Chapuza municipal en el Passeig de la Revolució: Daños contra el patrimonio, populismo y novatada

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Aquello del célebre Ecce Homo de Borja, ahora hará cinco o seis años, no queda nada lejos de lo perpetrado por el nuevo gobierno municipal en el Passeig de la Revolució, frente al Ripoll y entre la calle Quevedo (otro aniversario, el del Informe Machado) y la carretera de Caldes. El sainete ha sucedido entre el martes y hoy, con destrozos municipales a reparar, si es posible.

El Passeig de la Revolució es ante todo, un muro de contención en la “timba” del Ripoll, construido en 1866 por iniciativa del entonces alcalde Feliu Vilarrubias, conmemorado en su calle hasta que no se la quiten, lo cual a saber toda vez que por menos las han quitado a otros. Con el muro creó un paseo, al que por la época se llamo en principio de Isabel II, y aprovechando los muros se resolvieron algunos bancos.

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Hará treinta o más años apareció en Diari de Sabadell un reportaje que, sin ser su finalidad, impulsó a algunas vecinas a convertir el Passeig de la Revolució en un espacio ajardinado. Las plantas siempre se agradecen y, aún sabiendo que no era propiamente el lugar, el autor del escrito al caso calló, como suele. Era una señal de aprecio, y un espacio marginalizado.

En época Bustos, hará más de veinte años, el muro cedió. Se reparó más o menos sin que en la prensa local de entonces, con nombres de la de ahora, se pudiera contar más del asunto, que por lo demás comprensible: un muro bienintencionado en la época, pero superado por más de un siglo entonces, ahora siglo y medio, y con actuaciones recientes muy discutibles.

Cargar de plantas y árboles el Passeig de la Revolució, por mucho que se deba a iniciativa vecinal, tiene efectos que en cualquier caso los técnicos municipales deberían estudiar y valorar. Pero se ve que, en estos casos, los técnicos cuentan más bien poco. Ni siquiera constan en el sainete. El tema es otro: vecinos que reivindican atención, y gobierno municipal que, recién entrado, va a marcarse tantos. En este episodio, de lo más flagrante y, visto el resultado, lamentable.

Total: Hará unas semanas, un grupo de vecinos del sector se dirigió al nuevo gobierno municipal porque el anterior les prometió un algo en ello, que tampoco no se sabe qué. Se ve, por lo visto, que en la conversación apareció el asunto bancos que, la verdad sea dicha, no eran ni son lo más crítico en el problema, que lo hay. Y el personal municipal se quedó con ello, por lo visto y perpetrado entre ayer y hoy por iniciativa de los que ahora mandan en el Ayuntamiento.

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Un baño de cemento, en reboque de lo más brutal, es lo que sobre los bancos ha resultado de la vindicación vecinal y la respuesta immediata (populismo) del nuevo gobierno. Como lo de agredir a Cristo, y en ello el antecedente del Ecce Homo aquel, pero aquí sin Cristo y, dicho en catalán castizo, “ni Déu que l’aguanti”. Un absoluto disparate, que daña una obra histórica.

El vetusto mortero y los ladrillos de factura manual, curtidos por años de intemperie lo cual también es un mérito, ocultados por ladrillos nuevos y un revoque de portland y arena que no resuelve para nada ningún problema. Si hay estudios sobre la solidez del muro del Passeig de la Revolució, que debiera, El Dia de Sabadell no los ha visto publicados. Dicen del antiguo gobierno….Chapuza municipal en el Passeig de la Revolució: Daños contra el  patrimonio, populismo y novatada 3

Pero, populismo sobre populismo, lo de hoy ha sido apoteósico, con twitters de concejales y todo eso, como bien cuentan otros medios más o menos oficiales. Solo ha faltado que se hablara de reconstrucción, más disparate todavía. Lo más deseable y práctico sería que se repicara este infame y vecino-municipal pegote con revoque y ojalá, porque no será fácil, no se notaran más sus efectos.

En el sainete, que lo es, hoy se ha publicado que el nombre de Passeig de la Revolució va contra la monarquía, lo cual es muy abusivo. Significó la Gloriosa Revolución Democrática Española, la de 1868, que entronizó a Amadeo I como rey de España, democraticamente. Tras él se proclamó la I República Española, no menos democraticamente. Pero ahora eso no cuenta, a lo que se ve.

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Hasta el Franquismo, siguió siendo Paseo de la Revolución. Su nombre fue reprimido como muchos más que siguen con sus denominaciones franquistas: Virgen de las Nieves en lugar de Viladot, Portugal en homenaje a Salazar, Alemania a Hitler, Virgen de Lourdes en el que fue de Nansen y, en mediante Farrés, Lorca en el originalmente de Darwin. Van unos veinte en ello. Las plazas Marcet y Llonch vinieron sin aquella represión, mucho después.

La portavoz de JuntsXSBD, Lourdes Ciuró, ha tomado voz hoy, vía twitter. Es del barrio y su conyugue, cuando apenas tenía diez años, se llevó una gran regañina de sus padres porque en cierta tarde vacacional del verano de 1972 fue por las “timbas”, bajando por la de la calle Metge Mir, y así descubrió el Passeig de la Revolució. Jugando en la calle, fue algo más allá de la calle. Lo de entonces.

Fue culpa de malas compañías, quizá aún más exploradoras o aventureras. Amigos de la calle, ya se sabe. Pero entonces, la verdad, el Passeig de la Revolució lucía más que ahora. Desde el Ripoll se apreciaba lo que tiene de muro, obra civil, y para los niños que entonces jugaban aún a guerras, resultava incluso fascinante, aunque fuera solo un muro de contención.

En el sainete de hoy solo ha faltado la cita a Andreu Castells que, tan meritorio en otras cuestiones, le dio por escribir que aquello fue un capricho personal de Feliu Vilarrubias. Aquel alcalde, vecino del Raval de Dins, veraneaba en lo que ha acabado siendo la casa-convento de las religiosas seguidoras de Santa Teresa de Calcuta, y allí un camino.

Josep Gadea Vilarrúbias, último heredero y sabadellense singular (teórico textil, maestro y periodista en cuanto a títulos universarios, y a la vez católico e inspirado por el budismo y el hinduismo en cuanto a religiones) fue quien legó la finca a las Misioneras de la Caridad, que derribaron el antiguo edifico patricio y edificaron su actual convento, donde están.

Desde luego, el Passeo que fue de Isabel II, después de la Revolución y de Santa Teresa bajo el franquismo, no fue un capricho ni una alcaldada. Aquel fue un Sabadell en expansión, y de gran cultura urbanística y arquitectónica (Plan Molina, el Principal, los Campos, la Rambla…) en el que además la actividad fabril del Ripoll era tanto o más importante que la del nucleo urbano.

El Vapor de Ca la Daniela, el Molí Xic ahora en ruinas, el del Torrella aún más en ruinas, el Molí Fontanet en más de lo mismo, los tintes de Buxó situados justo debajo de lo que fue el castillo medieval de Arraona, ya sin restos de lo uno ni lo otro… Aquel era otro Sabadell, y el Ripoll lo que ahora quizá se llamaría polígono industrial, sin serlo porque era otra época.

Y de aquello, el Passeig de la Revolució que sin embargo perdura, y fue el camino de ida y vuelta al trabajo de los obreros sabadellenses que junto al Ripoll vieron de que iba lo del régimen fabril, en lo de la revolución industrial. Y lo de hoy, tan mediático, muy fantástico. En el recuerdo, por lo menos, lo que fue el Passeig de la Revolució, evoca imágenes tan auténticas como la vida de aquellos obreros. Y eso no es populismo, ni parques y jardines.

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