Aigües de Sabadell está en venta: Suez se desprende del grupo Agbar para obtener 3000 millones de euros

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El futuro de Aigües de Sabadell y CASSA (Companyia d’Aigües de Sabadell) se decide ahora en París. Forma parte de una gran operación, con 3000 millones de euros en juego, diseñada en su parte financiera por dos grandes bancos franceses, la Socièté Génerale y, aunque este dato aún no se da por seguro, la Banque Rotschild. Sabadell es apenas un fleco en ella, pero también está sobre el tapete.

El diario económico Cinco Días ha dado la noticia, confirmada acto seguido por La Voz de Galicia o el barcelonés Ara. La multinacional francesa Suez, propietaria al 100% del grupo Agbar (Aigües de Barcelona), ha emprendido su venta en una operación de “rotación de activos” con la que espera obtener los dichos 3.000 millones de euros. Afecta a todos los bienes de la compañía en España.

La operación, lanzada ahora en plena crisis del Covid-19, habría empezado a gestarse en el verano pasado, sin embargo. Según Cinco Días, la iniciativa partió del grupo Amber Capital, propietario de un 2% de Suez, que así lo propuso al consejo de la multinacional. A la vista de los hechos, lo ha más que convencido. La operación va adelante. En no más de dos meses, se destapará quien o quienes van a ser los compradores.

Amber Capital calcula que, de los 3000 millones a obtener en la operación, mil se destinarán a cubrir deudas de Suez, otros mil servirán para comprar nuevos activos y los mil restantes a retribuciones para los accionistas. Agbar es, en efecto, una de las grandes joyas en la cartera de Suez, extendida por los cinco continentes en el negocio del tratamiento y suministro de aguas y, asimismo, en la gestión de basuras y residuos.

En Catalunya, su nucleo central a pesar de gestionar concesiones en otras zonas de España, Agbar ha resuelto a su favor los conflictos judiciales que mantuvo en torno a la privatización frustrada de la mayorista Aigües Ter-Llobregat (ATLL), de nuevo en manos de la Generalitat, o el que le enfrentó al Área Metropolitana de Barcelona, donde detenta las concesiones de agua. Su estado presente, pues, destaca por consolidado y estable.

El Ayuntamiento, al margen pero afectado
Para Suez, no obstante, Sabadell es un caso particular, toda vez que no posee la totalidad de las acciones de CASSA. Queda un 30% propiedad del Ayuntamiento que, sólo en teoría, no podría vender. Fuentes municipales, extraoficiales pero solventes, han confirmado a El Dia de Sabadell que, de haber una decisión política y de obtener la autorización de diversos organismos estatales y autonómicos, sí podría llegar a venderlas.

También a título de conjetura, pero mucho más improbable, podría darse el caso contrario. Esto es: que el Ayuntamiento comprara a Suez el 70% que éste posee en CASSA. El precio de partida sería por los menos de 27 millones de euros, los del importe de la Opa mediante la cual Agbar se hizo en 2013 con las acciones de CASSA en manos privadas. El Ayuntamiento, entonces, también vendió parte de las suyas, por valor de entre 2 o 3 millones de euros.

Si el Ayuntamiento hubiera vendido entonces todas sus acciones, habría obtenido además unos 11,5 millones. Fuentes solventes indican que, a pesar que al final decidió no vender, el gobierno municipal de entonces llegó a planteárselo toda vez que en aquel momento, en 2013, los efectos de la crisis de 2008 habían dejado más que exhaustas las arcas de la Casa de la Ciudad. Y ahora es muy probable que ni siquiera lo haya considerado, todavía.

Sensible mutismo de CaixaBank
El desarrollo de la operación en su conjunto se decide estos días en los despachos de la Société Générale y tal vez los de Rotschild, también. Suez no informará oficialmente hasta que todo esté cerrado y tome la decisión correspondiente. Mientras tanto, como dato mas que sensible, queda por ver cual es la posición de Criteria Caixa Corp, dueña de un 5% del capital total de Suez y, de La Caixa a CaixaBank, más que vinculada históricamente a Agbar.

Criteria podría recuperar Agbar y los activos del grupo en España, porque los que poseyó en Sudamérica, como la chilena Aguas de los Andes, han quedado fuera de la operación. Por el momento, la antigua La Caixa guarda el más estricto silencio sobre su decisión al respecto. Este extremo, el de quien será el nuevo propietario de Agbar en Barcelona, es el que mayor importancia tiene para Aigües de Sabadell y CASSA.

Sabadell depende de París, pero más de Barcelona
Aún en el caso improbable que el Ayuntamiento se hiciera algún día con el 100% de CASSA, Aigües de Sabadell seguiría dependiendo de Agbar que, desde 1952, provee en su inmensa mayor parte los caudales de agua consumidos en Sabadell, Sant Quirze y Bellaterra. CASSA, precisamente, se fundó a partir de un acuerdo todavía vigente entre el entonces alcalde Marcet y la, también entonces, Sociedad General de Aguas de Barcelona.

CASSA, con inversores privados convertidos en accionistas, construyó además de la red urbana una potente canalización entre Sant Pere Martir, junto al Tibidabo en Collserola, y los depósitos que al efecto se construyó en Can Llonch. El agua de Barcelona sigue llegando asi a Sabadell, ahora mediante tuberías prácticamente renovadas. De las antiguas, apenas queda un tramo bajo el Parc de les Aigües, en el barrio de Can Llong.

CASSA, mientras tanto, apenas ha empezado a renovar su obsoleta red urbana. La inversión, muy retrasada, va a cargo del Ayuntamiento y está presupuestada en 64 millones de euros, según consigna el Pla Director d’Aigues 2017-2030, aprobado por el Consistorio durante el mandato pasado. Su importe, pues, supera en muchísimo, sobre el doble, la capitalización de la compañía en la venta que ahora se gestiona.

Pero no por ello va a lastrar el valor de CASSA, determinado sobre todo por los ingresos, en los recibos pagados por los usuarios. El negocio del agua radica en la eficiencia de la gestión entre los márgenes establecidos en las tarifas reguladas por las administraciones, en este caso la Generalitat y el Ayuntamiento, y los precios del agua “en alta”, que la Generalitat dicta asimismo mediante la mayorista Aigües Ter-Llobregat.

No impide, ni mucho menos, que Agbar y con ella Aigües Sabadell resulten atractivas para los inversores, también en pleno estallido de la Covid-19 y su incipiente crisis. Se trata de un valor “anticíclico“, en el decir del argot económico. En efecto, pese a que el consumo pueda fluctuar según las coyunturas de determinados sectores industriales, entre los cuales el del turismo, el mercado se asienta sobre la población en general, que paga por el agua.

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