En Texas y por Spielberg: Paleontólogos de Sabadell descubren un dinosaurio crucial entre los últimos

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Reconstrucción del aspecto en vida de Aquilarhinus (ICRA Art / Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont)

Los hadrosaurios, dinosaurios con pico de pato, fueron muy diversos y abundantes en los últimos tiempos, antes de la gran extinción que ocurrió hace 66 millones de años. Pero, y en ello radica el valor del descubrimiento, todos ellos descenderían de un mismo antepasado.

Lo afirma, y firma ahora en novedad ciéntifica, Albert Prieto, de Sant Vicenç dels Horts pero de vuelta al Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont (gracias a un contrato Ramón y Cajal del CSIC) tras más de veinte años de formación e investigación en universidades norteamericanas y europeas.

Albert Prieto le debe mucho de su carrera, importante, nada menos que al supermediático Jack Horner, quien además de asesorar a Spielberg en sus Jurasic Park inspiró el personaje del protagonista de la saga, el Allan Grant paleontólogo que encarnó el actor Sam Neill.

La vida de Albert Prieto cambió, en efecto, a raíz de una visita a Sabadell de Jack Horner en 1998; hubo más. Entonces era un joven becario del Institut Crusafont, enzarzado junto al Dr. Jordi Agustí en micromamíferos del cuaternario. Pero, además, tiraba hacia los dinosaurios.

El añorado Dr. Josep Vicent Santafé y la también sabadellense Dra. Lourdes Casanovas, los padres de la paleontología de dinosaurios en España, pidieron a Albert Prieto que guiara a Jack Horner por los yacimientos del Pallars, motivo de la visita junto a los fósiles en Sabadell.

Y Jack Horner se lo llevó a su universidad, la de Montana, y se le becó el doctorado y demás postgrados, que Albert Prieto superó claro está con gran brillantez. Pero no en Montana, sino en la Florida University. Desde allí, en 2004, topó con el fósil que ahora da a conocer.

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Mandíbula superior de Aquilarhinus/ Texas Tech University

Van 15 años de trabajo sobre esta pieza, pero ha valido mucho la pena”, declara Albert Prieto a El Dia de Sabadell. Lo acaba de publicar en Journal of Systematic Palaeontology, y en su firma consta de nuevo como investigador en el Crusafont, junto a dos colegas de la Texas Tech University.

El título: “An unusual ‘shovel-billed’ dinosaur with trophic specializations from the early Campanian of Trans-Pecos Texas, and the ancestral hadrosaurian crest”. “Shovel-billed”, pico de pala, se traduce en castellano por pico de pato. El pico es clave en los hadrosaurios.

Cuando vio por primera vez el craneo de este hadrosaurio, en 2004, en la Texas Tech University de Austin, los paleontólogos que veinte años antes lo habían extraído en el yacimiento del Big Ben National Park del mismo estado, aún no eran capaces de datarlo ni describirlo.

“Yo tampoco, entonces”, confiesa Albert Prieto. El palentólogo procedente del Crusafont fue a Texas por razón de su tesis doctoral: la filogenia completa o sea el cuadro evolutivo de todos los hadrosaurios, entre los cuales destacan asimismo los del Pirineo, los últimos precisamente.

Los hadrosaurios experimentaron una gran expansión hace 75 millones de años. Salvo en África y Oceania, se han hallado en todos los continentes, Antártida incluida, con gran diversidad de géneros y especies, por lo de la adaptación al medio. Albert Prieto los conoce a todos, como nadie más.

Así regresó a Texas, en 2017, donde además del fósil reencontró a su colega y amigo, ambos de la misma edad, Jonathan R. Wagner, en la Texas Tech de Austin. “Lo vimos, al cabo de más de diez años. Se trata de un hadrosaurio más arcaico, antiguo, del que nada se sabía antes”.

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Albert Prieto junto a un saurópolo, en el American Museum of Natural History de Nueva York donde trabajó

La clave, en el “pico de pato”, característico. El parecido con el de los patos, con los cuales nada tienen que ver a efectos a evolutivos, se debe a la función y con ella la forma. Aquellos dinosaurios vivían en pantanos, estuarios fluviales, y se alimentaban de plantas acuáticas.

A pesar de ello, no desmerecían en tamaño y peso entre los grandes dinosaurios. Aún en diverso entre especies y géneros, una treintena larga entre lo conocido, suelen ir entre longitudes de 12 metros de cabeza a cola y unas dos o tres toneladas de peso estimado, en promedio.

El hocico, “pico” y mandíbulas de este son parecidos a los del género Gryposaurus, considerado hasta ahora el más antiguo de los hadrosaurios. Pero si en aquellos el pico tiene forma de “u”, en este es más bien de “w”, y ello con otros detalles que indican un estado menos evolucionado.

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Reconstrucción del aspecto en vida de Aquilarhinus (ICRA Art / Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont)

Se trata de género y especie inéditas. Les han puesto nombre: Aquilarhinus palimentus, por la nariz aguileña y la mandíbula ancha. La mandíbula superior, en el fósil, causa emoción a Albert Prieto y sus colegas, tras haber atado cabos finalmente. Y, asimismo, la estratigrafía confirma la datación.

Se trata del hadrosaurio conocido más antiguo, tanto como 80 millones de años. Tiene aspectos, en concreto la cresta craneal, que aún sin estar en todos los hadrosauros posteriores, tomó formas muy diversas en los que serían sus descendientes, filogenia mediante. Y ya estaba en este.

La idea que todos los hadrosauros vienen de un antepasado común, como lo del tan mítico “eslabón perdido” en los homínidos, toma mayor fuerza a partir de esta pieza, por lo demás muy espectácular y concluyente: una mandíbula muy bien conservada.

Y también resulta muy sugerente el lugar del hallazgo, el Big Ben National Park de Texas donde se han rodado infinidad de películas, desde “No es pais para viejos” o “Paris Texas” a los mudos” Honeymoon Ranch” (1920) y “Al este de Rio Grande”, del olvidado cineasta Robert Townley.

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Paisaje del Big Ben National Park, al sur de Texas

En la paleontología, tanto en el Big Ben Walley como en los Pirineos aunque en estratos diferentes, se dan restos tanto de los últimos dinosaurios como de los mamíferos que, tras la extinción de aquellos, empezaron a tomar su lugar sobre la Tierra, y aquí la Humanidad.

En el Mesozoico, posterior al Jurásico, el paisaje era parecido en ambos lugares: Pantanos y estuarios fluviales. Aquí, los Pirineos emergieron después de la extinción de los dinosaurios. De los pantanos a los glaciares. Y allí, al desierto de Chihuahua, fronterizo con México.

Cuando aquel Aquilarhinus palimentus murió, algunos de sus huesos fueron arrrastrados río abajo por la corriente, y arremansados entre la vegetación. El flujo fluvial los cubrió de lodos y restos vegetales, lo cual permitió su fosilización. Así, todo ello se convirtió en roca.

El rio sigue, más o menos. Es aquel Rio Grande de los western. Aunque a Albert Prieto no se le ha preguntado, es muy probable que sea cinéfilo. Los paleontólogos suelen serlo, entre ellos lo fue el Dr. Miquel Crusafont. Spielberg es apenas exponente de un gran amor mutuo.

En su dilatada carrera científica, Albert Prieto también trabajó en el American Museum of Natural History de Nueva York, feudo en tiempos de aquel Roy Chapman Andrews que fue asimismo palentólogo y a Spielberg le inspiró el personaje y la saga de Indiana Jones.

(El Dia de Sabadell lo ha evocado hace apenas semanas, a propósito del ciervo almizclero del Vallesiense hallado en Barberà. Clicar para ver enlace a la noticia)

También ha trabajado para la John Hopkins de Baltimore, o en Berlin además de Florida y otras universidades. Regresar a Sabadell le resulta más que entrañable. Se lo ha permitido el contrato Ramón y Cajal, con el que el CSIC combate aquello de la “fuga de cerebros”.

El Crusafont es un centro tan puntero e innovador como cualquier otro entre los mejores del mundo”, afirma el científico sabadellense. Pero “los sueldos no son los mismos para un científico del mismo nivel, fuera de España”, se duele: “Por mis compañeros, sobre todo”.

Aún con un “contrato Ramón y Cajal del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)”, el sueldo es bastante menor. En cuanto a nivel científico, el del Crusafont, o el valor de los yacimientos y fósiles a estudiar, no añora nada. Solo “como, aquí, la administración no valora a los científicos

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