El edificio del antiguo Diari de Sabadell se reconvierte en viviendas: Haciendo caja hasta el último momento

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Abrió las puertas en septiembre de 1987, lo proyectó el arquitecto sabadellense Pere Molera y significó la época de mayor expansión para la empresa Vallesana de Publicaciones SA, editora de Diari de Sabadell desde 1977. Cerró su liquidación hace apenas meses, justo antes de agosto, tras repartir entre sus accionistas sobre dos millones de euros, el remanente en caja.

Dos millones de euros fue el importe de la venta del edificio, efectuada en 2017 después de vender la cabecera de Diari de Sabadell a su actual editora, Novapress, en marzo de aquel año, por 60.000 euros. Mientras, y en tiempo récord, el Ayuntamiento de entonces le tramitó licencia municipal para convertir el edificio en viviendas, para así venderlo mejor, y se liquidó a la plantilla restante con un ERE de extinción pactado.

Pero Vallesana de Publicaciones SA arrastraba aún hasta este 2019 un conflicto laboral con redactores a los que despidió en 2016, aduciendo motivos económicos-organizativos. El caso llegó al Supremo en junio de 2018 y solo cuando en marzo pasado el alto tribunal comunicó a las partes que la sentencia era inminente, la tal empresa se avino por primera vez a negociar.

El TSJC, en diciembre de 2017 obligó a readmitir a uno de los despedidos (no a todos porque seguían causas separadas) y, en su sentencia, precipitó el episodio final en la liquidación de la tal Vallesana, que entonces planeaba más despidos y, a partir del 1 de enero de 2018, reducir la publicación a semanal. El Ere final y pactado fue dentro de lo que cabe una solución mejor para los afectados.

Pero la nueva empresa editora de Diari de Sabadell cerró y cierra aún las puertas a la antigua redacción. Solo las abrió, al acto, a componentes del que fue el staff directivo con la empresa anterior (director y subdirector), con los que sí mantiene relacion regular e incluso contractual. Para el resto, o directamente nada, que ni hablar, o en todo caso encargos ocasionales a quienes no litigaron y dan “perfil”.

Aunque la venta de la cabecera levantó el correspondiente eco mediático, y sobre todo provovó incertidumbre por la eventual desparición del diario, la existencia y vigencia de aquel conflicto laboral solo fue referida por un medio, el barcelonés Crónica Glogal (clicar para ver noticia), que además informó antes que ningún otro sobre aquel tránsito agónico del Diari de Sabadell.

Los otros medios locales, y en particular la municipal Ràdio Sabadell, lo silenciaron, en un influjo que se contagió a las redacciones de Barcelona. El tratamiento del hecho por parte de TV3 fue un cúmulo de omisiones y datos erroneos, por no decir falsos, y con lo que se dice un “troll” (en este caso sacado de Isabadell, y “rodado” en dependencias municipales) figurando como presunto portavoz de la plantilla. Pero ello no afectó para nada al proceso judicial, que a aquellas alturas seguía practicamente de oficio, y así llegó al Supremo.

El principio de aquel fin empezó en el otoño de 2008, cuando el estallido de la crisis del ladrillo mermó de modo abrupto los ingresos por publicidad y, al mismo tiempo, la entonces incipiente crisis de lectura con la irrupción de los nuevos medios, llevaba a la prensa escrita a cambios radicales en los modelos de negocio que tuvo por tradicionales.

Hasta entonces, el negocio había sido brillante. En 2006, con su Diari de Sabadell, Vallesana de Publicaciones llegó a facturar por encima de los 6 millones de euros, con beneficios declarados por encima del medio millón. Grandes empresas, entre ellas el Grupo Godó de La Vanguardia, pusieron la vista sobre la cabecera sabadellense, con ánimo de comprarla.

Prensa Ibérica, que recientemente ha adquirido El Grupo Z y con él El Periódico de Catalunya, concretó en 2007 su oferta para la compra de Diari de Sabadell y la absorción de Vallesana de Publicaciones. Puso sobre la mesa 500 millones de las antiguas pesetas, unos tres millones de euros al cambio. A los accionistas de Vallesana de Publicaciones les pareció poco.

Aunque muy saneada e incluso con importantes reservas, destinadas a una proyectada renovación de la planta inversora que nunca se llevó a cabo, y hubiera sido una muy mala inversión, Vallesana de Publicaciones contaba entonces con una plantilla superior a los 40 asalariados, entre los que abundaban las antiguedades de varias décadas.

De 2008 a 2018 Vallesana de Publicaciones fue reduciendo su plantilla en menos de la mitad, a base de despidos escalonados y, mientras tanto, intensos recortes salariales, de más del 40% que abarataban sobre todo los despidos. Pero siguió repartiendo dividendos a los accionistas, por lo menos hasta 2011, y manteniendo altos sueldos a los consejeros en nómina, hasta 2015.

Y nunca, ni de lejos, la empresa ni siquiera bordeó situaciones concursal alguna, la llamada “suspensión de pagos”. El largo y silenciado litigio judicial con los trabajadores despedidos, con el consiguiente conflicto laboral más silenciado aún en Sabadell, no fue en nada ajeno a aquel transfondo. En los medios locales, también políticos, se creó otro relato.

Ello, en el mandato anterior, favoreció la operación del traspaso en la propiedad de la cabecera y aceleró los trámites para transformación del edificio y su inmediata venta, para las viviendas que ahora se habilitan en el mismo. El anterior gobierno municipal incluso decidió la compra a Vallesana de Publicaciones, por parte del Ayuntamiento, de bienes muy discutibles en su valor.

Lo emocional y más lo”político” también afectan, en estos casos. Comprar un trozo de Diari de Sabadell, aunque no fueran ni documentos como tales, hizo pasar por encima de valoraciones técnicas. El edificio también fue un hito. Para Vallesana de Publicaciones, cuando lo contruyó, un cierto regreso al Centro urbano y la confirmación del éxito no solo económico de su Diari de Sabadell.

En 1976, en el momento álgido de la transición democrática, los efectos y la maquinaria con la que se imprimía el diario Sabadell de la entonces Red Comarcal del Movimiento, fueron sacados de noche del actual Casal Pere Quart, donde estaban instalados desde 1944, y trasladados a un edificio industrial de la calle Calders.

Allí, y así se constituyó en 1977,Vallesana de Publicaciones. Como principales accionistas, siempre la encabezaron Román Gamell y Ramón Rodríguez Zorilla, gerente y director respectivamente del antiguo Sabadell y del Diario de Sabadell que, más que fundarlo o crearlo, continuaron, Y de allí salió el edificio de Diari de Sabadell en la calle Sant Quirze. Capital y patrimonio.

Aunque el edificio se convierta ahora en viviendas, y la prensa local viva el momento que vive, por así decir, han quedado más que recuerdos. El reparto entre los accionista de los haberes de Vallesana de Publicaciones, aún reciente. Y, salvo el caso de los despedidos litigantes, tal vez personal o reducido a tal, tampoco hubo mayores conflictos.

El silencio, eso sí, con su rastro de muertes civiles y “pactes de la fam”, además de amnesias y olvidos. Tan intensos que solo dos piezas periodísticas, la publicada en febrero de 2017 con la firma de la brillante periodista sabadelense Cristina Farrés, y tal vez esta en El Dia de Sabadell, a propósito de la obra en la calle Sant Quirze, han aportado datos relevantes en esta historia.

Las muertes civiles y sus “pactes de la fam”, prosiguen y afectan, asimismo, a quienes son periodistas solventes en diversas materias, de la cultura o la economia a los deportes. La patronal sabadellense, detrás de la actual Novapress, es más que complice de tales muertes civiles, indefendibles en términos profesionales.

Y, en el hacer caja de la liquidación, o sea cuando lo “líquido” se concreta en sumas en efectivo, ventas mediante, o para “liquidar” a los despedidos y así condenados, a la muerte civil y “pacte de la fam”, los dueños de Vallesana de Publicaciones, tuvieron por intermediarios a grandes nombres del empresariado local en su vertiente más política. Fue el tránsito al actual Diari de Sabadell, sin duda y además con pruebas.

 

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