La joya sabadellense del cine de terror, olividada en la ciudad: Satánica y erótica

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Vuelve el terror, en el festival que en Sabadell le dedican los aficionados al género. Es muy probable que sus organizadores conozcan “Exorcismo” (1975). Devenida en título de culto y, cosa no siempre observada y menos aquí en su ciudad, fue dirigida por Joan Bosch Palau (1925-2005), quien con más de medio centenar de largometrajes en su filmografía, ha sido el cineasta sabadellense más prolífico, indudable profesional y, por oficio, gran artesano. Bien lo reconoce el Biográfico de la Real Academia de la Historia, más que la wikipedia.

La película, que es de terror, sabadellense por su autor y gran clásico en lo suyo, se puede comprar en Amazon, en blue ray o dvd, y suele proyectarse en festivales del género. Aunque no en Sabadell, claro. El de Sitges la proyectó con honores en 2008, A Joan Bosch le eclipsó, esa vez, el mítico Paul Naschy que, ademas de protagonizarla con su rotundidad, debutó en ella como coguionista. A Joan Bosch, no obstante, le tocó resolverle la versión definitiva y, acto seguido, rodar y montar. Paul Naschy la alabó siempre entre sus películas predilectas.

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También fue un éxito en su momento, a la vista de la taquilla y del beneficio que resultó a los productores, en concreto Ricardo Muñoz Suay y su sello Profilmes. Y eso que superó algo el presupuesto habitual entonces en películas por el estilo. Además de recurrir a Joan Bosch de director y al entonces emergente Paul Naschy de protagonista, encabezaban el reparto tres bellezas de lo más desinhibido y efervescente ante la cámara: Maria Kosty, la austríaca Maria Perschy, internacional incluso de secundaria en Hollywood, y la británica Grace Mills.

En su esplendor, aquí un enlace que conduce a algunas de las imágenes subidas de tono en aquel “Exorcismo”: https://celebsnudeworld.com/ 5518/maria-kosty-exorcismo-1975/ Es de una web porno, claro está. En la película las hay de más sugerentes, la verdad sea dicha, y de mayor despliegue interpretativo por parte de las actrices protagonistas. Estas, resultan más bien coreográficas. “De pastorets”, como sabroso e irónico dijo el cineasta sabadellense en las memorias que dictó a Angel Comas, “Joan Bosch, el cine i la vida” (Cossetània, 2006)

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Porque, sobre todo en su versión para el extranjero, “Exorcismo” abunda efectivamente en escenas eróticas y desnudos integrales, con motivo de misas negras y demás “exigencias” del guión. Ingeniosos más que efectistas, aquellos terrores españoles tendían asimismo a la conspicua exageración que ahora tanto complace a sus incondicionales. Sobre este, y más que sobre otros títulos de Paul Naschy, se ha tecleado mucho y genuino en las infinidad de blogs dedicados al género. Y a este suelen verla “mejor hecha”, con mejor factura, cierto.

En otro detalle local, aún menos advertido, la banda sonora fue obra de Albert Argudo, que apenas doce años después se vinculó a la ciudad como primer director musical de Amics de l’Òpera y primer director titular de la Orquestra Simfònica del Vallès. Pero en cuanto a referencias cultas sabadellenquistas, las del propio Joan Bosch. En 1943, con solo 17 años, causó sensación en Amics del Cinema, la entidad cuya fundación animó Francesc Trabal y mientras pudo mantuvo el gran cineasta sabadellense y universal Llorenç llobet-Gràcia.

Allí coincidió, en una amistad para toda la vida, con el pintor e impresor Andreu Castells, después historiador y figura crucial. Asimismo con el poeta Pascual Jaurés y Mateu Alberca, que murieron jóvenes en aquellos tiempos de tuberculosis y penuria. Y, obviamente, con los puntales de la entidad: Josep Torrella, Joan Blanquer y un Llorenç Llobet Gràcia en plena creatividad. Con su sorprendente largometraje “Vida en sombras” (1949), entre lo mejor de la historia del cine según Cabrera Infante, se arruinó pronto en lo económico y lo vital.

Se trataba, y más visto con distancia, del nucleo cultural con mayor potencia en el Sabadell de postguerra, y para Joan Bosch de la escuela que le formó como cineasta. Nacido en Valls, como Iquino, había llegado a Sabadell siendo niño. Los éxodos de la guerra. Aquí se siguió su debut, con el thriller “Sendas marcadas” (1957) y, con homenaje a cargo de Cine Club y el Cercle Sabadellés, su primer éxito comercial y quinto largometraje, “Bahía de Palma” (1962).

De “Bahia de Palma” se dice que fue la primera película española en exhibir un bikini. En la cinta, entre thriller y comedia, lo lució Elke Sommer, con Arturo Fernández y Cassen en el reparto. A Arturo Fernández, entonces desconocido, Joan Bosch le presentó por primera vez en “A sangre fría” (1959), que hace apenas semana ha emitido de nuevo La 2 de TVE. Hubo un cine negro español de calidad, en efecto, tanto como el que después gran galán Arturo Fernández pudo haber sido un actor emblemático, tal como lo fue para el sabadellense.

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Pero, en la bibliografia local, todo ello ha quedado en unas menciones encomomíasticas y esperanzadas de Andreu Castells en su monumental monografía “L’Art Sabadellenc” (1961) ( Joan Bosch andaba aún en inicios), y en ni siquiera media página entre las 260 de “Sabadell, un segle de cinema”(1995), de Josep Torrella que bien le conocía y de Albert Beorlegui, que por lo visto le “olvidó”. “En bona part per la problemàtica del ram, va anar decantant-se cap a la comercialitat més patent (La viudita yeyé, La dudosa virilidad de Cristóbal…)”

La sentencia. Como desde luego dejó de gustar a los elementos locales más conservadores, Joan Bosch también dejó así de ser considerado como sabadellense. Durante la campaña en favor del Saló Imperial se contó con él. Tomàs Pladevall, al frente de la misma, había sido su director de fotografia, en “Cuarenta años sin sexo” (1978), con muy buenos recuerdos. Pero tampoco rompió el veto, tan elocuente en dicho libro publicado por aquellos mismos años. Lo sabadellense, y ahí se ve, es lo amateur, entidades y, como mucho, los dueños de cines.

 

Por contra, la filmografía de Joan Bosch es, además de digna y profesional, muy de los géneros populares en su época. Del thriller a los spaguetti western, de los cuales realizó media docena entre Italia, con el nombre artístico de John Wood, y Almería. En el terror, se le cruzó su vocación por el cine negro. “Exorcismo” incluye una trama de crímenes que según el sabadellense estaban en la idea inicial de Paul Naschy, y a él fue lo que más le atrajo del proyecto. Y después, Bosch, hizo también destape y comedia, hasta con Ozores.

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Paul Naschy junto a Joan Bosch, durante el rodaje de Exorcismo

A “Exorcismo”, los aficionados más atentos la aprecian como antecedente del “giallio”, el género italiano que introdujo tramas policíacas y situaciones eróticas en el terror y, a su vez, marcó el inicio del slasher, con “Scream, la máscara de la muerte” (1996), de Wes Craven. Y, desde luego, a pesar de tanto como lo negó Paul Naschy, “Exorcismo” se inspiró con todo descaro del célebre “El exorcista” (1973) de William Friedkin. El mismo Joan Bosch contó a Àngel Comas como, antes de emprender el proyecto, fue a Perpiñán para verla.

Y, por lo demás, “Exorcismo” fue una película feliz, rodada con más alegrías que terrores entre exteriores en Inglaterra y el palacio de los marqueses de Sentmenat en Sarrià. Otro cineasta sabadellense, Hernán Migoya, y sin saber que Joan Bosch también lo era, le dedicó un entrañable homenaje: “Bosch fue claramente un director de géneros (…) Tocar todos esos palos es una suerte, no hay duda –hoy ya nadie lo puede hacer… ni se atreve–” El hijo de Juan Bosch produjo el primer largometraje de Migoya, “Soy un pelele”, que además se estrenó en el Festival de Sitges de 2008 donde el “Exorcismo” de Bosch lucíó como histórico.

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