¿Por qué a Can Deu no lo gestiona el Ayuntamiento, como al Parc Catalunya, ni lo limpia como al Ripoll?: Falta de liderazgo

0

Cuando Antoni Farrés, como alcalde, y Manel Larrosa, al frente del urbanismo municipal, fueron así investidos en virtud del voto ciudadano, allá por 1979 en el primer Consistorio democrático, les faltó tiempo para ponerse a comprar parcela a parcela lo que convirtieron en el Parc Catalunya. Sin pausa, mientras perfilaban, maduraban y gestionaban el proyecto, con tenacidad entre otras virtudes, consiguieron llevarlo a cabo en poco más de diez años.

Cumplían el mandato de las urnas, cierto. La reivindicación del Parc Catalunya se forjó en el antifranquismo, igual que tantas otras donde siempre estuvieron más o menos presentes las asociaciones de vecinos. Como en el caso de Torreguitart, la Plaza de España o el Eix Macià, los antecedentes del parque se remontaban al Plan de Ensanche y Reforma (Plan General Urbano) que Josep Renom y Joaquim Manich trazaron en 1926, y aún estaban por hacer.

Pero Farrés y Larrosa aportaron otra visión, debida por lo menos en parte a la experiencia que tomaron desde el poder político y la gestión pública. Consistió en combinar un gran parque, al que no sin razón organismos como la Cambra de Comerç tildaron al principio de desmedido, con la creación en su frente de una area de centralidad urbana (servicios y con ellos comercio junto a viviendas) con vocación y potencia regional o comarcal, no sólo local.

Manel Larrosa tenía en la cabeza los grandes parques urbanos de Londres, Paris o Berlín y, muy en concreto, la relación entre el Central Park y la Park Avenue de Nueva York. Por aquí hizo asomar los rascacielos del Eix Macià. Le trataron de visionario. Porque todo aquello, a medida que lo ideaba en su despacho del Ayuntamiento, lo publicaba a título personal en el diario. Antes y después de ser concejal, no ha agotado las ideas. Sólo que aquella se realizó.

Con Can Deu, Sabadell como las grandes capitales

Lo dijera o no, la del Parc Catalunya con su Eix Macià responde a una realidad casi obvia: Los centros urbanos, en Barcelona el Eixample, concentran las mayores demandas de espacios para servicios, comercios y viviendas, y por tanto precios. Necesitan calidad urbana y estar bien comunicados. Al Eix Macià le faltó de entrada el tren. Pero su paisaje y potencial, urbano e inmobiliario, ofrecen valores insólitos en barrios y polígonos de autopista.

A las autopistas van factorías industriales o de servicios, sean el Amazon de Can Roqueta o las oficinas centrales del Banc Sabadell en Sant Cugat, y los grandes centros comerciales en sus escalas y formas más periféricas y provincianas. Poco más. Para ver fútbol, quizá da para el estadio del Español en Cornellà. Pero no son nada propicios para practicar running o ir a un gimnasio, ni tampoco tanto para sedes corporativas ni consultas de médicos o abogados.

Situado a pie de autobús, casi de ferrocaril, junto a barrios potentes en servicios y comercio, el paraje de Can Deu-Ribatallada no es tan diferente al Parc Catalunya, salvo su generación natural y, por lo tanto, valores patrimoniales, hídricos, ecológicos y culturales, imposible de construir ex-novo. Las grandes capitales del mundo disfrutan y presumen, si los tienen, de bosques periurbanos y naturales como el de Can Deu, aunque los tengan también urbanos.

Can Deu debería ser al Sabadell del Parc Catalunya como Grünewald al Berlín del Tiergarten, Boulogne al París del Luxemburgo, la Casa de Campo al Madrid del Retiro o Collserola a la Barcelona de Montjuïc y la Ciutadella. Antes, Sabadell tuvo el añorado Can Feu, arrasado en la postguerra. Desde aquel recuerdo, precisamente, Antoni Forrellad dispuso que la Caixa de Sabadell comprara Can Deu. En la ciudades, los espacios abiertos y verdes son un privilegio.

El Ripoll no deja de ser un caso parecido. Allí sin ninguna vindicación popular ni vecinal de por medio. los gobiernos de Antoni Farrés practicaron un mínimo urbanismo, desde el nivel del planeamiento. El rio no es municipal pero sí público. Su titular es la Agència Catalana de l’Aigua y antes la Confederación Hidrográfica, responsable ahora de que el agua esté límpia y, desde siempre, que el cauce lo esté también para controlar sobre todo riadas y avenidas.

A estas alturas, nadie discute, ni toma por caprichoso, que el Ayuntamiento se implique en el Ripoll, sea o no suyo. Si acaso, hay que recriminarle que no vele lo suficiente para dar vida y rentabilidad social y económica a las fábricas históricas en desuso o ruina, acumuladas en sus orillas. Si se tratara de actividades sostenibles que valoren el entorno, y si contara con transporte público, como Can Roqueta, la demanda debería justificar lo atractivo del lugar.

Y entonces, la pregunta: ¿Por qué el Parc Catalunya o el Ripoll sí, y Can Deu-Ribatallada no? No sirven de respuesta, por insuficientes, ni la amenaza del Cuarto Cinturón, que en efecto podría degradar tanto el paraje natural como a la vez los barrios vecinos, ni que Can Deu sea en buena parte de titularidad privada, porque esto no es cierto, si acaso apenas una verdad a medias. Se trata, más bien, de una cuestión de liderazgo, y por ello de falta de proyecto.

Ni en Can Deu ni en el Ripoll no hay proyecto

En Can Deu no hay proyecto y, en el Ripoll, tampoco resultados tras la obra realizada hace más de veinte años. Desde el edificio de Bósser SA y las reconstrucciones de Ca la Daniela y Nois Buxons, dos fábricas con valor patrimonial, apenas ha habido más inversiones privadas. Y de municipales, sólo dos, puntuales: la reparación de la Bassa y la construcción de la Pista Coberta d’Atletisme. En el fondo, abandono, ruinas y, si acaso, inquietudes por concretar.

A diferencia de Can Deu, y sensible sin embargo, en el Ripoll el Ayuntamiento plantó árboles en su momento además de adecentar e iluminar caminos. Asimismo limpia más, y más a menudo. Sólo en Can Deu hace cuestión sobre si se trata de terrenos municipales. Lo sean o no, son tan públicos como los de la Fundació Antiga Caixa Sabadell, los de Ribatallada (de la participada municipal Aigües Sabadell) o las tierras del obispado frente a Sant Julià.

Respecto al Cuarto Cinturón o lo que en su lugar se acabe construyendo, solo será viable y asumible si se resuelve en forma de autovía urbana soterrada. De otro modo, el impacto mediambiental, y a la vez el urbanístico, resultarían inseparables, además. Si se degrada el espacio natural, se degradan los barrios vecinos, y viceversa. Y para defenderlos nada mejor que gestión y actuaciones que pongan en valor y rentabilicen socialmente el paraje.

Can Deu es público, y el Ayuntamiento su dueño real

Además de propietario en más de un 25 por ciento de Aigües Sabadell, y por tanto de la finca de Ribatallada, el Ayuntamiento forma parte del patronato de la Fundació Antiga Caixa Sabadell, y puede movilizar o proporcionarle ayudas públicas. En la Fundació Antiga Caixa Manlleu, el Ayuntamiento y la Diputación mantienen con fondos públicos la biblioteca local propiedad de dicha entidad. Se trata de una simple cuestión de disponibilidad y voluntad.

En cuanto a títulos de propiedad, la municipalización que los vecinos piden para Can Deu es ya algo real y presente; ninguna quimera. E igualmente en términos de gestión. La Fundació Antiga Caixa Sabadell no tiene ahora más ingresos que el rendimiento de su patrimonio. Se acabaron las obras sociales. Guste o no, ahora están los impuestos y las administraciones públicas. Lo que piden los vecinos, en realidad, es un cambio de actitud en el Ayuntamiento.

Tanto al gobierno como a la oposición le piden que asuman responsabilidades, y actúen con liderazgo. Tampoco nada del otro mundo. Ni más ni menos de lo que hizo Antoni Farrés, en los ejemplos citados o, sin ser gobierno siquiera, lo que está haciento ahora Lourdes Ciuró, al frente de Junts, respecto a la reforma de la Gran Vía: Liderar, actuar y crear proyecto sin demorar los problemas. Para esto están los concejales, mientras no externalicen la política.

FER UN COMENTARI

Please enter your comment!
Si us plau entri el seu nom aquí