El desalojo de una casa ocupada en la plaza Vallés, entre la rutina y la indiferencia: Así está Sabadell

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Hay dos dotaciones de Mossos con sus respectivos coches-patrulla, aparcados a casi cincuenta metros, acaba de marchar una ambulancia y pronto llegará un camión de los bomberos. Se trata del desolojo de una casa ocupada, en la plaza Vallés. Sucedió el miércoles, al caer la tarde.

Aunque se produce poco después de las ocho de la tarde, y casi todo transcurre en el portal, a pie de calle y por tanto a la vista desde la acera de enfrente, apenas hay curiosos. Algunos vecinos desde sus ventanas, sin salir de casa, y tres jóvenes que lo contemplan desde un banco de la plaza.

La indiferencia es un dato. En este Sabadell, como seguramente en otras ciudades, un desalojo ya no es de por sí nada que sorprenda. Los jóvenes del banco, del vecindario por lo que se deduce de sus conversaciones, se lo toman literalmente así. Ni siquiera que suceda tan en el Centro.

Tampoco se ve, por lo menos, alguien a asociar con la figura de la comisión judicial. Solo los Mossos. Ello significaría que la ocupación ha de haberse producido menos de 48 horas antes. A los Mossos se les nota oficio. No es su primera vez. Y a los ocupas también práctica, en lo suyo.

Nada de malas pintas. Tres o cuatro jóvenes, de origen magrebí, pero aseados y bien vestidos en los estilos juveniles. Vociferantes, eso sí, en un castellano más que fluído, y con actitud por lo menos orgullosa ante la policía, incluso tirando a desafiante. Nada cordial, desde luego.

Mencionan leyes, sentencias y demás pormenores jurídicos a voz en grito, pero en un discurso que, sin entrar en detalles, suena a estructurado. Acusan a los Mossos de estar incumpliendo leyes. Y estos, más que responder con palabras, van a lo suyo, al desalojo.

Según los jóvenes del banco, la ambulancia vino porque uno de los ocupantes dijo que le habían hecho daño en una mano. “Pero nada”, puntualiza este testigo ocasional. Tanto como la cura, el viaje en ambulancia se habrá saldado con un certificado médico. Absoluta transparencia.

Los Mossos sacan a la acera un colchón, un somier y un atillo de ropa. Los ocupas, ya en la calle, recogen algunas prendas, cuando los Mossos están a distancia. Han llegado los bomberos. Da la sensación que para revisar instalaciones, por eventuales pinchazos a redes o edificios vecinos.

No se trata de interrumpir la labor de la policia, que bastante trabajo tiene. Pero la tentación de guardar un simple testimonio de este hecho, lleva a disparar una fotografía, a distancia y desde luego sin intención de comprometer a nadie, comenzando por el propietario afectado.

El “he sido yo”, no impide entre los Mossos una reacción de contrariedad. Toca identificarse, por lo que pueda pasar, y escuchar serias advertencias sobre el uso de imágenes, por lo demás concocidas. No hay más preguntas ni por una parte ni por otra. Solo saludar, y dejar trabajar.

Los agentes no están allí para informar, precisamente. Tienen otro trabajo, más inmediato, y por ello ni se les pregunta. A pesar de la profesionalidad, la situación no deja de ser tensa, lo cual se acusa. Aún siendo uno de tantos, llevan más de una hora en este desalojo.

Los jóvenes del banco, uno de ellos con estudios de técnico de sonido según explica, derivan la conversación al tema de los “menas” (menores emigrantes no acompañados), y hablan de casas de “menas” en Sabadell, pero en tono de especulación o descripción, sin ningún insulto

Acaban hablando de otros asuntos, como el del trabajo, de contratos en prácticas que tuvieron, les gustaron pero no han tenido continuidad. Mientras, los vecinos (apenas de dos o tres casas colindantes), apagan las luces de cuartos donde, tras las cortinas, seguían distantes la escena.

En las inmediaciones hay un local de horario nocturno, pero cerrado tanto por la hora, temprano, como por el día, y también una guardería infantil. La plaza Vallés, simplemente. Con tráfico intenso por la calle Colón y un  vecindario de toda la vida, pero heterogeneo. No es un barrio de clase ni clasista.

Y los jóvenes desalojados, en la calle y habiendo desistido de sus discusiones con los Mossos, se pierden en la ciudad sin cargar ningún equipaje, solo algo y no todo de la ropa que la policía les sacó a la calle. No reflejan mayor drama. Dan la sensación de haber pasado otras veces por eso.

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