Ha muerto Manolo del Río, a quien tanto debe el flamenco del siglo XXI y con él el Sabadell flamenco

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Manolo del Rio y Rafael Cañizares, en el Teatre Principal

De París a Nueva York, y antes en la Granada de los Morente, el Cádíz de Paco de Lucía o Chano Domínguez, la Sevilla de tanto y tantos y, por supuesto, en Barcelona o en Madrid, la atención más viva del flamenco todavía mira atenta a Sabadell, desde hace más de veinte años. Aquí surgió entonces, en efecto, un tipo de artista sorprendente por nuevo, formadísimo, muy genuino, y capaz de conectar desde el flamenco con las más diversas músicas y públicos.

Es el sabadell de los hermanos Rafael y Juan Manuel Cañizares, entre los grandes guitarristas de la historia, a quienes Manolo del Rio vio nacer en su calle Maladeta de Ca n’Oriac. Él les mandó al Conservatorio, y les aleccionó en el toque. Y asimismo cantaores como Duquende o Blas Córdoba. Muy cerca de ellos, por generación y porque en realidad se formaron juntos en los mismos escenarios, también en Sabadell, Miguel Poveda o Mayte Martín.

Por magistral, todos ellos le deben más que ejemplo a Manolo del Río, llamado antes Niño de la Granja, la del Pas. Acaba de fallecer, esta primavera a los 92 años. Se llamaba Mónico Molina Carrillo, natural de Alcubilla en La Mancha, y llegó a Ca n’Oriac antes de 1950. Aquí se formó en el cante, y en profesional. El flamenco es arte de profesionales, como escribió en 1886 el padre de los Machado. En Sabadell había afición, desde 1883, pero no profesión.

Salvo en el Gran Teatre del Liceu, para el que tampoco le hubieran faltado méritos, ni arte ni tablas, cantó en todos los escenarios de Barcelona dignos de él. Empezando por el del Palau de la Música Catalana, donde acompañó a Juanito Valderrama en la que para aquél fue su última actuación en Catalunya, en febrero de 2002. Con un lleno a rebosar, Manolo del Río puso en pie al público. Por profesional, se crecía junto a otros grandes, y en los grandes escenarios.

Maria Callas y Aristóteles Onasis, en Barcelona y en 1959, le buscaron para escuchar cante flamenco. Lo propio. A resultas de aquella fiesta, en la intimidad de ellos tres con guitarrista y traductor, Manolo del Río se compró el primer 600. Hablaron, y mucho, de como “poner la voz”, en el decir de Mónico. Se encontraron de modo espontaneo e imprevisto, y los dólares fueron un regalo, no un caché. Salvador Dalí también solía llamarle, para que le cantase.

Manolo del Río había vivido, entre 1955 y 1958, un hecho determinante en su carrera, muy documentado además en libros y anales sobre la historia escénica. Fue contratado para la mayor revista, por ambición e inversión, producida hasta entonces en España. “Mujeres o Diosas”, se tituló. Tras año y medio en el grandioso escenario del Teatro Madrid, con 1700 butacas de aforo (ahora un centro comercial dominado por Mediamarket) recorrió durante otro año y medio otros grandes teatros de la Península, Portugal incluído.

Entre cincuenta artistas y deslumbrantes decorados, encabezaron el cartel una jovencísima Lina Morgan, Quique Camoiras y Manolo del Río, en la figura de cantante galán y coplero, de lo más apuesto. Quizá de haberse quedado en Madrid, donde siempre tuvo abiertas las puertas de tan brillantes compañeros, y además amigos, su vida hubiera sido otra y sus éxitos aún mayores. Pero nunca se dolió por ello. En el fondo porque ya había construido su vida y su mundo, en Sabadell.

Fue aquí donde empezó y siguió. Siempre pendiente de su Mari, amiga de la infancia en su Alcubilla natal. Para seguirla, y casarse con ella, había venido a Ca n’Oriac. En Sabadell tuvo su primer empleo en la Granja del Pas, entre vacas y con la pala en la mano. Cantando en el trabajo, deslumbró al empresario Señor Baranera, dueño de aquella granja lechera, después industrial textil y al final inmobiliario. Él le animó a cantar en público, y le pagó la operación que le curó un estrabismo congénito.

Debutó en una pista de baile en la Creu de Barberà. Acto seguido, el Ca n’Oriac de la Pista del Guardia o el Parador de la carretera de Prats, no tan familiar. En el salto a Barcelona, por entreactos de cines y orquestas de baile, ganó un concurso en el Salón Diana de la Rambla. A raíz de aquello le contrató Colsada en aquella “Mujeres o Diosas”, su primera gran revista. invirtió en ella más de un millón de la época, cuando las demás revistas no pasaban entonces del medio millón.

Desde entonces, de regreso aquí, Manolo del Rio encontró su segundo hogar la histórica Bodega del Toro, tablao flamenco en la esquina del Paralelo, Marqués del Duero, con Conde del Asalto, Nou de la Rambla. Lo regentaba la Bella Dorita, convertida en empresaria tras hacer más que época en la variedades picantes. “De Sabadell, me fio de Manolo Rio y de las acciones del Banco”, dijo aquella Maria Yáñez en vísperas del homenaje a Maty Mont.

Beirut, París o Teherán fueron escenarios de algunas temporadas que Manolo del Rio pasó lejos, Encantadísimo y en ambientes rutilantes. Pero siempre añoraba a su Sabadell y a su Mari, por muchas mujeres bonitas que se le pusieran por delante. Camino de Barcelona, con su 600, solía cruzarse con Maty Mont, ella en su Dauphine blanco. Y, más todavía, no podía vivir sin el flamenco de otros artistas, sobre todo sus amigos y aficionados de Sabadell.

Prefería a Cristobal El Malagueño, como él vecino de Ca n’Oriac, que a su célebre hermano Manolo El Malagueño, con quien coincidió en diversos teatros, entre los cuales el Ruzafa de Valencia. O a Blas Maqueda, con sus cosas. Manolo El Malagueño llegó al máximo en una gira en la que compartió cartel con Pepe Marchena y Juanito Valderrama, nada menos. En la casa de Manolo del Rio, en la calle Maladeta, debe seguir colgado el cartel, por admiración.

Fue Manolo del Rio, quien tras formar a Rafael y Juan Manuel Cañizares en el toque para el cante, cometido en el que también intervinieron Blas Maqueda entre tantos más, les llevó a Los Tarantos,el tablao de la plaza Reial regentado entonces por la rumbera Maruja Garrido. Paco de Lucía, Enrique Morente, los Habichuela y tantos otros quedaron prendados de los dos guitarristas, como se sabe. Nadie en Sabadell venera tanto a Manolo del Rio como ellos.

Cuando Miguel Poveda grabó música contemporanea obra de Enric Palomar, discípulo de Benet Casablancas, Manolo del Río descubrió el disco por simple afición y, contra el criterio de otros aficionados flamencos a quienes hizo que lo escucharan, quedó prendado. “¡Cómo pone la voz!”, exclamaba. Le alivió saber que el compositor tenía, en Benet Casablancas, un amigo común con Cañizares, asimismo clásico y contemporaneo además de flamenco.

Manolo del Río ha sido flamenco porque Sabadell, y en él Ca n’Oriac, le llevaron a ello. En otro medio, seguramente más convencional y limitado, hubiera sido un gran crooner o, con los estudios convenientes, un cantante lírico al nivel de un Alfredo Kraus. Por vocación, por aptitudes, por profesional y por sensible, no cabe duda ninguna al respecto. Pero, desde lo entrañable del barrio, no ha hecho menos. Gran artista, a él se deben otros grandes artistas.

Llevaba más de cinco años afectado por la enfermedad de Alzheimer, al extremo que este invierno hubo que ingresarle en una residencia cercana a Martorell, donde ha muerto. Mientras tuvo razón, en Sabadell no le faltó el flamenco. En 2008 se le rindió un magnífico homenaje en el Teatre Principal. Y antes, en 2004 y aquella vez en la Creu Alta, estuvo a punto de cantar de nuevo con Valderrama, fallecido en plena organización del evento. Se celebró, no obstante.

Miguel Poveda, Duquende y Lolita Valderrama, sobrina de Juanito Valderrama con quien también había visitado Sabadell en las grandes épocas de su tío, y de Sabadell, suplieron la ausencia. Al toque, Rafael Cañizares y Juan Ramón Caro, otro gran guitarrista de aquí. Abrió Manolo del Río. Cantaron todos de maravilla. Realmente inolvidable. Y de El Periódico a El Pais o ABC, quedan las crónicas. Era otro Sabadell, flamenco y más verídico: El de aquellas “30 Nits”.

Ahora, invisible o escarnecido, desde lo municipal en sus medios propios, patrocinados. Con hiriente xenofobia, a estos medios no se les ha ocurrido nada mejor hoy que relacionar y de hecho reducir a Manolo del Rio con el Barrio Chino. ¿Por qué no a Maty Mont, ya puestos? Es incultura, claro: Invención desde tópicos muy rancios, cierto. En el tal ISabadell, es de lo peor, aunque Diari de Sabadell sea tanto o más ladrón y sicario. Pero la actual alcaldesa no es ajena a ello. Forma parte del Sabadell que  cuando era concejala, excluyó al que Manolo del Rio encarnaba, y así se apoyan, a ella y a eso. Ella porque paga y los demás porque cobran, dicho igual en viceversa.

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  1. Josep Ache, es la autoridad más auténtica del flamenco en Catalunya, sus artículos publicados en diferentes medios nacionales así lo testifican, es un apasionado de la materia y su cultura lo avala.

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