El otro Casagemas que tiene y oculta el Museu d’Art aparece en el Thyssen de Málaga

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Entre las obras que el Museu d’Art posee pero esconde en sus almacenes, sin mostrarlas, destacan bastantes de las más apreciadas y requeridas en préstamo, para exponerlas, por museos e instituciones de proyección internacional. Va un caso más, a la ya notable lista.

De los dos pasteles obra del picassiano Carles Casagemas, rarísimos y valiosiosímos, no solo ha salido de Sabadell el que, tal como informó El Dia de Sabadell, está en Japón durante casi un año entero, recorriendo cinco grandes museos de arte, entre los cuales el de Tokio .

El otro también está fuera, en el Museo Carmen Thyssen-Bornemisza de Málaga, aunque ni Ayuntamiento ni Museu d’Art han informado de ello. Forma parte de otra gran exposición, ahora, con otras importantes piezas históricas de finales del XIX y la primera mitad del XX.

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“Dona en un cafè” (1898) de Carles Casagemas. Museu d’Art de Sabadell

“Perversidad. Mujeres fatales en el arte moderno (1880-1950)”, se titula la exposición que ha comisariado Lourdes Moreno. Además de Casagemas van obras de Picasso, Modigliani, Van Dongen, Man Ray, Grosz, Klimt, Dalí, Gargallo, Zuloaga o Romero de Torres, entre otros.

Las más de 70 obras reunidas proceden de museos como el del Prado, Centre Pompidou, el Musée National de Mónaco, Wallraf-Richartz Museum & Fondation Corboud de Colonia, el Reina Sofía, el MNAC o el IVAM de Valencia, entre otros más. además del de Sabadell.

A Casagemas solo le llaman “olvidado” en Sabadell (funcionarios y prensa oficial). Y aquí el Museu d’Art que desde 1943 posee dos de sus mejores obras entre las apenas 40 que de él existen. En medio siglo las ha expuestos dos veces, solo, una en 1975 y la otra en 1994.

Pero el mundo, y en él Málaga, es otro. En cuanto al Museo Carmen Thyssen Bornemisza, y sin entrar en esta impresionante exposición de ahora, lo que respecto a su colección propia explica en su web sobre una acuarela de Ricard Canals, meritoria pero desde luego no tanto:

“Las facciones sueltas, casi expresionistas, remiten directamente a los pasteles y aguadas de Picasso y su amigo del alma Carles Casagemas”. Por ello, “una gran semejanza con las de los dibujos y lienzos coetáneos de Isidre Nonell”. De aquella Barcelona, raíz de las vanguardias.

Ahora, en la exposición del Thyssen de Málaga, este Casagemas de Sabadell forma pareja con dos dibujos de Picasso, probablemente coetaneos, con el retrato femenino como tema y el mismo personaje, aquella Laura Gargallo-Germaine, ante quien se suicidió Casagemas.

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“Germaine a un cafè” de Carles Casagemas (derecha) junto a dos dibujos de Picasso, ahora en el Museo Carmen Thyssen Bornemisza de Málaga

Resulta menos “picassiano”, sin embargo, que el ahora en Japón, más expresivo y original. A este otro, igualmente melancólico en lo característico de Gasagemas, le endulza un cierto aire familiar en el modernismo barcelonés de la época, la de Nonell o Canals también.

“La belleza perversa y maldita del cambio de siglo dejará paso a mujeres que reivindican una nueva forma de mirar y ser vistas. Las perversas femme fatales, iconos de una sexualidad destructora, dejarán paso a las modernas, cuya “perversidad” reside en la reivindicación de un espacio”, que dice la nota de prensa correspondiente.

Aquella Laura Gargallo, Germaine, pertenecía aún a aquella primera categoría de lo fatal. Objeto de deseo para Carles Casagemas, que al sentirse rechazado se sucidió ante ella, con solo 20 años, y asimismo para Picasso, de quien fue amante tras la muerte de su amigo.

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“Germaine a la taverna” (1898) de Carles Casagemas (Museu d’Art de Sabadell) y “La Vida” (1903), de Pablo Picasso. (Cleveland Museum of Art)

El periodo azul de Picasso, la de su eclosión, surge tras el suicidio de Casagemas. No solo por ello se le llama “Ciclo Casagemas”, también. Y culmina en el monumental “La Vida” (1904), donde Casagemas ya muerto y Germaine, desnudos y apoyandose, definen la obra.

Laura Gargallo, Germaine, pertence a aquellas mujeres fatales del arte ahora evocadas por el Carmen Thyssen de Málaga. Biografía oscura y, en lo muchísimo publicado, datos dudosos o falsos. Las leyendas de la modernidad también se han construído con mucho de ideología.

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Barcelonesa, antes de morir en París víctima de la miseria. Más lavandera o costurera que bailarina, que incluso la ponen en el Moulin Rouge, aunque no fuera ni una cosa ni otra. Y modelo sin recato para posar desnuda, amiga y amante de artistas, y con su carácter.

La exposición ahora en el Thyssen de Málaga conecta estas figuras tan construídas, y por ello esteriotipadas, con la irrupción de pintoras en el arte moderno. Maruja Mallo, tan de lo del 27, de Lorca a Alberti y de Breton a Picasso, en su París, es aquí una de las heroinas.

En el fondo, no deja de ser un recorrido por las vanguardias históricas con lo femenino en “leit motiv” o hilo conductor, y más en el fondo lo del “eterno femenino” de los románticos, al cual sacó punta y más Eugeni d’Ors en su imprescindible “Lo Barroco”, tan moderno.

Por lo demás, un dato más. En este tema, y respecto al Museu d’Art, aquí silencio o unas anécdotas ficticias inventadas para la ocasión. Lo del “Casagemas olvidado”. Pero El Pais, en su suplemento Babelia, hace años que tocó el fondo de la cuestión, respecto al Museu d’Art.

“En el desgraciado Museu d’Art de Sabadell, mal dirigido y pésimamente gestionado desde su propia fundación (…), están dormitando olvidados en su almacén los dos mejores pasteles que pintara Casagemas”, publicó el prestigioso diario, el 20 de agosto de 2011.

Firmó el artículo Josep Casamartina, a quien cabe el honor entre otros muchos de haber comisariado en 1994 la exposición “L’altra del col·lecció del Museu d’Art” que, por encargo del entonces concejal Pere Vidal y con intención de replantear el museo, sacó del almacen aquellas y más joyas ocultas.

De Japón a Málaga pasando por Barcelona pero no Sabadell, e igualmente tal vez París, Cleveland o Nueva York disfrutan o disfrutarán de estas y otras piezas del patrimonio de todos los sabadellenses. Se enteraron gracias a El País. Aquí, silencio oficial y lo del “olvidado”.

Y una pregunta de aquellas a presentar en el punto de “ruegos y preguntas” que cierra el orden del día en los plenos municipales: Toda vez que los beneficiados del Museu d’Art y con él el Ayuntamiento en tanto que prestatario, habrán pagado un seguro por estas obras, ¿por qué valor económico se las ha tasado? ¿Y quien lo ha tasado?

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