Ca n’Oriac pierde un impulso social: José Bravo, fundó la agrupación de vecinos y la de comerciantes

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© Albert Bravo Fotografia

Cuando en 2006 y con 76 años se jubiló en su Electrohogar Bravo, que en 1970 abrió frente a la plaza del Pino, José Bravo se había convertido en experto de la telefonía movil. En parte porque lo apreciaba la clientela, o sea el vecindario, y más aún porque le gustaba aprender. Siempre se enseñó a si mismo. Y le tiraba, tanto o más, contribuir a la solución de lo que, por así decir, llaman problemas sociales, aunque solo sean urbanísticos o económicos.

Para dedicarle por ejemplo una calle, detalle que en absoluto ambicionaba, no le faltarían méritos. Estuvo entre los fundadores de la Agrupación de Vecinos, en 1965, y quince años después en la de comerciantes. Dió y buscó dinero para las fiestas mayores no solo la de Ca n’Oriac, para el Febrero Cultural y todos los equipos de fútbol de la Zona Norte. Y militó en el PSC desde antes que existiera como tal, aunque nunca se postuló para cargos políticos.

Porque en 1952, cuando llegó a Ca n’Oriac, no había agua corriente en las casas, ni apenas fuentes en las calles. Llevó años, más de quince y largos, resolver el problema, uno entre tantos en el barrio. A Ca n’Oriac los del Sabadell de toda la vida le llamaban Can Sisiti, por Kansas City. Los barrizales en las calles, la anchura de la Avenida Matadepera e incluso La Mola al fondo eran dignos de aquel Oeste tan en voga en novelas y películas de entonces.

José Bravo, víctima ahora de un ictus fulminante con 90 de edad, guardaba todavía una vieja olivetti de escribir. Ni sus hijos saben como llegó a sus manos. Nacido en la panadería de El Gordo, pueblo cacereño que como su nombre indica es más bien avulense, con la máquina a solas aprendió mecanografía y decidió comprar un curso por correspondencia. Escogió el de contabilidad, saber para el que no había menester de más utillaje que el papel y lápiz.

Los había de fresador, tornero o ajustador. Internet liquidó aquellas academias. Nunca se sabrá cuantos obreros especializados, inmigrantes, llegaron al Sabadell del desarrollismo con aquellos cursos por formación. A José Bravo le sirvió para encontrar de primer empleo el de resolver facturas y semanadas en aquella bóvila que humeaba donde ahora está el estanque del Parc Catalunya, una de tantas como había en la inmediata periferia urbana.

De ahí pasó a Seguros Santa Lucía, al Banco Hispano Americano y, como contable jefe, a la Suministradora del Vallès, donde aprendió de electrodomésticos. Pero todo ello desde Ca n’Oriac, donde ni quienes trabajaban con corbata, y menos él de natural humilde, no se las daban de más. Ir a por agua a las fuentes o pisar barro era lo común, también en calles del Centro donde, eso sí, tenían a Sabadell más cerca, Los barrios quedaban lejos y aislados.

En Ca n’Oriac, como tantos jóvenes de su generación inquietos por saber y tener un medio donde relacionarse entre vecinos, José Bravo conectó con la JOC (Juventud Obrera Católica). De aquel medio surgieron la Agrupación de Vecinos y, con ella, la revista Can Oriach, a cuyo cargo estuvo Carles Ortiz, otro humilde. El mejor retrato de la ciudad. El malogrado Juan Gómez se reveló allí como la inteligencia más lúcida en el Sabadell del tardofranquismo.

José Bravo, que se tenía por más de números que de letras, encontró otros vecinos que, más al margen de las grietas abiertas por aquel cierto catolicismo social, eran comunistas y por tanto antifranquistas sin otra mediación. Francisco Morales, otro histórico del barrio, recordará la afinidad entre convecinos que surgió entonces. Entre todos ellos, entre vicarios de la parroquia y las incipientes comisiones obreras, emergió la democracia en la ciudad.

Simón Saura sería otro referente, con otras complejidades o simplicidades, en comparación con Juan Gómez sin ir más lejos, o el mismo Morales. Pero como la vida va por encima de lo escrito o leído, y José Bravo ha sido de números y de lo práctico, también en lo social sin embargo tan intenso en él, a su labor se debe mucho en la transformación de Ca n’Oriac y su auge vital, con él el comercio, y a su vez el de la ciudad en general. También el Centro.

Ca n'Oriac pierde un impulso social: José Bravo, fundó la agrupación de vecinos y la de comerciantes 1
José Bravo, segundo a la izquierda, en la conmemoración del 25 aniversario de la Asociación de Comerciantes de Ca n’Oriac, en 2006

La de Ca n’Oriac es la más antigua entre las de la Federació d’Associacions de Veïns. En el barrio hubo incluso otra anterior, legalizada en 1947 y extinguida pronto por la dureza de aquellos tiempos y para alivio del régimen. La que perdura, y asimismo la posterior de los comerciantes, señaló a Ca n’Oriac entre los barrios más dinámicos, potentes y creativos, en lo social, lo cultural, lo político, lo deportivo o lo comercial. Y, en todo ello, José Bravo.

Hechos, antes que palabras. Sin presumir por ello y menos en discursos aunque nunca se calló en reuniones vecinales o políticas, forma parte de las virtudes cívicas de José Bravo, y antes personales: Generoso, trabajador, sabio, y humilde como un vecino más entre los de Ca n’Oriac. Todos pisaron barro y vivieron tan aislados, de la sanidad o de la luz en calles y casas, como en una aldea remota. Su tienda también fue un acto social y demócrático.

1 COMENTARI

  1. Bon comentari del Sr. Bravo que vaig estar amb ell i em va ensenyar a utilitzar el ordenador, era una gran persona el millor de la Junat de COC, jo era el Secretari al llavors.

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