Can Deu, Ribatallada y el Ripoll en el momento post-covid: La gran oportunidad económica y urbana de Sabadell

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Entre los traumas del franquismo en Sabadell, la destrucción del bosque de Can Feu no fue de los menos sensibles. Lo arrasaron de golpe en la inmediata postguerra, cuando protestar estaba penado. Primero, para vender aquellos miles de árboles como madera, a los precios del estraperlo, y acto seguido para vender a palmos solares donde poner fábricas, talleres y, en lo más lejano, Los Merinales, sobre lo que recién había sido el frondoso Pla de l’Amor.

En la postguerra hubo asimismo aquella gran epidemia de tuberculosis, también silenciada y ya sin el legendario pulmón verde por el que respiraba Sabadell. La pandemia actual no es comparable a las guerras, ni tampoco efecto de la miseria y sobrexplotación laboral, causa de las virulentas enfermedades de entonces. Pero más que nostalgias, hay una necesidad social común a ambos momentos: la del verde, aquí con valor de patrimonio ciudadano.

La sienten y precisan quienes viven recluidos en ciudades (entre calles o coches, y no hace tanto fábricas, se encuentran segregados de los espacios abiertos, del frescor de riachuelos o fuentes, y de la sombra de los árboles). Desde que se puso en marcha el primer vapor, allá por 1840, va con Sabadell. Tanto que ya entonces, aquí y por ello, se inventaron el Aplec de la Salut, los concursos pajariles, la afición al agua de las fuentes del Ripoll, y aquel Can Feu.

Por mucho que los poderes ahora constituidos no actúen como los del franquismo, no deja de haber poderes. Pueden, en el mejor de los casos, adecentar el Ripoll, que ni aún así es lo que fue antes de 1962. Las riadas también arrasaron álamos y plátanos, plantados al borde del río por la burguesía que en el Ripoll fundó fábricas, origen del Sabadell industrial. De igual modo, los árboles cubrían caminos y senderos, los más perdidos tras tanto abandono.

Cofinanciada y por tanto decidida desde Bruselas, en los trechos más urbanos del Ripoll se dio en efecto, hará más de 25 años, una cierta inversión. En Europa no era tolerable aquella cloaca a cielo abierto, con vertederos y núcleos de barracas insalubres como el de la Clota, muy parecido al que perdura, no obstante, al lado de Torre Romeu junto al antiguo camino de Polinyà, en lo que en los años sesenta fue la finca del efímero fabricante López Ros.

Ni en el tardofranquismo ni en la transición, el Ripoll nunca fue una reivindicación popular. Entre otras razones, porque había caído en la más absoluta marginalidad. Antes apareció la demanda del Parc Catalunya. Pero el alcalde Farrés, quizá sin preveerlo, encontró la ocasión de darle un vuelco mediante los fondos europeos y, como al resto de los sabadellenses, le sorprendió el resultado que, sin embargo, tampoco ha animado una política continuada.

Pero el vuelco se dio y ha sido tal que, junto con Can Deu y Ribatallada, el Ripoll y no el Parc Catalunya, ha emergido como el primer horizonte liberador, inmediato y multitudinario, de los sabadellenses tras la confinación por el estado de alarma. Incluso, en algo antes insólito, estos días se critica su deficiente mantenimiento, en nada novedoso aunque el temporal Gloria y después el cese en marzo de los trabajos públicos, sirvan de excusa municipal.

Coincide con indicios de una probable vuelta del Ripoll a la agenda política local, al socaire del pacto entre PSC-Podem y la nueva derecha de Lourdes Ciuró, que aquí ha puesto la mira. Además del valor ambiental, pondrá sobre la mesa la viabilidad en la economía productiva, y antes inmobiliaria, de este paisaje que no sería como es, ni en lo verde ni lo agrícola, sin las fábricas. Molinos y huertos compartieron y crearon juntos recursos, acequias y caminos.

Sin empresas establecidas, con su mano de obra ojalá diversa y valorada, el Ripoll tampoco podrá prosperar como parque. Seguirá tan vulnerable o precario, y ahora se ve, como una calle sin vecinos, tiendas ni negocios, que apenas funcionase en fines de semana. Y aún hay mejores ejemplos. El célebre Silicon Valley, al caso en positivo, tiene mucho de parque, y además verde, con más movimientos en bicicleta que en coche, y runners a todas horas.

Si una Gran Via convertida en avenida cívica y por ello pacífica se desea como la médula del Sabadell futuro, y aquí cabe reconocer a Ciuró el mérito de ponerla en la agenda, el Ripoll debería ser uno de los músculos más potentes en la ciudad que así articularía. El Ripoll no se debe desvincular de la Gran Via, ni viceversa. Pero tampoco de Ribatallada, su más valioso afluente, por encima del Riutort o la Tosca. Y, tanto o más sensible, Ribatallada es Can Deu.

Como parque forestal, Can Deu y Ribatallada superan en mucho al que, en el primer tercio del siglo XX, Sabadell tuvo en el malogrado Can Feu. También a pie de ciudad, mayor ahora, este paraje es más rico y diverso como ecosistema, conecta perfectamente al Ripoll con el bosque y los cultivos en el llano del Vallès (toda una reliquia), por el espectacular torrente de Ribatallada, sus bosques de ribera y, también, el castillo medieval y el pantano del XIX.Can Deu, Ribatallada y el Ripoll en el momento post-covid: La gran oportunidad económica y urbana de Sabadell 1

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La postal con el castillo de Can Feu, en el fondo un decorado casi teatral, tampoco supera en tema y sugestión a las que Can Deu y Ribatallada ofrecen, más agrestes y vivas. Y en cuanto a demanda y uso social, rentabilidad en los mismos términos, y potencial sobre todo, lo que aqui hay, al norte de la ciudad, llega a saturar, desbordar los estímulos, a poco que se observe. Lo oculta, si acaso, el abandono que padece, similar al que el Ripoll sufrió en sus tiempos de cloaca y marginación.

Porque sucede que Can Deu y Ribatallada topan con el poder de los bancos. Aún con buenas cartas en la partida, a este paraje la banca se le ha puesto de mano, y le marca el juego, En efecto, las cajas, los bancos entre los cuales el Banco de España o incluso el de Francia, y ahora la Banque Rothschild de París y la Société Génerale, la “vieille dame” financiera que fundó Napoleón III, le han acabado llevando como a puta en rastrojo, dicho sea con perdón.

Este otro relato, histórico-financiero, resulta más que oportuno para entender lo que aquí ocurre. Viene desde los sesenta, cuando Can Deu se convertía de modo espontaneo en un segundo Can Feu, otro gran bosque a pie de las calles y los barrios, con toda una gran ciudad no sólo detrás. Si antes fueron Gracia y Hostafrancs, en la linde, entonces eran Ca n’Oriac y la Planada, con la Fuensanta y lo que sobrevivía del antiguo Sant Julià d’Altura y sus masías.

Resurgió así el trauma ciudadano de Can Feu: Lo que pudo haber sido y allí no fue. Y así fue como con la intención de salvar Can Deu y convertirlo en parque forestal, pero esta vez en serio, el empresario Antoni Forrellad (el de Ces antes de Asea-Ces, la UH y Banca Catalana), planeó y realizó como presidente de la Caixa de Sabadell la operación inmobiliaria y además financiera correspondiente. Con sentido social, sin duda, a extremos que hoy día asombran.

En 1964, las tierras del mas de Can Deu estaban en la cartera de una inmobiliaria llamada Construcciones Fama SA, con sede en l’Hospitalet. Planeaba convertirlas en algo como un polígono industrial, pero en peor, y en pisos que tampoco presagiaban nada mejor. Caixa de Sabadell puso 35 millones para rescatar el bosque y la masía, y convenció al Ayuntamiento para que pagara 5 a aquella Fama por los terrenos de lo que ahora es el barrio de Can Deu.

Y así, en proyecto y obra de la municipal Vimusa, Can Deu se convirtió en el mejor barrio en vivienda social que vio España en el franquismo. Los hubo de pésimos, como las 3000 de Sevilla o asimismo Espronceda, en Sabadell. Caixa de Sabadell, a su vez, convirtió su parte de finca en parque forestal, con limpieza y papeleras, museo en la masía, la ermita salvada en el pantano de Sau o eventos de cross y sardanas, que después se llevaron al Parc Catalunya.

Aquello fue, pero se rompió cuando en 1985 Caixa de Sabadell quebró por su implicación en el caso Buxeras, una estafa bursátil silenciada en la época. El Banco de España y las demás cajas, que cubrieron el descalabro, exigieron a la de Sabadell que se desprendiera de Can Deu, también del Nen Jesús que en aquellas asumió el Taulí. En términos de parque forestal, el Ayuntamiento era capaz de quedárselo. Sin embargo, el alcalde Farrés se negó a la oferta.

El error perdura, y se agrava. Tal como la tragedia humana de las riadas se debió al desastre del franquismo, con obreros cobijados en cuevas o barracas, a merced de tempestades en la miseria, el temporal de 2014 en Can Deu no fue más que otro episodio del abandono, como la amenaza del Cuarto Cinturón o la atrocidad del gaseoducto, que el bosque padece desde aquella quiebra y acto seguido la negativa de Farrés, ésta por razones que ni se explican.

Desde 1985, tampoco se repara el muro que en Can Deu servía de mirador sobre el Ripoll. La Fundació Caixa Sabadell, una entelequia insolvente, sólo intenta mantener sueldos de sus gestores con fiestas banales, que le paga el BBVA de la compra por un euro. También le da para sobornos a todos los medios locales salvo El Dia de Sabadell, incluida la Radio Sabadell municipal, que por ello ocultan la degradación extrema, con vertederos en el bosque.

El de Ribatallada, el Can Deu húmedo que por el camino al pie de Sant Julià llega al Ripoll, es otro cuadro. Su mina de agua y pantano, bajo el castillo, fueron las aguas de Sabadell hasta que, con Marcet, llegó la de Barcelona. Por el agua, Marcet agregó esta finca al patrimonio de CASSA (Aigües de Sabadell) comprada en 2013 por la multinacional Suez. Ahora la vende en un paquete de 3000 millones de euros, con Rothschild y Société Géneralle de “dealers”.

Como Antoni Farrés, la actual alcaldesa Marta Farrés, sin ser prima ni sobrina de aquél, se inhibe al respecto ante los vecinos del sector norte de la ciudad y sus compañeros del PSC, incluso. Pero algo habrá que hacer, y quizá vendrá otra vez de Europa. Porque, tras el covid, el Ripoll con Can Deu y Ribatallada pueden ser más que el pulmón de Sabadell. Tanto como el corazón verde del Vallès, a efectos de salud, ambientales, y asimismo económicos.

Habrá un interés europeo por la ubicación de empresas y puestos de trabajo en entornos con calidad ecológica, y aqui el Ripoll. Igualmente, a escala regional o metropolitana mas que comarcal o provincial, aumentará la demanda y uso social sobre los espacios verdes. Por parte de la Diputación, el Parc de Sant Llorenç de Munt podría y debería contemplar a Can Deu, Ribatallada y el Ripoll en su entorno más que subsidiario, y prolongarse hacia él.

Trabajo y calidad de vida, en definitiva, que sin embargo podrían morir antes de nacer. Lo matarán si el tráfico actual de la Gran Via se desvía sin más a Can Deu, con la Ronda Vallès o con el más aterrador Cuarto Cinturón. Llevado a lo inevitable, como se plantea, el impacto debe ser cero. La degradación de Can Deu, comportaría la de Ribatallada entre otros efectos sobre el Ripoll y el resto de la ciudad. Ahogaría así el corazón verde de Sabadell y del Vallès.

Antes como ciencia que como ideología social, y por ello política, la ecología enseña que los seres vivos dependen unos de otros. En lo político, la experiencia del covid muestra hasta que punto el mundo es una realidad global, y como la Unión Europea toma valor y sentido en la medida que dé a esta crisis una respuesta efectiva para todos sus socios, incluidos los sabadellenses. Entre conciudadanos, no estará de más pensar en ello. Y aquí este escrito.

1 COMENTARI

  1. Tants sols felicitar-te per l’article, a veure si els responsables de la nostra administració votada i pagada per tots nosaltres(Ajuntament), obren els ulls d’una vegada i inverteixen i promouen espais verds que ens queden i ja hi son unics i iconics per una ciutat com Sabadell (mes coneguda per la industria que per la natura i entorn) com Ribatallada i Gotelles, Colobrers, Baix Riutort( De Can Vilar al pont de la Salut, Togores, Roureda del torrent del Fangar, roureda del torrent de Vallcorba(ja tocant a l’autopista), Roureda de Can Coniller, l’estepa cerealista dels camps de Santiga i posar en auge adecentant-los una mica tots aquests espais i segurament em deixo mes
    d’un,penso que no fa falta tanta inversió, es tractaria només de netejar camins, posar passeres alla on calgui i arreglar varies fonts avui perdudes de la ma de deu, i llocs on la gent es podria perdre i desconnectar de la ciutat, sense haver de sortir del municipi. No sabem potser que potenciant aquest patrimoni natural també es una inversió tant per al ciutadà com per el planeta, aixo si a llarg plaç, cosa que molt em temo no tenen els senyors i senyores que ens administren a dia d’avui son “cortoplacistas” tant sols miren en el seu redit electoral. Els hi agrada millor passar a l’historia com l’alcaldessa, alcalde (govern municipal) que va fer el quart cinturo(ronda Valles) i es va carregar el poc que quedava de verge a Sabadell, en comptes de fer-ho per haver sabut mirar mes enllà i que les futures generacions estic segur que s’ho agrairan sempre, i a nosaltres no ens perdonaran mai no haver-nos queixat. Amen jejeje. M’he quedat mes ample que llarg. Gràcies a tothom que estima la terra i la sap valorar.

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