Inesperado hallazgo en Barberà de un desconocido ciervo almizclero: Pobló el Vallés hace 12 millones de años

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Ciervo almizclero actual, en sus últimos reductos de Siberia

Encontrar vivo un ciervo almizclero es todo un acontecimiento. Quedan muy pocos, y solo en lo más remoto de Siberia y el Himalaya. En 2016, el hallazgo de los que se dieron por extinguidos en Afganistan, y ahí siguen afortunadamente, llenó páginas en los diarios.

Y encontrar sus fósiles de los tiempos del Vallesiense (momento en la historia de la Tierra que discurrió hasta hace 9 millones de años, y al que el Vallès da nombre), es algo con lo que ni los palentólogos contaban. Pero el hallazgo se ha dado. En Barberà, ¿Dónde si no?. Y hay más.

De China al Vallès
Los ciervos almizcleros de China tampoco han sido ajenos al descubrimiento. El especialista Israel Sánchez, investigador asociado al Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont, identificó en 2011 una nueva especie, Hispanomeryx andrewsy, a partir de fóslies que en 1930 halló en el Gobi el estadounidense Roy Chapman Andrews, y sin embargo no estudió.

O sea, aunque ahora la han encontrado por primera vez en casa, en el Vallès y el Penedés, los científicos sabadellenses conocían de primera mano el género y la familia de los ciervos almizcleros, moschidae. Aquel trabajo de Israel Sánchez se centró en las colecciones del American Museum of Natural History de Nueva York, pero abarcó otras especies en la Península ibérica; también de hace 12 millones de años como aquella.

La revista de referencia en el tema, Journal of Vertebrate Paleontology, lo publica este julio, Con el artículo científico de rigor, dan cuenta del hallazgo sus descubridores: todos ellos del sabadellense Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont, dirigidos por el especialista Israel Sánchez y con su ex-director, el ilustre Dr. Salvador Moyà-Solà, entre los coautores.

Aunque fueron muy abundantes en la Península ibérica antes y después del Vallesiense (entre 12 y 9 millones de años), en particular en el posterior Turoliense (de 9 a 5 millones de años), la falta de fósiles hacía creer a los palentólogos que los ciervos almizcleros no se habían adaptado a los espesos bosques tropicales motivo de la riqueza fosilífera del Vallès-Penedés.

Se creía que, como sus descendientes actuales, entonces los ciervos almizcleros gustaban más de espacios abiertos. Pero lo desmienten ahora dos hallazgos simultaneos. En el Castell de Barberà, una mandíbula de Micromerix, la especie más abundante en el Mioceno y, en Hostalets de Pierola (EcoParc Can Mata, límite Anoia-Penedés), una especie nueva.

En el artículo, donde los científicos sabadellenses la describen, también le ponen nombre: Hispanomeryx Lacetanus, por los lacetanos que entre los íberos poblaron la actual Anoia tal como los ilergetes el llano de Lleida o los laietanos el Maresme y el Vallès. Este de Can Mata es algo más antiguo que el de Barberà. Pero su paisaje y fauna eran las del Vallesiense, evolucionando claro.

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Excavaciones en el yacimiento del Castell de Barberà (ICP Miquel Crusafont)

Convivieron incluso con primates, entre los cuales homínidos. En el Castell de Barberà el Dr. Salvador Moyà-Solà identificó en 2012 una nueva especie de macaco, cercano a los actuales babuinos aunque de menor tamaño: el Barberapithecus, o sea mono de Barberà, Y en el vecino y coetanio de Can Llobateres, el célebre Jordi, Hispanopithecus Laietanus.

Como Pau, el algo anterior Pierolapithecus de Can Mata, el sabadellense Jordi también fue portada en Nature, junto a Science la revista científíca de mayor prestigio. Aunque ambos estan en la linea evolutiva de los actuales orangutanes, los póngidos, Pau sorprendió por sus rasgos comunes con los antopoidess: ahora el chimpancé y el gorila además del hombre.

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Mandíbulas fósiles de la nueva especie Hispanomeryx Lacetanus, halladas en el yacimiento del EcoParc de Can Mata en Hostalets de Pierola (Anoia)-ICP Miquel Crusafont

El nuevo Hispanomeryx Lacetanus, coetaneo y cercano a aquel Hispanomeryx andrewsy, no solo tiene el valor de ampliar el registro fósil. Junto con el asimismo inesperado Micromerix de Barberà, obliga a revisar todos aquellos ciervos almizcleros del Mioceno, en especial los de la actual Península ibérica, y llama la atención sobre los peligros de sus descendientes.

A pesar de llamarles ciervos, se trata más de rumiantes parecidos a las gacelas o incluso cabras aunque de mayor tamaño: unos 70 kilos. No tienen cuernos y destacan por largos colmillos con los que pelean los machos durante el apareamiento. “Ciervos vampiro”, les llaman también. Y se cazan por el preciado almizcle, de las glándulas con que lo segregan.

Con su olor intensímo, el almizcle les sirve para marcar territorios. Desde muy antiguo, se utiliza para elaborar perfumes, mezclado con otros aromas porque de por si no es muy agradabe. El “musk”, que le llaman ahora los perfumistas, que por precio y falta de materia han acabado empleando exclusivamente sus equivalentes sintéticos.

La única especie actual de ciervo almizclero es del Moschus moschiferus. En el Mioceno, sus antecesores vivieron una época de mayor esplendor en cuanto a diversidad de géneros y especies. No solo extensión territorial, en el bien entendido que el Vallesiense aunque descrito por primera vez en Can Llobateres, también se encuentra en China y otros lugares.

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