Empieza el nuevo curso escolar, que no es poco

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Llegada su fecha, otra vez se sube el telón para que comience el nuevo curso. Familia, alumno y maestro (sus actores) volverán a ser protagonistas y son a ellos, a los que voy a referirme en este comentario.

Con este tema es mucho lo que está en juego, en la familia primero, y en la sociedad después, para querer resolverlo con enrevesado diseño de siglas (leyes promulgadas) muchas veces convertido en sopa de letras que, adobada a base de condimentos elegidos, consigue un sopicaldo de criterios difícil de digerir.

Los que nos preocupamos de este tema bien sabemos, pues no viene de ahora, que cada año informes internacionales nos sacan los colores a causa de nuestro sistema educativo; de ahí que, a época nueva, como la que estamos ahora, queriendo imponer nuevos patrones pedagógicos, habrá que perder el miedo a reencontrar los valores de siempre, como trabajo, disciplina, respeto y responsabilidad, entre otros, que en todo momento fueron básicos y ahora están en desuso y bien que estamos notando sus consecuencias. Sin haber terminado de ingerir la sopa de LOMCE, ya tenemos echando humo sobre el tapete de la mesa la sopa LOMLOE. Más conocida por “Celaá”; persona predispuesta a cualquier atrevimiento “culinario”.

Para empezar, a mi modo de ver, el camino debería comenzar reconociendo a los padres como derecho propio y el que las leyes les otorga que son ellos (en la familia) los verdaderos responsables de la tutela y educación de sus hijos. Y bien lo confirma aquel proverbio escocés cuando dice: “Por buena que sea la cuna, mejor es la buena crianza” Porque ¿quién puede cuestionar que sea en el hogar donde deberían plantarse PRINCIPIOS y regar después con el ejemplo, para que brotaran una serie de hábitos que, sin necesidad de ser dictatoriales, fueran creando un orden de comportamiento y responsabilidad en el seno de la familia para cosecha y bien de los hijos? Bien claro lo apuntó Séneca: “largo es el camino de la enseñanza por medio de las teorías; breve y eficaz por medio del ejemplo” Pero ocurren muchos casos en la sociedad, y cada vez con más frecuencia estamos viendo que la convivencia y el ambiente familiar, no es el más adecuado para la sembradura; hasta el punto de tener que pasar por situaciones que todos conocemos y que al final siempre terminarán plasmándose en el carácter y la conducta de los hijos.

Ese comportamiento de responsabilidad y buenos hábitos apuntados más arriba y que debieran figurar en el vivir diario de la familia deberán después verse reforzados con la colaboración necesaria del maestro y el colegio. Pues será EL MAESTRO, al que le incumba indicarle caminos para que el alumno descubra valores. El maestro es, en su labor, el depositario tanto de su educación como de su instrucción, por parte de la familia, implicándole esto, una responsabilidad que el maestro, deberá aceptar por profesionalidad y con vocación. Esa incumbencia sólo y sustancialmente deberá ser superada en el seno familiar como ya lo indicamos anteriormente.

Al alumno, en todo su proceso evolutivo y por encima de todo, deberá ser considerado como lo que es, PERSONA. Esa esencia deberá ser respetada. Pero respetar su personalidad no significa dejarle campo abierto a caprichos y parcialidades. Desde los primeros cursos y de forma clara, al alumno, hay que ponerle sobre la mesa no sólo derechos, sino también deberes y responsabilidades. Bien lo subrayó el apóstol y líder de la India, Gandhi, cuando dijo: “Todo derecho que no lleva consigo un deber, no merece que se luche para defenderlo” De ahí que, con ese postulado, derechos, sí. Pero responsabilidades, también. Cuantos casos se conocen en colegios e institutos (pregunten a maestros y profesores) que, unas veces por miedo y otras por querer acercarse con el admitido “tuteo” le fueron ofreciendo solo bicocas y así les fue. Al alumno hay que descubrirle sus verdaderos intereses para que pueda aplicar iniciativas y laboriosidad. Pero, aun así, para completar este logro, todo colegio debería disponer de los medios necesarios para poder atender y facilitar los mejores resultados en este proceso educativo, buscando siempre, referentes que faciliten la trayectoria que se desea para el logro que se busca.

Que, junto a los niños, cada cual en su puesto sepamos concebirlo y desarrollarlo en beneficio de la Sociedad que junto formamos. Pero ¡ojo al dato!; el triunfo que se busca y se desea, jamás se conseguirá llevando a los colegios argumentos y programas politizados donde se destaquen banderas y colores partidistas.

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