La gripe de 1918 diezmó en Sabadell a los voluntarios de la Cruz Roja: Víctimas que no se olvidan

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Funeral de un voluntario de la Cruz Roja, víctima en Sabadell de la gripe de 1918 (Arxiu de Creu Roja Sabadell)

En la primera linea está el mayor peligro. Así lo sufrió en Sabadell la Asamblea local de la Cruz Roja, diezmada en la gripe de 1918. Entre los fallecidos destacó su presidente, Dr. Pere Fuster Campdepadrós, que además ejercía de médico de cabecera en la ciudad, y el primer oficial, Vicenç Blanquer Blanquer, que apenas contaba 28 años.

La gripe mortal la contrajeron en Sabadell, pero ambos fallecieron en Terrassa. En concreto, en el entonces Sanatorio Antituberculoso de Torrebonica, inaugurado en 1911 y propiedad ahora del Consorcio Hospitalario de Terrassa. Concentraba a los mejores pneumólogos de la comarca, prácticamente los únicos. Pero aun así, para ellos, fue en vano.

En la Cruz Roja de Sabadell guardan fotos, impresionantes, del funeral de alguno de aquellos voluntarios, aunque al cabo de tanto tiempo ya no se recuerde cual de ellos, exactamente. Parece, al verlas, que en la Rambla. Los voluntarios de la Cruz Roja en su uniforme militar de campaña, que entonces todavía era de rayadillo como en la guerra de Cuba e incorporaba la manta reglamentaria, llevan a hombros el féretro de su compañero.

A la izquierda, el edificio recuerda a la casa de Enric Turull Comadrán, hijo menor del Pere Turull Sallent legendario. Como él, fue presidente de la Caixa de Sabadell y diputado en el Congreso. De ser así, la reja de enfrente sería la que hubo en el Centre Català, en cuyo lugar el franquismo levantó su edificio de sindicatos. Pero la calle es estrecha, y no se distinguen las Voltes de l’Oliver, ahora Casal Pere Quart. El detalle del lugar, por aclarar, no sería nada banal.

No es banal, tampoco, porque se trata de personas, conciudadanos, con sus vidas propias que, en el caso de los voluntarios de la Cruz Roja víctimas de la gripe, quedaron truncadas. Llevaron su servicio a la ciudad hasta el extremo de la muerte. Y otros sabadellenses, empezando por sus compañeros, les dieron más que ánimos y ayuda, sentido sobre todo. Y aquí las más víctimas de aquella pandemía, cuyo número en Sabadell aún no se conoce con certeza rigurosa.

Enric Turull fue un protector destacado de la Cruz Roja. Sin ir más lejos, era el dueño de la casa que, también en la Rambla, servía de cuartel a la Asamblea de la Cruz Roja del Partido Judicial de Sabadell, que tal era su nombre oficial en una expresión ahora sinónimo a la de comarca. Y, con el uniforme, sabadellenses de condición muy diversa, como bien se les ve.

De obreros y pequeños propietarios a burgueses, con carrera o empresa. La Cruz Roja, por su característica neutralidad debida, también tenía y tiene sentido igualitario. Por cometido, asistir a quien lo necesite, simplemente. Y, en el caso de enfermos o heridos, incluso bajo el peligro de contagiarse o resultar herido, también. El “espíritu de Solferino”

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Recordatorio fúnebre de Vicenç Blanquer (Imagen cedida por Josep Serrano Blanquer)

El primer oficial Vicenç Blanquer Blanquer, tal vez el sabadellense llevado a hombros en este féretro, se dedicaba a algo de comercio según el remoto recuerdo familiar que sin embargo perdura. Su familia procedía de Concentaina, rival y vecina con Alcoy, y durante generaciones trabajaron en molinos papeleros. Llegaron en 1880, y acabaron al cargo del molino de Fontscalents en Castellar. Sobre este extremo hay abundante material publicado, en Sabadell y Castellar.

Pero este Vicenç Blanquer nació en 1890 en la Travesía de la Rambla, después calle Ángel Guimerà, que la inauguró en persona. De haber sobrevidio a aquella gripe, sin duda a Vicenç Blanquer le habría emocionado aquel acto, por civismo y porque era tan aficionado al teatro como para sumarse de actor en los cuadros de la Acadèmia Católica, donde además fue el primer presidente de la Congregació Mariana de Sant Lluís Gonzaga, els Lluïsos.

Bien que fundados por los claretianos, en su casa vecina a la iglesia que pasaron a regentar en 1899 y por ello se conoce como la de los Padres, los Lluïsos pronto se convirtieron en la sección juvenil de la Acadèmia Catòlica, a la que parte de la familia Blanquer ha seguido muy vinculada a través de generaciones.

Como todas las familias, esta es diversa; pero guarda una extraordinaria memoria. Tanto que hace solo meses Josep Serrano Blanquer, quien fue Cap de Serveis de Cultura en el Ayuntamiento de Sabadell, ha completado una detallada monografía sobre su historia familiar, de Concentaina a Sabadell a lo largo de siglos.

Este Vicenç Blanquer i Blanquer fue hermano del abuelo de Josep Serrano Blanquery de sus hermanos, claro. La familia ha conservado el recordatorio de su funeral, con el retrato donde viste el uniforme de oficial de la Cruz Roja, que entonces incorporaba un sable, siempre guardado en el cuartel de la Rambla, y pasado de relevo en relevo.

Josep Masip Suets, hasta hace un año presidente de la Cruz Roja en Sabadell, estuvo a punto de heredarlo, como oficial que también fue. “El sable servía solo para saludar en paradas y desfiles, no era más que un engorro”, confiesa. Tampoco servía en la labor cotidiana de la Cruz Roja, la de asistir.

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El Dr, Pere Fuster en la galería de antiguos presidentes de la Cruz Roja en Sabadell

Y así fue, en servicio, como murieron en 1918, incluído el Dr. Pere Fuster Campdepadrós, presidente entre 1916 y 1918, hasta morir. “Le tocó una época muy dura”, valora Josep Masip. Cierto. Porque, antes que la gripe, hubo la Huelga General Revolucionaria que en agosto de 1917 se saldó en Sabadell con 13 muertos, de balas o morteros disparados por tropas del Regimiento de Infantería Vergara 57.

Acuartelado en Barcelona, y bregado en la guerra de Marruecos, se le movilizó con tren al cuartel de la Guardia Civil en el Taulí. La mayoría de sus víctimas lo fueron en la calle Sant Cugat, donde dispararon indiscriminadamente a ventanas y balcones, para aterrorizar. En esta calle, murió un hombre de un disparo que entró por la ventana, cuando asistía a su mujer de parto. El regimiento fue disuelto por la II República, en el mismo 1931.

Hay fotografías tomadas por Francesc Casañas desde su casa en la calle Sant Quirze, donde se ve a los efectivos de la Cruz Roja evacuando con camillas a muertos y heridos, rescatados de entre los disparos. Las placas están, como todo el fondo Casañas, en el Arxiu Històric. En cambio, también en el Arxiu Històric, el nombre del Dr. Pere Fuster ya no consta en los estadillos donde cada médico anotaba los casos de gripe, en el otoño de 1918,

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Estadillo de la epidemia de gripe e 1918 elaborado por los médicos que ejercían en Sabadell (Arxiu Històric de Sabadell)

A causa de la gripe, tal vez, el Dr. Pere Fuster había dejado de ejercer su profesión durante la epidemia, de septiembre a noviembre de 1918. Su nombre no figura en la estadística municipal que sumó casos y muertes, Además, el Arxiu Històric de Sabadell, ha publicado este 30 de marzo, en su muro de facebook, el informe final de la epidemia, firmado por el inspector médico municipal Feliu Vilarrubias. Cifra su efecto en 6.543 casos tratados y 146 muertes, pero admite imprecisión.

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Primera página del informe del Inspector médico municipal, Dr. Feliu Vilarrubias, respecto a la incidencia en Sabadell de la gripe, en 1918 (Arxiu Històric de Sabadell)

En Terrassa, con 27.000 vecinos frente a los 32.398 de Sabadell, hubo más muertes: 149 y menos casos diagnosticados, unos cuatro mil según el estudio “L’epidèmia de grip de 1918 a Terrassa. Possibles causes de la seva poca incidència” (Terme 2010), obra de la historiadora Lourdes Plans Campderrós. Las cifras bailan en todas las epidemias, también para la historia, y en Terrassa murieron sabadellenses, como Vicenç Blanquer y el Dr. Pere Fuster.

En Sabadell apenas había los dos primeros y pequeños pabellones de infecciosos en los Eucaliptus, Clínica de la Salut. No se contaba con más recursos que desinfectar locales públicos y las casas donde los fallecidos morían. Además, las epidemias como aquella gripe, eran apenas un sobresalto, en una sociedad aún víctíma en lo cotidiano de infinidad de dolencias e infecciones contagiosas, entonces mortales y ahora superadas.

Así murieron, el Dr. Pere Fuster y Vicenç Blanquer, entre tantos más. Del Dr. Pere Fuster no quedó, en la Cruz Roja de Sabadell, ni un retrato. Sólo sus firmas en los libros de actas y el recuerdo de alguien que ya entonces no gozaba de buena salud, pero estuvo al frente en momentos tan difíciles que le costaron la vida. Su memoria, perdura, y con él la de quienes estuvieron a su lado aunque se hayan olvidado, inevitablemente, imágenes y nombres.

En el centenario de esta institución en Sabadell, en 2002, a Josep Masip se le presentó una descendiente de aquel médico. Se pudo restablecer la memoria, y obtener por lo menos su retrato para incorporarlo a la galeria de antiguos presidentes de la Cruz Roja en Sabadell. A Josep Masip le emociona, igualmente, el recuerdo de Baldomero Soley que como camillero sobrevivió a aquellos desastres.

La reina Victoria Eugenia, de visita a Sabadell en 1927, impuso a Baldomero Soley la Gran Placa de Honor y Mérito, la mayor condecoración de la Cruz Roja. Fue en el cuartel de la Rambla, casi enfrente de la casa de aquel Mateu Morral que a punto estuvo de matarla a ella y a Alfonso XIII, a la salida de su boda. Seguro que alguien se lo recordó. Pero era la Rambla, y la Cruz Roja, la imagen misma de la vida y la supervivencia, en este Sabadell.

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