El Sabadell de la gripe de 1918: Otra enfermedad, otros tiempos, y centenares de muertos

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El bando del alcalde Pere Pascual Salichs, entonces de la Lliga Regionalista, devuelve el recuerdo de lo que fue la gripe de 1918, el antecedente más inmediato a la pandemia del Covid-19. En la bibliografía local cuesta encontrar datos sobre cómo y cuántos murieron en Sabadell, pero muy probablemente fueron más de 150, en aquella ciudad que entonces se acercaba a los 37.000 habitantes.

Tocaría revisar los expedientes municipales de sanidad, en el archivo, y repasar la prensa local del momento, entre la primavera y el invierno de 1918, con su punto álgido en otoño. La epidemia se dio por extinguida en los primeros meses de 1919, mediante disposiciones locales. En Terrassa, en cambio, sí hay trabajos específicos sobre el tema, publicados. Por lo menos dos, y con datos precisos.

Sobre unos 29.000 habitantes, en Terrassa aquella gripe causo 149 muertos, concentradas entre septiembre (9 víctimas) y octubre (140) Se declararon casos hasta entrado enero. El Laboratorio Municipal los cifró en 4.000, a efectos de memoria. Los primeros aparecieron en abril, pero en esos dos extremos, principio y fin, no se dió mortalidad. La incidencia fue pues de 137 afectados por mil habitantes, y la mortalidad de 5 por mil.

“L’epidèmia de grip de 1918 a Terrassa. Possibles causes de la seva poca incidència”, se titula precisamente el trabajo de referencia. La historiadora Lourdes Plans i Campderrós, presidenta del Centre d’Estudis Històrics de Terrassa lo publicó en la revista Terme, en 2010. Estas cifras, muy por encima de lo alcanzado hasta ahora en la actual pandemia del covid-19, están sin embargo por debajo de la mortalidad del 10 por mil de la población a que se llegó en el conjunto de España, en aquella gripe.

Este bando de Sabadell indica que el cierre de espectáculos públicos fue tardío, aunque se acabó produciendo por ordenes del Gobierno Civil. Pese a la alarma, en aquellas primeras instrucciones a la población se refiere sòlo la “desinfecció dels locals a on hi hagin atacats i dels que contenen grosses multituts (Teatres, Cines, Col·legis, etc.) Ahora se ha asumido mucho antes y mejor que entonces. Resultó polémico, sobre todo en el futbol.

Al Centre d’Esports Sabadell, con su campo de la Creu Alta, y al Atlètic Sabadell, a punto de trasladarse al que llegó a tener en lo que desde 1931 es el Mercat Central, les envolvieron las discusiones del momento, el inicio de temporada en el Campeonato de Cataluña, que venia a ser el equivalente de la liga actual en cuanto a expectación entre los aficionados. Al Sabadell le tocaba jugar contra el Barcelona, y al Atlètic Sabadell contra el Español, también en Barcelona.

Ambos partidos se jugaron, y los de Sabadell perdieron aunque con resultados ajustados en aquellos campos contrarios. Hans Gamper, presidente del Barça, decidió abrir el campo de la calle Indústria, que en realidad y aunque nunca se diga, se pagó con dinero procedente de la industria sabadellense. como tanto en el Eixample de Barcelona y eso sí que merecería un estudio, y arduo.

Aquel campo, efímero pero crucial, lo pagó en concreto el primer mecenas del Barça, Bartolito Terrades Brutau, nieto de Bonaventura Brutau Estop, a quien está dedicada la calle Brutau, y empleado en la firma familiar a título de “fill del amo”, en su caso Àngela Brutau viuda Terradas. En el Barça. “Barsa” como le gustaba escribir en sorna el a veces inococlasta Joan Oliver-Pere Quart, fue brevemente presidente. Lo dejó porque el negocio era entonces el textil.

De Terradas, cuyo padre además era de Figueres, se ha escrito mucho en Barcelona. Por el Barça y, tanto o más, por su casa, la Casa Bartomeu Terrades-Àngela Brutau, más conocida como Casa de las Punxes, situada en la Diagonal y, obra de Josep Puig i Cadafalch, joya del modernismo y monumento nacional. A Terrades le describió muy bien el periodista Eugeni Xammar, en su imprescindible libro “Seixanta anys d’anar pel món”, Cuando aún le llamaban Xammanet, tuvo su primer empleo en el despacho de la firma Brutau, en Barcelona.

La digresión, entre sabadellense y futbolística, culminaria con el plante de Hans Gamper ante la Junta Provincial de Sanidad. Con la excusa que, al ser al aire libre no habría peligro de contagio, le dejaron hacer. Entra en lo ahora pintoresco en este bando del alcalde Pascual i Salichs.

Más que con Ucis, o camas hospitalarias que aún habiéndolas eran pocas y poco más que camas, aquella epidemia se combatió con desinfectante, el socorrido zotal, colonia y cámaras de vapor para desinfectar ropas. En Sabadell y Terrassa los respectivos ayuntamientos disponían de aquellas máquinas.

Como en todo el mundo, también en Sabadell la gripe de 1918 dejó víctimas ilustres. En concreto, el galerista Santiago Segura Burgués, sobrino del ceramista Marian Burgués, y propietario en Barcelona de las salas Faianç Català, animada por su tío, así como de La Basílica, antigüedades y arte religioso junto a la catedral,y las  Galeries Laietanes, centro del Noucentisme con Salvat Papasseit de dependiente en la librería. Falleció en Valencia, donde había ido de viaje, el 7 de octubre, y donó su magnífica colección a Sabadell, con un Picasso incluído. Es la base fundamental del Museu d’Art, que la almacena, presta y no aprovecha.

También en Sabadell, la industria como todo, siguió trabajando a plena producción, muy importante en aquel momento. Aún no había concluído la Gran Guerra, con el armisticio del 11 de noviembre de 1918. La gripe, al parecer surgida en Kansas, se extendió con ella por todo el mundo. Si la llaman española es porque en España, al no regir la censura militar, los diarios daban noticias de ella. Mató más personas que la propia guerra, entre 10 y 31 millones de víctimas, y la gripe entre 20 y 40 millones.

Era otro mundo, antes que otra enfermedad. Las infecciones eran constantes, más allá de las epidemias puntuales. Eran tiempos de tuberculosis y de tifus, éste por infeccion en las aguas e incluso en las fuentes públicas, como bien denunció por aquellos años el valiente y librepensador Dr. Turró a quien Mn. Cinto Verdaguer, enemistado con la autoridad eclesial, nombró albacea testamentario. Aunque en casi veinte años anterior a la epidema de gripe de 1918, el multitudinario funeral de Mn. Cinto forma parte del imaginario de la época.

Y hará pronto cien años, el alcalde Pere Pascual i Salichs, de la Lliga Regionalista, fue rival de Lluis Companys en las elecciones a diputado en el Congreso por Sabadell, tras el asesinato de Francesc Layret. Pascual, entonces de la Lliga Regionalista, era el candidato de un Bloc Nacionalista formado asimismo por el Centre Català y la Acadèmia Catòlica, muy activa entonces en la política. A Companys, republicano postulado por federales y radicales, le motejaron como “españolista” y “lerrouxista”, claro está. Y Pascual acabó su carrera con el cargo de secretario municipal, con Marcet de alcalde y, por tanto, en pleno franquismo.

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