Ha muerto Dante Rios, el pintor y dinamizador cultural que dejó su Nueva York para vivir en Sabadell

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Formado en el muy prestigioso e innovador Goddard College de Vermont, hecho este que pocos sabían y del que tampoco presumía, Dante Rios se mantuvo al margen, como pintor, de los canales institucionales o comerciales convenidos. Apenas quiso exponer sus obras, aunque bien lo merezcan y, de hecho, se mostraron ocasionalmente en centros como el Modern Art de Munich

En Sabadell, donde se mudó desde su Nueva York natal y, hasta su muerte ahora, ha vivido los últimos 40 años de los 80 con que contaba, sólo expuso en dos ocasiones y a petición de sus amigos: En la Acadèmia de Belles Arts, en 1979, y en la Alliance Française en 2014, con texto de la crítica Rosa Queralt, elogios en las páginas de El Pais, y la compra de tres obras por parte del Banc Sabadell

Y en Sabadell, junto con Josep Casamartina, trasladó o más bien recreó en 1986 la galería Estudi Quasar que en 1966 había fundado en el Lower East Side de Nueva York, su barrio. Desde entonces, y hasta ahora, ha seguido en Sabadell ininterrumpidamente y tan activo como la vitalidad artística de la ciudad lo permitía, últimamente más bien poco por el peso de lo oficial municipal en lo local, aquí casi estéril, .

El suyo ha sido el camino inverso al de tantos pintores o creadores que en todo el mundo ambicionan Nueva York, quizá también por esa tendencia suya, casi temperamental, por los espacios y artistas alejados de las multitudes y lo mediático, pero sin embargo con carácter y potencia innovadora. Ni el mundo, la vida y el arte están solo en los grandes centros de las grandes capitales, con más de escaparate en el fondo.

Y el suyo ha sido el Sabadell de artistas históricos todavía con mucho por descubrir y vindicar, como Esteve Valls Baqué o Pere Elias, nacidos aún en el XIX, o el último Joan Vilacasas, Y, asimismo, lo innovador. Así conoció, cuando emergían, a Agustí Puig, Antoni Marqués, Isidre Manils, Jesús Llamas, Oriol Vilapuig, Josep Maria Garcia, Bordas, Nati Ayala y tantos más.

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Fotografía de Jordi Casamartina

Desde su Estudio Quasar, que cerró cuando el propietario del local decidió demolerlo, o después en la galeria Inge Maltus en la Rambla, y mientras en encargos del Museu d’Art o municipales hasta que los hubo, Dante Rios desplegó junto a Josep Casamartina una labor brillante como galerista y comisario de exposiciones en Sabadell. Sin duda, el mejor momento en la historia reciente de la ciudad, y de ello hace ya más de 25 años.

Y no solo el arte. Junto con la iniciativa de Josep Casamartina, otra vez, y Josep Ache, que les abrió la casa que fue de la artista y contribuyó a la indagación en lo que pudo, a él se debe mucho en la vindicación de la vedette Maty Mont que tanta polémica causó en la fiesta mayor de 1988. Hasta entonces, estaba más proscrita e ignorada que olvidada.

Dante Rios fue un pintor a quien parecía interesarle más la obra de otros pintores y artistas que la suya propia. Desde los libros y las revistas de arte, porque hasta el último momento, un cáncer diagnosticado en fase terminal, se mantuvo muy al corriente de lo que sucede en el mundo, desde esa edad que en él resultaba indefinible. Muy vivida, eso sí.

Hijo del Bronx, de familia hispana de inmigrantes, y aún así con estudios universitarios entre las élites, porque el Goddard College es para verlo en la wikipedia inglesa, Dante Rios fue voluntario en la campaña de Kennedy en 1960. Entonces era profesor de arte para niños en la escuela Montessori de su Lower East Side, y en centros psiquiátricos.

La ida y la vuelta de su primer viaje a Europa la hizo en el histórico transatlántico Liberté, SS Europa antes que la Francia Libre lo requisara a los nazis. Una joya del Art Decó y resto de la Belle Époque al que destronaron los aviones. Y Dante Rios fue nómada y, quizá el primero, fue uno de aquellos pocos hippies que allá por 1967 dieron fama a Formentera, donde planeó establecerse. Pero en Formentera, precisamente, supo por primera vez de Sabadell.

Antes que Sabadell y Formentera, y además de Nueva York, Dante Rios vivió en Estocolmo, Copenhague, Berlín, México, Acapulco e infinidad de ciudades más. De su apego a Sabadell dan razón las dificultades que sufrió para obtener el permiso de residencia en España. Le pesaba un incidente banal por posesión de marihuana, en tiempos del franquismo, que le llevó brevemente a la cárcel  (le sacó la embajada norteamericana) , donde coincidió con los motines de presos en la transición.

Pero Dante Rios nunca presumió de esto ni de nada. Discreto pero no distante, vivia en una calle céntrica pero con sólo un vecino además de él, quien escribe y firma esta noticia. En su conversación, inagotable pero nunca insistente, siempre sabia e intuitiva, no le faltaban temas. Tampoco solía citar nombres, ni siquiera los de amigos como el escultor Scott Burton o el gran saxofonista Archie Shepp, a quienes tuvo por compañeros en el Goddard College.

De John Coltrane o Art Matthews a Frank Zappa y ahora Joachim Kühn, que tanto le deben y les debe, Shepp sigue siendo a sus 83 años uno de los grandes. Aunque pocos años después, también estudiaron en el Goddard el actor, cineasta y dramaturgo David Mamet o la actriz Jane Sanders, esposa del aún candidato Bernie Sanders. Con Dante Rios, que además conocía bien las dos costas de Estados Unidos y la América interior, hablar de las presidenciales era siempre una fuente caudalosa de datos y conocimientos.

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Pero más que los recuerdos, de Dante Rios queda la obra pictórica, alejada por posterior en lo inmediato de aquella eclosión del expresionismo abstracto del que fue espectador y por tanto testigo, en Nueva York nada menos. Es una pintura muy construida, donde los colores crean tensiones muy sutiles pero intensas, sobre formas geométricas igualmente simples. Para quienes le conocieron, tantos en Sabadell, sus cuadros son muy Dante.

Y un último favor: no más grafitis blandengues puestos de arte oficial municipal, ni más banalidades como las que, salvo honrosas excepciones, dominaron ese Any de la Colla de Sabadell felizmente acabado. Dicho sea porque es un tema común de conversación con buena parte de los artistas sabadellenses aquí citados. Con Dante Rios, como convecinos, habíamos ido a la Urbana para que contuviera a los grafiteros en la calle. La Urbana cumplió.

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