Otro efecto del coronavirus: Los mirlos cruzan la Gran Via y se instalan en patios y jardines del Centro

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Como despertador, el canto de los mirlos es mucho más de apreciar que el de los gallos, No es tan potente y es algo más melódico. En efecto, suelen cantar a punta de día y al atardecer, y todavía más estos días, que andan en el momento de aparearse y, por ello mismo, en plena expansión a la busca de lugares (son muy territoriales) donde poner sus nidos.

Además de escucharse su canto, inaudito en las calles de Sabadell, en patios y jardines se les ha empezado a ver esta semana, siempre discretos y más bien tímidos. En concreto, en un patio cercano a la calle Salut ya va desde el lunes que lo visita una hembra (a diferencia de los machos, negros, las hembras son de un marrón parduzco, que les sirve para mimetizarse)

Es muy probable que estén explorando más patios o jardines, nunca la calle, en zonas como Covadonga o Sant Oleguer. Que hayan cruzado la Gran Vía tiene mérito, tanto que hasta ahora no habían dado este paso. El del asfalto y el ruido de los coches es el ambiente que menos les gusta. Pero aún asi, en Barcelona tienen colonias importantes, en la Ciutadella y, asimismo, en el interior de algunos patios de manzana en el Eixample.

El descenso de tráfico a causa de la crisis del coronavirus ha acabado momentaneamente con una barrera, si es que a ello se debe la expansión que ahora parecen apuntar en pleno casco urbano de la ciudad. Ahora, además en el arranque del proceso de cría para ellos, quedará por ver si las parejas recién emigradas desde las afueras consiguen consolidarse o no. El de la ciudad, salvo en los jardines lo bastante frondosos, no es para nada su entorno.

La presencia de mirlos en la ciudad quizá se podría considerar como buen augurio, en medio de esta crisis del coronavirus. Porque también en Sabadell se llegó a creer en tiempos que, durante epidemias, los pájaros huían. En su libro “Sabadell del meu record” incluso alguien tan poco supersticioso como Marian Burgués, anarquista y librepensador, lo da por cierto cuando refiere hechos de la del cólera en 1854. Sucede, sin embargo, que Burgués apenas tenía dos años entonces.

Los mirlos necesitan tierra húmeda, con babosas e insectos, sobre todo gusanos, y a la vez bayas de arbustos. Se trata de aves omnívoras. De aquí que prosperen en el Ripoll o en sus torrentes y rieras afluyentes, y en cambio,sean menos frecuentes en los bosques de pinos o encinas. Respecto a los humanos, los mirlos urbanos suelen ser algo más confiados que sus congéneres forestales. A los payeses, no les gustan. Y en la ciudad, también causan molestias.

Ocasionan daños en los cultivos y en los tiestos. Necesitan remover tierra para encontrar los insectos de los que se nutren y, en los sembrados, también semillas. Ensucian los patios, a base de esparcir tierra. Los montones de hojarasca o los parterres cubiertos de plantas son sus lugares favoritos. Pero temen a los gatos. Algo más pequeños que tórtolas o palomos, son presa para felinos. Y más sus crías, poco mayores que un gorrión. Pero han llegado

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