Acoso escolar

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En las circunstancias actuales el “marrón” por el que atraviesa el panorama educativo desde las guarderías hasta los centros universitarios, pasando por colegios e institutos, dan el resultado patente de porqué el acoso escolar como problema, es noticia frecuente que la sociedad padece.

¿Qué está ocurriendo? ¿Hasta dónde habrá que bajar para llegar hasta el final de esta pendiente que más parece precipicio? ¿No será que nadie busca lo que debe y los condimentos que se están empleando para las recetas de esta salsa, no son los más adecuado y producen un tufillo partidista? El panorama que vemos en la enseñanza, cada día nos ofrece datos más preocupantes. El paisaje en convulsión se detecta sin sismógrafo y los datos que nos llegan lo confirman. Es como gota fría que nos va invadiendo hasta donde menos podíamos esperar. ¿Quién podría imaginarse las circunstancias que se estarán dando para que un padre fuera a un colegio para agredir al profesor de su hijo? ¿Cómo es posible que la novatada como “la broma” del comienzo del curso universitario en alguna facultad, lejos de ser novatada, pueda terminar con el derribo de la dignidad de la persona? Está dando lugar el acoso escolar a casos tan extremos que se está convirtiendo en auténtica caza escolar como la recientemente ocurrida y publicada; donde la chica amenazada, por miedo y precaución, había cambiado de instituto y hasta allí, como perros de presa, ¿sería por instinto? Fue buscada y seguida por excompañeras, hasta que brutalmente la agredieron. Agresión que para más escarnio difundieron.

El acoso escolar, título de este artículo, no sólo curre en patios y aulas y no sólo entre alumnos. Noticias haylas de agresión de alumnos a profesores en la propia clase. Estamos ante un problema, el acoso, que no tiene solución dogmática. Se viene hablando tanto de responsabilidad compartida que, de tanto trocearla, a nadie le corresponde ni una pizca de ella

Tanto psicólogos como pedagogos convergen en aceptar una serie de premisas relacionada con la búsqueda de soluciones. Y en ellas, entre otras, vemos que aparecen: autoridad, esfuerzo, castigo, responsabilidad, orden, disciplina, libertad y compromiso entre otras. Mas, en una sociedad, tan permisiva como la actual donde al parecer todo son derechos, tales palabras –para algunos- serán consideradas “pecados pedagógicos” que se pasan de la raya por inauditos y autoritarios. Aunque quien conozca el paño, sabe que no son más que materiales necesarios para fabricar cimientos donde poder levantar el edificio de la educación.

El sacerdote y pedagogo don Andrés Manjón decía: “El que manda, ha de ser discreto, prudente, racional y justo en el fondo y suave en el modo; pero nunca ponga su autoridad a los pies de sus súbditos para que se rían y burlen” El acoso, violencia y pasotismo en aulas y patios que tantas consecuencias está acarreando ¿no estará motivado como secuela de esa falta de integración social que estamos viviendo? ¿LIBERTAD? Sin duda que sí, pero sin discriminación. Que se llegue al máximo de donde pueda llegarse, que sería, hasta el límite de la parcela del prójimo ¿no?

¿Puede ser que todos nos volvamos tan indiferentes y pasotas que no nos demos cuenta que la pérdida de esos valores apuntados más arriba por psicólogos y pedagogos esté dando como resultado la cosecha que estamos recogiendo? Pues junto a la extendida violencia que a la vista tenemos con agresiones y robos, más esa añada de acosos que a la vista nos brindan ¿no serían ya, suficientes ingredientes para apelar no sólo a la responsabilidad individual, sino de manera especial, al de las instituciones que parecen estar disfrutar de “largas vacaciones”?

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