, sean o no fruto de filtraciones.

El relato más coherente hasta ahora podría ser el aportado hoy por el digital Isabadell.cat aunque, hasta que los Mossos no informen abiertamente a todos los medios, nada resulta creible sin más, y hasta que los jueces se pronuncien, nada será definitivo. El de Isabadell advierte de una única herida en la ingle, afectando a la femoral. Concreto y suficiente.

Es un detalle relevante, a efectos de condena entre otros. La voluntad de matar, distingue el delito de asesinato del de homicidio. La intención no seria tan clara como en el caso del ensañamiento, relatado por otro medio local, o la de del corte en el cuello, seccionando la yugular, o buscando el corazón en el tórax, heridas ambas “mortales de necesidad.

La medicina bélica y la taurina, conocen bien la femoral. Puede desangrar rápido, pero no afecta directamente al cerebro o al corazón,de donde vienen las muertes. Sobre la femoral, si se llega a tiempo y hay medios, el torniquete o apretar con la mano sobre la herida pueden salvar la vida si despues se puede pinzar sobre al vaso, cortando la hemorragia.

Este detalle explicaría los esfuerzos que, según el relato, efectuaron los policías municipales que acudieron ante la advertencia de vecinos, que según el mismo relato se reclamara a una ambulancia y que el empeño fuera en vano. A diferencia de la guerra, en la calle Gracia no había un sanitario cerca del herido ni, como en los toros, una enfermería en la plaza con su cirujano a punto.

La ingle de la víctima quedó a la altura del brazo extendido del agresor y, por tanto, de la mano que hubiera blandido el cuchillo o navaja con el que provocó la muerte. Otro dato. Puede tomar sentido junto a otros igualmente imprescindibles en la investigación, quizá tampoco difíciles. En este caso, los Mossos no van tan a ciegas.

Si la víctima, un joven de 32 años residente en Barcelona, salía del cajero de BBVA, enfrente del cual cayó de muerte, en el mismo cajero constará si retiró dinero, cuanto, y el momento exacto del delito. Y, además, quedará la grabación de las cámaras, sagradas en los cajeros. La investigación no será fácil. Pero el BBVA y la calle Gracia, aunque inhospitos de madrugada, tampoco son ningún descampado.

En lo penal, y aquí lo que indiquen en su momento el atestado policial y más aún el juez instructor, el caso podría ir desde el asesinato, si hubiera voluntad de matar, al homicidio que, si mediara intención de robo y aquí agravante, pudiera ser “preterintencional”, en los códigos penales del siglo XIX, o sea, “con efectos de mayor gravedad que los pretendidos”. Delitos diferentes, con penas distintas.

Todo ello escabroso, claro está. Aunque no trascienda, el golpe que las muertes violentas ocasionan, particularmente intenso en los allegados. Para la ciudad, mucho más que un motivo de incertidumbre. Y para nada será demagogia señalar que la garantía de la seguridad ciudadana es cometido de la autoridad pública. Para eso está, también.

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