La joya picassiana que el Museu d’Art oculta: Lo que luciría en Cleveland, el Museo Picasso de París o el de Barcelona

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Hay cosas que caen por su propio peso. Más allá del desinterés municipal, en el almacén del Museu d’Art de donde apenas ha salido desde 1975, el Ministerio de Exteriores se ha llevado en prestamo, durante un año por Japón, el retrato “Germaine a la taverna” (1899) de Carles Casagemas (ver en enlace la noticia). La joya que vino a caer en Sabadell, vuelve al mundo

Seguirá siendo pedido en préstamo por grandes museos internacionales, aunque aquí vuelva a su almacén mientras tanto. Por lo que la obra es en sí y, más aún, por lo que significa en la trayectoria de Picasso. Y Picasso es Picasso: La figura central de la historia del arte en el siglo XX. Lo que va en ese pequeño retrato, aquí en Sabadell, le marcó de modo crucial.

Un dato, de entrada: La célebre “La vida” (1903), la obra con que Pablo Picasso culminó su época azul y es una de las grandes joyas del descomunal Cleveland Museum of Art, tiene por protagonista a aquella misma Germaine, barcelonesa y de novela, por cierto, y a Carles Casagemas, que hasta su suicidio en París, en 1901, fue el primer gran amigo de Picasso.

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“La Vida” (1903), de Pablo Picasso. Cleveland Museum of Art

Se trata de la pareja, desnuda, que a la izquierda domina la composición. Aquella misma Germaine abrazada a Carles Casagemas, el autor del pequeño y rarísimo retrato, un pastel, más que estremedor no obstante, y propiedad del Museu d’Art de Sabadell. De Sabadell a Cleveland, aunque tanto aquel retrato como La Vida se pintaron en Barcelona, no en París.

La Barcelona donde(en el momento de este retrato es muy probable que la taberna sea la dels Quatre Gats), Carles Casagemas trabajaba en el taller del escenógrafo Urgellés, y era el mas joven de la Colla del Safrà, con Nonell y Mir. Él se los presentó a Picasso. Y con Picasso fueron los dos por primera vez a París, en 1901. Primera y última, para Casagemas.

En París, en 1901, Carles Casagemas se suicidó. Lo hizo ante aquella Germaine a quien había pagado el viaje desde Barcelona. Casagemas tenía una pequeña herencia, y Germaine, pese a su nombre, era barcelonesa con compleja historia familar. Modelo ocasional y sin reparo para posar desnuda. Quizá ni conocía París. Lo de Germaine le venía de un antiguo marido.

El mismo día de recibirla en la Gare d’Austerlitz, y habiéndola invitado a cenar, se sucidó  en un café del Boulevard de Clichy, L’Hippodrome. Sacó un revolver, apuntó a ella, y dijo “Voila, pour toi” (por ti) Pero en el mismo gesto dobló el codo hacía si mismo, se puso el cañón en la sien, gritó “Voila, pour moi”, esta vez. Disparó, y la bala le atravesó el cerebro.

De ello, hay más que novelas. De Norman Mailer a Josep Pla, la literatura sobre Casagemas en relación a Picasso, y la de Picasso con Germaine, es ingente, inabarcable. Tratar a Casagemas de desconocido, o de olvidado, es algo que solo puede darse en Sabadell. El silencio, y más el ridículo, pueden ser agresivos.

Y en cuanto a arte, aún hay muchísimo más escrito, respecto a aquel momento de Picasso. A la Época azul, la de eclosión en Picasso, se la conoce asimismo como Ciclo Casagemas. Otro dato: El azul melancólico. Es el color de este “Germaine a la taverna”, anterior en dos años a la tal etapa azul. Por melancólico, contemplativo, Casagemas sufrió el desdén amoroso de Germaine.

Picasso no estuvo en el momento del suicidio. Había vuelto por unos días a España. Pero en aquella cena estaban amigos comunes, muy en especial el escultor Manolo Hugué. Volvió al acto, y de ahí sus brutales retratos de Casagemas amortajado, en el Museo Picasso de París. El tiro en la sien derecha, sobre los colores de Van Gogh, a quien ambos habían descubierto.

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“Muerte de Casagemas” (1901), de Pablo Picasso. Musée Picasso de París

De lo mejor de lo mucho escrito al respecto, y en análisis y además de síntesis o compendio, el artículo que el artista chileno Ivan Godoy escribió para Arbor, la revista principal y decana de las tantas que publica el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). “Suicidio en azul con mancha negra. Breve historia de un balazo en la pintura de Pablo Picasso”.

Una frase, y no de las más sustanciosas: “El ciclo Casagemas (época azul de Picasso) alude a una profundización psicológica ante la muerte, en la densidad de un mundo subterráneo (Golding, 1994, 214), paralelo al del sufrimiento, la demencia, el patetismo y la pobreza (Podoksik, 1996, 32)”, este un biógrafo ruso de Picasso muy en París, y nada en Barcelona.

Más que el del París, tópico en los biógrafos de Picasso, sería el del mundo de la Barcelona de Nonell, la del suburbio fabril de Sant Martí de Provençals y las barracas gitanas ya entonces en el Somorrostro. Entre el modernismo, donde se le limpia, y un realismo que tomó fuerza con el influjo el impresionismo. Picasso mediante, hay está el expresionismo del siglo XX.

Casagemas fue quien llevó allí, y con Nonell, a Picasso. En la Época azul, emerge Nonell en Picasso, que va más allá, claro. Y respecto a Casagemas, lo que quedó: El recuerdo, debido sobre todo a Picasso, y apenas 40 obras, solo 8 oleos. Picasso siempre guardó lo que de él le quedó. Su Germaine siguió en Barcelona y los funcionarios de Sabadell la esconden aún.

En cuanto a lo “subterraneo”, consta que Germaine mantuvo sexo con Picasso casi al acto del suicidio de Casagemas, y de eso también se ha escrito a montones. De Casagemas, en plena crisis familiar con el padre arruinado y su carrera de piloto marino truncada, consta la melancolía. A partir de aquella Germaine, ha quedado que era impotente, y así se repite.

Tenía 20 años, cuando se suicidó. En “La Vida”, el gran cuadro de Picasso, a Casagemas se le reconoce perfectamente, también porque es más conocido. Y en cuanto a Germain, visto el retrato escondido en Sabadell, se aprecia mejor la fuerza de la mirada, los labios, la nariz en una fisonomía con carácter. Que se apoye en él, no encaja sin embargo. con el desden que se le atribuye. Un detalle.

Más aspectos: En lo inmediato, ¿por qué este cuadro está en Sabadell?, junto a otro más de Casagemas quizá más “modernista”, bello pero sin tanta carga (lo de, además de este hay otro, muy en la respuesta local a lo publicado por el Dia de Sabadell). ¿Qué vida ha tenido aquí y cual se le espera o desea?. Y, ya puestos, ¿qué fue de aquella Germaine?,

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“Germeine en la taberna”, pastel de Carles Casagemas propiedad del Museu d’Art de Sabadell

Sobre Germain: Nacida con el castizo apellido de Gargallo, acabó siendo Pichot tras casarse con el pintor Ramon Pichot, cuya saga perdura. En época de Picasso y Casagemas, y aparte de lo de modelo, las fuentes literarias tanto la ponen de lavandera o costurera como, en más lucido, bailarina. Sobrevivía en malcasada o descasada, tipo muy de Barcelona en la época.

Y sobre sus retratos que vinieron a dar en el Museu d’Art de Sabadell: Fue junto a obras de lo más brillante en el arte catalán del primer tercio del siglo XX, formó parte de la colección del galerista sabadellense Santiago Segura Burgués, sobrino del ceramista Marian Burgués, que en Barcelona fundó y dirigió las Galeries Laietanes, el Faianç Català o La Basílica.

Su viuda, Maria Cladellas, a principios de los 1970 legó la colección al entonces íncipiente Museu d’Art, casi aun todavía un proyecto impulsado por Andreu Castells, el pintor Lluís Clapés González o el escultor Camil Fàbregas. Desde entonces, les mejores obras del fondo solo se han mostrado en diversas exposiciones temporales, muy espaciadas entre ellas.

Este “Germaine a la taverna”, apenas solo en una: “L’altra col·lecció del Museu d’Art” que en 1994 Josep Casamartina comisarió por encargo del entonces concejal Pere Vidal, y con la intención de replantear el museo. Quedó en nada, no obstante, y el fondo espectacular volvió al almacen. Van obras de Rusiñol, Regoyos Bagaria, Nogues o Cano, entre otros.

A pesar de que Casagemas es crucial en la biografia de Picasso, y que el Museu Picasso de Barcelona expone lo que tiene de la escasísima obra que llegó a producir, en el Museu d’Art de Sabadell no se le hizo más caso desde aquella exposición de 1994. Volvió al almacén sin mas hasta que, en 2012, saltó el escándalo en las páginas del suplemento Babelia de El Pais.

Sucedió a raiz de las carencias en la exposición que, coproducida por los museos Van Gogh de Amsterdam y Picasso de Barcelona, se tituló “Devorar París, Picasso 1900-1907”, trató en efecto de los inicios del pintor y comisarió la norteamericana Marylin McCully. Faltaban los Casagemas ocultos en el Museu d’Art Sabadell, de los que ni en el Museu Picasso sabían

“Precisamente a pocos kilómetros, en el desgraciado Museu d’Art de Sabadell, mal dirigido y pésimamente gestionado desde su propia fundación (…), están dormitando olvidados en su almacén los dos mejores pasteles que pintara Casagemas en su corta vida”, advirtió El País. Aunque en Sabadell no consta que hiciera más efecto, en Barcelona sí lo hizo.

Contribuyó a la por ahora última antológica de Casagemas, en realidad definitiva. No hay más obra. La efectuó en 2014 el Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC), con título bien sugerente, “Carles Casagemas: El artista bajo el mito”. Allí si estuvieron los Casagemas de Sabadell, y de ahí que ahora se expongan en Japón. Habrá más en reclamarlos, desde luego.

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