“Demasiado bello para ser ignorado”: El flamenco de Sabadell conquistó así París, hace 25 años

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“Une musique trop belle pour être ignorée” (una música demasiado bella para ignorarla), señaló el vespertino Le Monde ante lo que fue un sonado acontecimiento en la escena musical de París. Irrumpía, y así se presentó, la “Nouvelle vague du flamenco”, los herederos de Camarón y Paco de Lucía, “Los jóvenes flamencos”. Por trascendente, ahora es histórico.

Desde luego, se trataba y trata, más aún después, del sabadellense Duquende, en su debut en París, y del también sabadellense Cañizares, que por sorpresa y así sin figurar en el cartel, lideró la segunda parte a la guitarra, junto al bajo de Carles Benavent y los vientos de Jorge Pardo. Venía a ser el sexteto habitual de Paco de Lucía, ausente sin embargo aquella vez.

El cartel motivó llenos absolutos, consecutivos y entusiastas, el 10 y el 11 de marzo de 1995, en el histórico Trianon de Montmartre donde hacía un siglo se habian consagrado Frègoli o la Mistinguett , y en estos últimos años Carla Bruni o Rihana entre otros. Y, de París, el eco mediático alcanzó a Barcelona, Madrid e incluso Sabadell, que no sería ni es menos al caso.

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Abrió bloque cultural, tras los anuncios, en el telenotícies de TV3 y en el telediario de La 1 de TVE, aquel sábado a mediodía. La Vanguardia mandó como enviado especial al parisino casi Óscar Caballero, El Periódico a Rafael Soto Viñolo expresamente desde Barcelona, y por Diari de Sabadell fue Josep Ache, con el hotel y el viaje a su cargo. La noticia lo merecía.

Duquende, “más que guapo con su camisa blanca y corbata impecables”, según testimonio de Teresa Sesé en La Vanguardia, rompió el hielo y se citó con todos los duendes sobre el escenario. Mario Pachecho, productor de aquellos Jóvenes Flamencos,explicaría después el porque de la elección del de Sabadell, casi debutante, en la presentacion del cartel parisino.

“Duquende fascina allá donde va”, ya entonces
“Duquende fascina allí donde va”, declaró con la evidencia de por medio. Y después de encajar la salva de aplausos que se le vino encima, su primera gran ovación en París, el de Can Puiggener “reapareció gozoso, feliz en el escenario del Trianon”. Tratándose de un “despegue continental”, que así decían los diarios, se respiraba más que satisfacción, pues.
Deslumbró, y en París sus ecos aún no han cesado. El flamenco aparecía en pleno salto hacia adelante, tras el legado de Camarón y Paco de Lucía, a quien tanto estuvieron vinculados Cañizares y Duquende así como Carles Benavent y Jorge Pardo. Además, y a través de estos dos últimos, emergían lineas futuras del jazz, en la estela que recién dejaba Miles Davis.
Libération, tan atento como Le Monde o Le Parisien en la prensa francesa, puso énfasis en el vínculo milesiano, a pesar que Carles Benavent le mencionó igualmente precedentes más locales, barceloneses como Música Urbana, y destacó a Joan Albert Amargós, pianista y compositor contemporaneo, quien le acercó al flamenco, tan universal siempre en París.
El público, popular y cálido. Muy joven, y muy de la Francia que entonces cultivaba de nuevo su orgullo patrio por el mestizaje. El pintor Miquel Barceló se hizo notar entre el auditorio, al extremo que en un acto de admiración insólita hacia Duquende, precisamente, abandonó la platea tras la media parte. “Si Duquende no va a cantar más, me voy”, proclamó en grito.
A Miquel Barceló, en el Trianon, le disgustó que Duquende. tras aquella primera soberbia primera parte fuera relevado en la segunda por Potito, puesto atrás en el grupo de Pardo, Benavent y Cañizares. En efecto, y pese a que el formato pasara a instrumental, la solvencia cantaora del sabadellense marcó contraste. Pero pronto tuvo ocasión para el desquite.
Más que una fiesta, con ello y todo. Al tiempo que conquistaba París y abría nueva época no solo para el género, sorprendía por su atracción hacia nuevos públicos. Al acto, el Thêatre des Champs Élysées sede entonces de la Orchestre National de France contrató a Duquende para un recital, el 26 de febrero de 1996. Nunca antes había presentado a ningún cantaor.
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Duquende y Niño Josele en el Thêatre des Champs Elysées de París, el 26 de febrero de 1996
Duquende, que sobre todo con Paco de Lucía ha ido volviendo a tan monumental escenario, el más importante de París tras la Opèra de Garnier o ahora la Phillarmonie de Jean Nouvel, sigue siendo el único en este privilegio. En aquella ocasión, el cantaor sabadellense dio la alternativa a Niño Josele, el gran guitarrista que entonces tan solo contaba 17 años.
El homenaje de Barceló a Sabadell
“Tu cantes tan bé perquè ets de Sabadell”, le repitió allí Miquel Barceló a Duquende, entre las felicitaciones en el camerino. Sin más tradición local que la de nacer abierto al mundo, en aquel Sabadell de su niñez al que tan a diferencia de ahora llegaban todos los vientos del flamenco, ser cantaor tampoco tenía mayores apoyos que la sabiduría y el esfuerzo propios.
Cañizares se quejaba de ello, allá en París. Alojado en Montparnasse, antes de tomar el taxi que cruzando París le llevaba a Montmartre, le sorprendió que fuera allí donde un medio local, Diari de Sabadell en concreto, la abordara por primera vez. Le dolía más el desprecio con el que, entonces como ahora, le tratan en el Ayuntamiento, funcionarios y concejales.
Cañizares no era ningún debutante. Era el puntal de Paco de Lucía, de Enrique Morente que tenía en él al guitarrista más creativo (Omega, Lorca…), o del Peter Gabriel que le paseaba por el mundo y, mano a mano con Al DiMeola, con Pardo, Benavent, Michel Brecker o Peter Erskine entre otros grandes, había llegado a finalista en los Grammy, en el álbum Jazzpaña.
En Paris Anne Hidalgo, y en Sabadell los Farrés
En París, al de Ca n’Oriac se le considera ahora un clásico, ilustre y flamenco de igual modo. Con la alcaldesa Anne Hidalgo, en marzo de 2016 descubrió la placa que sobre el humilde portal del 159 de la Rue Saint Jacques recuerda que fue en un pisito de aquella angosta escalera donde el maestro Rodrígo compuso su Aranjuez, en plena guerra civil española."Demasiado bello para ser ignorado": El flamenco de Sabadell conquistó así París, hace 25 años 3Y, más recientemente, en la grandiosa Philarmonie con sus 3000 butacas. La mejor sala de conciertos de Europa. Como compositor y solista, con la Orchestre National de Lille que allí le llevaba, interpretó en octubre de 2018 su Concierto para guitarra y orquesta sinfónica n. 1, Al Andalus, que en 2016 había estrenado con la Orquesta Nacional de España.
A su vez, desde entonces, Duquende ha vivido otras grandes veladas parisinas en el Cirque d’Hiver, tras los pasos de Camarón. Los dos únicos cantaores que han grabado allí sendos discos en directo. El de la Isla de San Fernando en 1987, y el de Can Puiggener en 2007. Y es de lo más normal. Desde Debussy, que de ahí viene, a París nunca le ha faltado flamencura.
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Nunca lo ha tratado como un folklore. En aquel 1995, en concreto, la llegada de Duquende y Cañizares coincidió en pleno debate, muy francés, sobre lo que allí llamaban “especificidad cultural europea”. Le dio la réplica el Billboard, portavoz neoyorquino del pop y el rock con sus industrias. Los Estados Unidos temían y temen por su supremacía, asimismo musical.
En articulo editorial de Howell Lyewellin, porque en Billboard no todo son críticas y listas de ventas, aquellas veladas flamencas parisinas significaban “la manera como los europeos no anglosajones sacan provecho de sus raíces para enfrentarse a la dominación de los estilos norteamericanos”. En Francia, este tipo de juicios emocionan, en menos localista que aquí.
Nueva York se abre, Sabadell se enrancia
Pero desde Sabadell, y mirando a Nueva York sin ir más lejos, habría mucho a discutir o más bien a relativizar. El más que emblemático Lincoln Center, en el corazón de Manhattan, y en él la modélica Jazz at Lincoln Center Orchestra, formación que dirige el asimismo más que magistral Winton Marsalys, también ha requerido artistas flamencos venidos de Sabadell.
Blas Córdoba, tan reacio a cantar en solitario como excelente en el cante atrás, y con él el painista Chano Domínguez, que de Vallgorguina se mudó al Village, frecuentan la Jazz at Lincoln Center Orchestra. Los duos entre el cante a palo seco del de Torre romeu y el de Nueva Orleans con su trompeta, van entre lo más grande de ambos géneros y mundos.
No se ignora. Imposible. Tampoco en Sabadell. Esta historia, tan del como está la ciudad, la calla el cada vez más irreconocible Diari de Sabadell, ultraenranciado, cuando estos días advertía apenas que en todo un Sabadell solo habrá habido este año un recital de flamenco, por afición y aun gracias al promotor Pere Urpí, cuyos medios solo su voluntarismo sostiene.
Si a Chano Dominguez el Ayuntamiento le cobró 3000 euros por llevar a Blas Córdoba a la Faràndula, Pere Urpí no puede compensar en otros lugares. Pero hubo otras experencias en la ciudad, y en ellas los catorce años que en el rincón de 30 Nits, no en los teatros municipales, en flamenco procuró anticiparse o tutear a Barcelona u otros festivales. incluido el Grec.
Y todo ello desde la humildad, y la sensibilidad propia en los artistas. Aquellas veladas en el Trianon, por ejemplo, surgieron de la iniciativa de la bailarina Blanca Li, quien contrató local y cartel, por simple gusto personal. Como coreógrafa, contemporanea, la anuncia ahora el Gran Teatre del Liceu, para el febrero en la programación oficial del coliseo de la Rambla.
Pero Duquende, tan poco dado al bullicio incluidas las fiestas entre artistas, declinó la invitación a la cena que, a la salida del Trianon, ofrecía Blanca Li. Prefirió una ensalada en compañía de una pareja de espectadores sabadellenses, entrañables amigos, en un local kosher, judío, en la cercana plaza de Pigalle, a la vista del Moulin Rouge tras la vidriera.
De Montmarte a Montparnasse, al hotel, el taxista invitó la carrera. Portugués de Coimbra, y por una notoria saudade tal vez ibérica, se negó a cobrar el servicio. En el arte, y con él el flamenco, el corazón, sensible, va por delante de dineros o políticas, sean de la indústria, de mordidas municipales, o simplemente ideológicas. El arte, por universal, queda y perdura.

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