A los “provincianos” les fascina el Eix Macià, y a los “cosmopolitas” el Ripoll, las fábricas, las “cases angleses” y hasta Ca n’Oriac.

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La gran obra de un gran alcalde. “Qué heavy”, exclamó un alcalde Farrés incrédulo e incluso ofendido cuando sin mayor intención se le relató la indiferencia ante el Eix Macià, y en cambio su entusiasta sorpresa ante la Creu Alta, el Ripoll o comercios históricos, de un artista extranjero, con proyección internacional, que visitó Sabadell hará casi treinta años.

Se encontraba en Barcelona, con motivo de una exposición de sus obras de lo más creativo e innovador en el Palau Robert, que organizó el ministerio de exteriores de su respectivo pais. Por un amigo común, quien aquí subscribe, había visto en catálogos obras del pintor Agustí Puig y del escultor Antoni Marqués, y tenía interés por ver más de ellos, en Sabadell.

Tras el almuerzo en Farga, Diagonal entre Passeig de Gràcia y Rambla Catalunya, siguió el viaje a Sabadell. Desde luego, mejor entrar por la Riereta y el Eix Macià, que por la Gran Via. El conductor, puesto de guía, ralentizó ante el lago, los rascacielos, el Forsters Hollywood y hasta el MacDonals. No obstante, el invitado, como más frío que calor. Silencio absoluto.

Pero todo fue girar por la calle Major de la Creu Alta y adentrarse por el barrio, para que el artista extranjero abriera los ojos como platos y expresara su perplejidad, espontanea y sorprendente incluso para un sabadellense. “¿Esto es España? No sé si Bélgica (no era belga, claro) pero hay algo que me lo recuerda”, comparó: Por las casas bajas, entre otros detalles.

Y a partir de aquí un crescendo. Visita al estudio de Agustí Puig, entonces en la calle Manaut. De camino, al invitado le entusiasmó tanto o más la añorada Casa Tereseta de la calle Sant Honorat, con aquellos estantes llenos de tejidos, los inmensos” taulells” como de despacho textil, los ventanales, el patio al fondo, y las Thonet. Y eso, recién abierto El Corte Inglés.

No hubo más remedio que ir al Llobet de la Via Massagué, hermano del que resistió algo más en el Passeig, para comprar una kodak de un solo uso. “Tengo amigos que van a quedar admirados con esto”, repetía el artista. El senyor Alsina de ca la Tereseta, se lo tomó con su gran amabilidad, previas presentaciones, pero siguió pensando que las fotos eran para mi.

Del Sis, siguiente parada, le admiró más la calle Borriana que el magnífico establecimiento, escaparate de lo mejor del arte en Sabadell. Lástima que la floristería de Carlota Segalá no existía aún. Y del estudio de Antoni Marqués, en la Plaza de Sant Salvador, el paso por la fábrica Artéxtil y la vista del Ripoll desde la “timba”, por las fábricas y el paisaje en sí.
La sensibilidad de quien ha visto mundo

Como uno es mucho menos dogmático de lo que quizá se le atribuye, y aunque entonces ya maduraba un antisabadellenquismo realmente positivo, sintió algunas llagas en el amor propio ciudadano. De vuelta, prefirió conversar sobre temas del mundo, del arte, antes que de Sabadell. La reflexión ante tal experiencia, también inesperada, iba por dentro, claro.

Aunque aquello, recién vivido, era de lo más coherente. En Europa habrá unos centenares de ciudades con sus respectivos Eix Macià. Y sean mayores, mejores unos y otros muy feos, que también los hay, tampoco difieren tanto entre sí: Hay las mismas marcas, los mismos rótulos y los rascacielos que, salvo genios arquitectónicos, vienen a ser todos por el estilo.

Para quien más o menos conozca estos paisajes, y a no ser que por oficio o “frikismo” tenga un interés por los mismos, el Eix Macià no justifica en nada una visita a Sabadell. Aquella, por lo menos, la compensaron Ca la Tereseta, las calles Major, Sant Honorat, Manaut, Salut, Creueta (aún con el Vapor Turull entero) Borriana, y de ahí al Artéxtil y la timba del Ripoll.

Para Farrés, “muy heavy”. Tanto, que casi se tomó como ofensa personal el relato. Si no lo hizo fue porque no dio mayor crédito a quien se lo contaba y, una vez más, le respondió con lo que ya casi era una dedicatoria no menos personal: “Només que mires pel retrovisor”, lo cual tampoco era cierto. Apenas una cierta distancia crítica, como la de los visitantes.

La perspectiva desde las provincias o comarcas

En otro extremo, la visión de un erudito hijo y vecino de una ciudad textil más antigua que Sabadell, de aquellas que en el siglo XVIII tenían reales fábricas de paños y fueron ciudades cuando Sabadell era casi nada al lado de un Falset, no digamos Olot, un Nájera o un Ciudad Rodrigo, pero no obstante ha leído todo lo leíble y más en cuanto a Sabadell y su historia.

El Ripoll, más allá de su belleza natural, no deja de ser equiparable al montón de barrancos fabriles que cruzan Alcoy, tan paralelo a Sabadell en sus históricas industrias papeleras y textiles. Y eso que en Alcoy siempre hubo pisos en lugar de casas, nunca se dio un ensanche industrial y las fábricas siempre han estado entre barrancos, fuera del casco urbano.

Desde esta perspectiva, la de una ciudad mediana de provincias o de comarcas, el Eix Macià y el Parc Catalunya triunfan. A los pies del monumento a Antoni Farrés, Sabadell luce por extensión como una gran ciudad, y además europea y cosmopolita, con el parque, el lago y los rascacielos. Incluso los barrios obreros, de Ca n’Oriac a Torre romeu, pierden interés.

Y los músicos cultos fascinados por el flamenco
Y una tercera visión, asimismo de visitante: La de un músico joven, francés con padres en profesiones liberales y cualificadas, ascendencia judía centroeuropea, que por vocación musical cultivada en conservatorios se convierte en flamenco y lo vive como un reto, difícil en lo técnico y a la vez estimulante. De estos, cada vez hay más en el mundo y en Sabadell

Este joven músico obtuvo un erasmus para los postgrados en guitarra flamenca que imparte la Escola Superior de Música de Catalunya (Esmuc), y así aterrizó en Sabadell. En concreto en el Centro y más en concreto, por amistades comunes, en la casa y familia de un antiguo director de la Fundació Bosch i Cardellach. Muy bien acogido, por cierto. Y admirado.

Pero pronto encontró el autobús hacia Ca n’Oriac, el de los círculos flamencos que ahora instruye y anima Rafael Cañizares, quien a su vez surgió de ellos al igual que su hermano Juan Manuel. A la Esmuc, con Rosalía ya en final de carrera, la pilló en un momento bajo. No así a Sabadell. Aquí fue donde amortizó, y muchísimo, su erasmus.

Además de admirar la concentración aquí de grandes artistas del género, a los que conocia pero no situaba en Sabadell, aprendió mucho acompañando a aficionados al cante de los de toda la vida, esos ya mayores con más oído que facultades, con montones de discos y grabaciones en casa, y conectó con los jóvenes flamencos como él, sobre todo el cantaor Cristián Saucedo que, signo de la generación, como él acumula grados y postgrados de música y magisterio.

Aún viviendo en el Centro, y durante un año entero, para este joven el auténtico centro de Sabadell es Ca n’Oriac, y la avenida Matadepera una calle mucho más comercial y vistosa que la Rambla. sta A vista de autobus, y más aún entre el vecindario, gran vitalidad y grandes conocimientos. E, igualmente, la Barcelona donde no se perdía un recital, la vivió como una prolongación de Sabadell pero, eso sí, con escenarios.

Cierto. Su gran referencia fue El Dorado Sociedad Flamenca Barcelona, potentísima, que por su programación y actividad excepcional, conocía perfectamente desde Francia. Pese a su nombre y sede, se trata de una entidad que surgió de Sabadell, del 30 Nits precisament, y aun con cientos de socios, cuenta con un importante contingente domiciliado en Sabadell.

En el Palau o en el Mercat de les Flors, volvía a encontrar a los flamencos de Sabadell. Y, más aún, habiendo pasado un verano en Córdoba años antes, donde precisamente recibió clases del sabadellense Juan Manuel Cañizares, considera y valora que la calidad y afición al flamenco en Sabadell no es menos rica, rigurosa y estimulante que allí. Incluso más, aquí.

En Sabadell aunqué en francés,escribió un tratado, de gran profundidad analítica y teórica sobre la obra guitarrística de Manolo Sanlúcar. Y, por francés y gratis, hizo un único recital en Alliance Française. Regresado a Francia, vuelve a menudo para actuar en Barcelona junto a otros flamencos de Sabadell. Pero para él es Sabadell antes que Barcelona, por amigos y hogar.

Se trata solo de tres experiencias de Sabadell vividas por visitantes. Entre los sabadellenses, Sabadell se vivirá diferente, en lo emocional, y más si se entra en registros como el de las “identidades”, tan propenso a lo xenófobo y lo inculto como atractivo a los medios político-funcionariales con sus clientelas. Desde fuera hay otras perspectivas. Sin duda, muchas más.

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