El modelo del Taulí, en el momento de la pandemia: Perspectivas y análisis en plena urgencia

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Para los 400.000 habitantes de su área de referencia, con nueve municipios, el Hospital Parc Taulí contaba en 2016 (última memoria publicada) con tan solo 496 camas para agudos en su total de 697. En 2011, el total de camas era de 753 y las de agudos casi las mismas, 498. En aquel lustro, pues, el recorte se centró en eliminar unas cincuenta camas para ingresos socio-sanitarios, que incluyen personas con gran dependencia y hospitalizaciones largas.

En estas ha llegado la pandemia del Covid-19, con efectos particularmente devastadores en la área de referencia del Parc Taulí. La incidencia, en víctimas y contagios, ha sido bastante más elevada en estos nueve municipios que en áreas hospitalarias vecinas, de Terrassa a la ciudad de Barcelona, algo mejor dotadas en camas para agudos y, sobre todo, en superficies y camas de UCI. Consta pese a que el Taulí no detalle datos sobre sus UCI en sus directorios.

Este es el dato fundamental. Constata una dotación más que insuficiente en la que, en el caso de las camas de agudos, no había ni hay donde recortar. Asimismo, sitúa en dimensión real términos que, como el de “privatización” o “sanidad pública”, se han convertido casi en tópicos, por no decir mitos y mera ideología, tanto en el debate general como en imágenes y visiones que envuelven al Hospital Parc Taulí, tan opaco y ambiguo desde siempre.

Toca clarificar. Si bien el recorte de servicios, y en él las camas como exponente, dan mayor margen de mercado al sector privado, en el Taulí no ha habido privatizaciones en cuanto a propiedad. Muy al contrario, el Taulí se “desprivatizó” entre 2007 y 2009, fechas en las qué lo abandonaron sus dos cofundadores privados: Mútua Sabadellenca, después fusionada con la Egarenca en Egarsat, y la Caixa de Sabadell cuando se “bancarizó”, antes de quebrar.

Aún así, y paradójicamente con mayor intensidad desde 2008, el Hospital Parc Tauli y su corporación, antes consorcio, insisten en presentarse con perfiles público-privados. Con ello, de por si ambiguo, apunta una vocación para actuar en ambas modalidades a la vez y, cabe suponerlo, para recibir clientes privados además de usuarios públicos, lo cual está regulado en las leyes sanitarias, tanto la general de Ernest Lluch como la autonómica.

El Taulí pretende actuar como un ente empresarial, hoy por hoy integramente público. Y aquí entra en otra ambigüedad. La Generalitat nombra a sus gestores, ocupa la mayoría en el gobierno del consorcio (sus otros miembros son la Universidad Autonoma, una fundación municipal y el Ayuntamiento) pero no obstante le trata como simple proveedor de servicios hospitalarios, y paga factura a factura como cuando recurre a otros de titularidad privada.

Viene a ser como si a una escuela pública, la Generalitat la tratara como si fuera concertada. Esto es, como si en lugar de pagar directamente a los maestros, al personal y el gasto en el funcionamiento, le hiciera girar facturas que podría pagar con demora. Lo que ocurre aquí es que, lejos de ser una excepción, el Taulí es desde sus inicios pionero y modelo de este sistema, que la Generalitat ha extendido y ha inspirado a otras autonomías, como Madrid.

Y hay más, todavía. Como en este ejemplo, el de la enseñanza pública y concertada, la Generalitat paga a la plantilla del Taulí menores sueldos, por concertado, que al personal de, por seguir en la comparación, el Hospital Vall d’Hebron, en este caso tan funcionarial como los profesores de centros públicos. La gran diferencia es que, a diferencia de la enseñanza concertada, en el Taulí y en otros centros concertados no hay propietarios privados detrás.

Si en lo teórico, y en el caso concreto del Taulí, este sistema resulta cuanto menos discutible, en la experiencia práctica se han evidenciado carencias importantes. La falta de dotación, en recursos y estructuras, es más que palpable en el Taulí, aunque ni siquiera donde debiera no ha hecho públicos datos al respecto. Asimismo la opacidad, intolerable en un organismo estrictamente público. Y, no menos sensible, la falta de fiabilidad en proyectos y políticas.

Los dos sucesivos planes estratégicos publicados por la Corporació Hospitalària Parc Taulí, el 2008-2017 y el 2018-2021, son prueba documental de todo ello. En el primero, aún refería que el volumen de población y de demanda y las listas de espera, junto con la “insuficiente dotación de las estructuras” determinan “ampliar nuestra oferta en todas aquellas líneas que lo requieran”, pese a no concretar más ni dar absolutamente ninguna cifra o dato.

En aquel plan, el Taulí se auto-obligaba asimismo a “colaborar en el diseño del modelo de funcionamento del nuevo hospital de Cerdanyola-Ripollet-Montcada-Barberà, analizando el impacto sobre el Hospital de Sabadell y procurando el funcionamiento integrado de los dos dispositivos”. A la vez, confiaba en las ampliaciones previstas en el Projecte d’Ordenació Parc Taulí y otras inversiones, entre las cuales destacaba la “sustitución de Santa Fe”.

De aquel “nuevo hospital” la Generalitat ni adjudicó la construcción, y en el Projecte Parc Taulí sólo lo ha edificado en parte, sin llegar todavía al Santa Fe en estado de ruina. Pero, sobre estos papeles, no parece tener mayor importancia. El siguiente plan estratégico, el vigente desde 2018, no menciona nada de todo aquello, ni siguiera en cuanto a a las necesidades que debía cubrir. En un gran salto realmente circense, el texto tiene otra forma y fondo.

En el gesto crítico más valorable, lamenta “falta de planificación por parte del planificador”. Si se refiere a la Generalitat, no lo indica. Y acto seguido, advierte la “competencia de otros proveedores en el Vallès”. En lugar de planificación e inversiones públicas, los hospitales y otros centros rivalizan así por captar recursos en concursos públicos, clientes privados o, si los hay, patrocinios o donaciones de particulares, que también hace referencias a ello.

Y, en cuanto a las camas, en lugar de mencionar necesidades, ahora insiste en su eficiencia que reduce, más que concreta, a la duración de los ingresos, a abreviar mediante antenciones a domicilio y otros procedimientos afines. Se trata de aprovechar al máximo las camas, que hace doce años consideraba insuficientes, a base de acortar la estancia de pacientes para asi intensificar su rotación. Y así, claro, abre puertas a la sanidad de pago frente a la universal.

Las altas hospitalarias abreviadas se suelen resolver, en el caso de mayores con recursos, mediante convalecencias voluntarias en residencias privadas. Como bien se sabe, y mucho más en Sabadell, el sector socio-sanitario es un gran frente de negocio en la sanidad, así como las aseguradoras todas privadas que tienen su feudo en la salud laboral, deportiva y los siniestros de tráfico, entre las que el Taulí también busca clientes, como estrategia.

Por eso se fue del Taulí la Mútua Sabadellense que, fusionada dentro de Egarsat, pasó así a la órbita de Mútua Terrassa, uno de los gigantes de la sanidad privada en Catalunya y, a la vez, un proveedor más de servicios concertados en la cartera de la Generalitat. En Terrassa y otras poblaciones, Mútua tiene a su cargo parte de la asistencia universal primaria, la de los cap. De por sí, no es ni bueno ni malo. Lo relevante, al caso, radica en el cómo.

En Alemania, Suecia y Suiza entre otros paises, todos los hospitales son privados, como la mayor parte de los seguros de enfermedad o accidente, cuyo importe se descuenta de las nóminas y se factura a las empresas. El estado solamente regula y cubre a aquellos que no puedan pagar su seguro, privado pero obligatorio. Es el llamado modelo Bismarck que, tal como su nombre indica, data del siglo XIX y fue un principio del Estado del Bienestar.

En España se sigue, pero solo en parte, el modelo Beveridge, otro clásico. Es el de la sanidad pública integral, a cargo del Estado que en España transfiere su gestión a las autonomías, parte del Estado asimismo, y estas a su vez concertan o contratan según necesidad servicios a privados, en lo hospitalario y más aún en lo socio-sanitario, como en las residencias entre otros casos. El Taulí es una pieza más en el mosaico resultante, realmente muy variado.

Como el Clínic de Barcelona y, en más casos, hospitales comarcales o locales herederos de iniciativas municipales, de las antiguas caridades o de posteriores mutualidades, el Taulí es público pero no estatal. Además, para la ciudad, es la mayor fuente de empleo. Ni el propio Ayuntamiento ni ninguna empresa, superan la plantilla del Hospital en Sabadell. También por ello, junto a la salud de los sabadellenses y su calidad, tiene un gran valor estratégico.

Y antes aún, político. Concierne a los partidos políticos, en el Parlement y en el Consistorio. Y concierne al Ayuntamiento porque aportó patrimonio y suma inversiones importantes desde fondos municipales (más de 4 millones de euros para pagar la ampliación de urgencias hospitalarias), porque aunque en minoría frente a la Generalitat forma parte del consejo de gobierno del Taulí y porque es del mayor interés para todos los sabadellenses.

Respecto al Taulí, los sucesivos gobiernos municipales han seguido siempre las indicaciones de los diversos gobiernos de la Generalitat. Pero Antoni Farrés lideró la creación y apertura del hospital, atascado durante años entre la antigua Mútua y la Universidad Autónoma en medio entonces de un sistema hospitalario local fragmentado e insuficiente hasta extremos dramáticos. Igualmente, lo puso bajo la tutela de la Generalitat, en lo público y universal.

Y ahora, tras la pandemia, ¿habrá un programa para el Taulí? Corresponde a los partidos en el Parlament y en el Consistorio: Un programa que, como tal, debe tratar de necesidades e inversiones, de gestión y estrategias, antes que de planes y textos corporativos del propio Taulí, donde a menudo el “prestigio” abusa de la propaganda a costa de la transparencia, y se basa más en la calidad de los profesionales que en la de la institución y sus recursos.

1 COMENTARI

  1. És lamentable que els ciutadans de Sabadell hàgim d estar sota les veleïtats dels directius d aquest Taulí. El seu funcionament gens transparent, corporativista, i les llarguíssimes llistes de DES-espera pels qui no hi tenim ” amiguets” : llistes gens transparents per les quals et poden tenir 4 anys per visita especialista i 10 per una operació és un desastre per la ciutat de Sabadell : : a la cua d EU en sanitat. Que hi hagi professionals, jo no ho sé….no significa tenir una bona sanitat perquè és una sanitat miserable. Pacient no tractat és pacient maltractat . Ah ! i les reclamacions se les passent pel folre . Millor dit com més escrius més et putegen… parlant clar i català.

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