Europa beca con 1’9 millones el proyecto coliderado por el Crusafont sobre la evolución en los genomas de homínidos

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Los genomas, las célebres secuencias de adn, y asimismo el proteoma, las proteinas de los genomas, van a aclarar finalmente, o por lo menos más y mejor, los parentescos entre los homínidos actuales y sus eventuales antecesores fósiles. Y Sabadell, por la parte del Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont, se dispone a ser clave en la ambiciosa investigación.

Tomás Marqués-Bonet, investigador asociado en el Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont (Sabadell-UAB) y asimismo director del Institut de Biología Evolutiva (Barcelona-UPF-CSIC) ha recibido hoy una de las preciadas becas Consolidator Grant del European Research Council (ERC). En total, 1.896.875 euros, a invertir en un máximo de cinco años.

Tomàs Marqués-Bonet, y con él el Crusafont, están ahora mismo en un momento muy dulce en cuanto a relevancia, prestigio e incluso popularidad. Hace apenas semanas, su nombre ha aparecido a título de autor en la prestigiosísima revista Nature, junto a Science la de mayor valoración, y además con una investigación de lo más crusafontiano, y por ello sabadellense.

En lo que viene a ser casi un anticipo de la investigación que va a emprender, y en la que contará con otros científicos del Crusafont, justo acaba de aclarar el enigma del Gigantophitecus, el homindo extinguido hace solo 100.000 años en Asia que media tres metros, pesaba hasta 500 kilos y, mediante el análisis de su protenoma, obtenido a partir del esmalte de varios molares, resulta ser pariente de los orangutanes.

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El Gigantophitecus fue una de las grandes aportaciones de un entrañable y estrecho colega del Dr. Miquel Crusafont, el berlinés Gustav von Koeningswald que, antinazi furibundo en la II Guerra Mundial, emigró a Utrech, Holanda, donde sentó cátedra, invitó muy a menudo a Crusafont y promovió que al sabadellense se le condecorara con la Orden de Oranje-Nassau.

Fue una gran época en la paleontología, un círculo muy cercano: Koeningswald en Utrech, Crusafont y Jaume Truyols en Sabadell, Simpson en el American Museum of Natural History de Nueva York, Pivetau en Toulouse, donde nombre Honoris Causa al sabadellense, o Hürzeller en Basilea, que además de investirlo también  Honoris Causa consiguió que una empresa suiza salvara el yacimiento de Can Llobateres.

En efecto, desde mediados del siglo XX y a partir de Crusafont, la paleontologia sabadellense es una de las grandes referencias internacionales en cuanto a homínidos, y por tanto los origenes de la humanidad y, con ella, de los grandes simios antropomorfos, chimpancés, gorilas, orangutanes y gibones en las otras cuatro especies actuales de esta “gran familia”.

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Mientras la beca Consolidator Grant va en principio directa a Tomàs Marquès-Bonet, que a partir de aquí formará los equipos de investigación que deberá liderar, el reciente artículo en Nature ha sido encabezado por la Universidad de Copenhague, y su profesor asociado Enrico Capellini, pero coliderado por el científico barcelonés-sabadellense, desde aquí.

Han conseguido aislar y analizar el proteoma de Gigantopithecus a partir de unos molares fósiles. Las proteinas se conservan durante más tiempo que el adn. Y además, los molares de Gigantophitecus son toda una leyenda. Antes de conseguir extraerlos en yacimientos, Koeningswald los descubrió en Hong Kong. Se vendían y traficaban como medicina china.

Conseguir lo mismo con los homínidos del Crusafont, sería definitivo. Con sus 11 millones de años Pau (Pierolapithecus catalaunicus) y Lluc (Anoiapithecus brevirostris), son de lo más cercano al ancestro común que se supone a todos los antropomorfos, el eslabon perdido de la leyenda. Y asimismo el Jordi de Can Llobateres (Hispanopithecus Laietanus), que con 9 millones fue el último del Vallesiense, gran momento en la historia de la Tierra y la vida

Pero, aunque la cronología del estudio acabe siendo algo más reciente, los avances están asegurados. “Este proyecto nos ayudará a entender cómo se genera la diversidad que observamos en las diferentes especies y aportar nuevas claves sobre los efectos adaptativos que tiene la hibridación entre especies”, ha señalado hoy Tomàs Marquès-Bonet.

En la ciencia española, solo los sabadellenses Salvador Moyà-Sola y Meike Köhler han conseguido publicar tanto en Science como en Nature, desde el Institut Crusafont claro está. Tomàs Marquès-Bonet ha empezado por Nature, en el selecto club, a la vez que lidera un proyecto europeo del mayor nivel. Y todo ello gracias a la obra y legado de Miquel Crusafont Pairó (Sabadell, 1910-1983).

Duele muchísimo la insólita indiferencia del Sabadell oficial, municipal y medios allegados. Hace apenas semanas, en un acto del Cercle d’Entitats, la alcaldesa Marta Farrés negó de forma inopinada la vinculación del Crusafont a la UAB, contra lo que claro está indica hasta la wikipedia. Y, desde el público, se oyó una voz: “És allò d’allà on tenen el dinosaure”.

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